¿Y ahora qué?
Jueves 6 de febrero de 2014, por Fabiana Arencibia *
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No es intención de este artículo explicar nuevamente cuáles son las causas que dieron origen a la actual crisis; el por qué de la inflación, de la caída en las reservas y de la devaluación.

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* Periodista intergrante de Red Eco Alternativo

Lo que queremos es repasar, junto a nuestros lectores, todo lo que hemos escrito y que nos habilita a poder decir, en esta oportunidad, que ni hablamos con “el diario del lunes”, ni hacemos “leña del árbol caído”.

En la nota Inflación y concentración económica (febrero 2013), asegurábamos que la existencia de una estructura productiva altamente concentrada y extranjerizada es una de las causas fundamentales de la inflación y que, más allá de discursos del oficialismo, de la oposición y del empresariado, La culpa de la inflación no es del salario (marzo 2013).

En Reformas y reservas para el modelo (marzo 2012) asegurábamos que la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central perseguía el objetivo fundamental de utilizar los fondos para pagar deuda (es curioso releer que el artículo 3° reformado dice que la finalidad de su Directorio es mantener la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, del empleo y del desarrollo económico con equidad social).

Hemos escrito muchos artículos acerca de la falacia del des-endeudamiento; de cómo este gobierno transmutó deuda probadamente ilegal a deuda legal con los canjes 2005 y 2010, de cómo ha seguido creciendo el endeudamiento y de las consecuencias económicas, financieras y sociales que ocasiona seguir pagando deuda, con el sólo objetivo de dar señales claras para regresar al mercado internacional de capitales.

Desendeudamiento e independencia (agosto 2012), Deuda si ¿Buitres no? (noviembre 2012), Dinero “oscuro”, dinero “blanqueado” (junio 2013), fueron algunos de los artículos que analizaron decisiones del gobierno y que nos llevaron a afirmar, en octubre de 2013, que: “Las últimas medidas tomadas por el gobierno ante la necesidad de obtener dólares para las descendientes reservas del Banco Central, el arreglo para pagar juicios del CIADI y acelerar los préstamos del Banco Mundial, las reuniones con organismos financieros internacionales y el representante del tesoro norteamericano, son todos hechos que ya no dejan dudas respecto a lo que venimos afirmando: este modelo no se sostiene si no es con el retorno al endeudamiento externo”.

La economía argentina en inestable equilibrio (diciembre 2013), comparte, en lo esencial, el análisis de otros economistas de izquierda. Las propuestas vertidas desde ese sector de pensamiento nos llevaron a cerrar esa nota diciendo: “Estas medidas significan pensar en salidas diferentes a las planteadas desde el gobierno y desde la oposición que añora el regreso a la libertad de mercado. Sin embargo, ambos tienen en común sostener una estructura económico-productiva que permanece sin cambios desde hace décadas. Transitar por otro camino significa abandonar la idea de lo posible para adoptar lo necesario para beneficio de las mayorías populares”.

En julio de 2012 analizábamos en Contrastes: deuda y modelo (julio 2012) cuánto asignaba el presupuesto de ese año a Salud y a Educación y cuánto al pago de deuda. Planteábamos al cerrar la nota algunas dudas. Luego de un año y medio algunas respuestas se han develado.

Entonces decíamos: “No preguntamos nuevamente cómo podrá seguir adelante un modelo que se sostiene en base a una economía altamente concentrada y extranjerizada. Un modelo que se financia en una parte importante con mayor endeudamiento. Un modelo que avanza sobre el diseño de una economía basada en el extractivismo. Un modelo para el cual los años de bonanza sirvieron esencialmente al capital concentrado y extranjerizado que acumuló ganancias y se las llevó al exterior. Un modelo que si bien ha otorgado algunos beneficios sociales no ha modificado elementos de la estructura económica ni productiva. Un modelo que se profundizó como agroexportador y que no logró reemplazar las importaciones con un esquema industrial nacional. Un modelo en el que, más allá de las estadísticas oficiales, muestra crecimiento de la pobreza y la desocupación. Donde ha caído el poder adquisitivo por la inflación no reconocida en los índices oficiales y porque los aumentos salariales logrados en paritarias de los trabajadores en blanco se los come, además, la retención de ganancias y el no haber aumentado el tope por el cual muchos trabajadores dejan de percibir las asignaciones familiares. Un modelo donde la tasa de empleo no registrado sigue anclada en casi 40%, y aumentan los “monotributistas” como forma de trabajo encubierto y el trabajo tercerizado. Un modelo en el que la tasa de ganancia del capital (o sea la rentabilidad sobre el capital invertido) en la década 2002-2010 se muestra superior a la del menemismo/neoliberalismo 1993-2001 (37,2% contra 24,8%). ¿Qué pasará con la deuda contraída con la ANSeS cuando ese dinero sea necesario para hacer frente al pago de los jubilados? ¿Se seguirá transitando por los caminos del endeudamiento sin que suceda lo mismo que provocó la salida de la convertibilidad a la que se la defendía como permanente e inmejorable? ¿No es acaso el tema del endeudamiento –y no del “desendeudamiento”- otro de los pilares estratégicos en el “modelo” que desde el gobierno se presenta como el mejor que ha tenido nuestro país?”.

¿Dónde ponemos lo “nacional y popular” del modelo?, nos preguntábamos en una nota que escribimos en octubre de 2011. Allí hacíamos la diferenciación entre Modelo y Sistema. Además explicábamos qué entendíamos nosotros por lo “nacional y popular”: “En el marco de la situación actual, “nacional y popular” sería tomar medidas basadas en un plan a largo plazo que tiendan a fortalecer la soberanía nacional y popular. Es decir, medidas que fortalezcan nuestra independencia, a favor de las mayorías populares y con una alta participación en sus decisiones por parte de estas. Acciones que no mueran en la coyuntura y que tiendan a transformar de fondo la realidad del pueblo. Que tengan como eje cambios en la forma de propiedad, en el qué se produce, quién, cómo y para quienes se produce”. Y dábamos diferentes medidas que contrastábamos con las desarrolladas por el gobierno.

El kirchenrismo, bajo el mote de “las corpos”, ha puesto siempre por delante el “enemigo” ante el cual nos convoca a cerrar filas: el “Campo”, el grupo Clarín, la derecha destituyente, la petrolera Shell, el empresariado que “la junta con pala” (en referencia a las ganancias). Acordamos con que éstos (y muchos otros a los que el gobierno beneficia) son “el enemigo”, no porque lo diga el kirchnerismo sino porque defienden un capitalismo, más o menos salvaje (al igual que este gobierno). No somos utópicos los que luchamos por otro modelo de país, sí lo son quienes imaginan una salida dentro del capitalismo, haciendo reformas y retoques que siempre terminan en crisis, que son inherentes a este sistema.

Asignar exclusivamente la responsabilidad de la situación actual al capital en sus diversas expresiones (financiera, industrial, agropecuaria, comunicacional, etc) es una parcialidad; porque es obvio que los capitalistas buscan hacer negocios, mantener la tasa de ganancia y para conseguirlo presionan contra los gobiernos cuando comienzan a representar un mínimo obstáculo. Esa película la vimos varias veces en Argentina y en otros países del mundo. Por lo tanto, la mayor responsabilidad es de los gobiernos (en este caso el actual) que le habilitan las condiciones (por acción u omisión) para posibilitárselos. No hay excusas. Diez años de kirchnerismo, con los primeros de despegue económico y consenso, no fueron utilizados para avanzar en otro modelo de país, con otros actores sociales y políticos.

Hoy hablamos de pobreza, marginalidad, trabajo precario; de planes sociales y asignaciones que este gobierno ha convertido en línea de acción permanente (no ya de una coyuntura que planteaba la necesidad de asistir a los más afectados post crisis 2001). La inflación no es una novedad, ya existía cuando el INDEC fue intervenido (y por eso lo fue). La devaluación de la moneda (provocada por Shell o por el gobierno, según quien la relate), no golpea ni golpeará a funcionarios, ni al empresariado que siempre se cubre para no perder, ni a las “corpos”. Los perjudicados de siempre son y serán quienes viven de una entrada fija, los asalariados en sus diversas formas, los pobres y los marginales.

Ante la primera devaluación oficial, el gobierno toma medidas que buscan controlar la inflación y el valor del dólar, cuya cotización incide en la producción transnacionalizada de nuestra economía: reforzar el acuerdo de “Precios Cuidados”, subir las tasas de interés para inducir al ahorro en pesos argentinos, flexibilizar la compra de divisas para atesorar, limitar la entrega de dólares para las importaciones, son algunas de ellas.

Son medidas de coyuntura. Lo que subyace sigue intacto: una deuda en crecimiento, componente financiero de la inflación, una economía concentrada y extranjerizada, basada en la producción primaria agroindustrial, en la fabricación de autos, en la construcción de viviendas (que solo pueden comprar las clases media y alta) y con la actividad financiera como el sector más rentable. (En 2013 acumuló ganancias superiores a $ 26 mil millones, un 34 % más que el año anterior).

Con este modelo- aunque pueda ser probable que algunas de las medidas de coyuntura funcionen- la crisis volverá a estallar y, como siempre ocurre, el capital quedará a salvo.

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