Un documental rescata la vida de Edmundo Weiss, el piloto del Pulqui
Alas de la industria nacional
Viernes 8 de julio de 2011, por Guillermo Posada *

La historia del héroe de la Aeronáutica durante el primer peronismo sirve como disparador para rescatar el valor del desarrollo tecnológico argentino radicado en Córdoba. El director de la película detalla razones y sueños que los impulsaron a documentar el sueño de la Nación obrera e industrial.

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La primera imagen que impacta es un avión Pulqui que arranca un pañuelo a un metro del suelo con una de sus alas. El vuelo rasante del aviador Edmundo Weiss, a bordo de la joya producida en la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba, deja una brisa que acaricia, esa imagen de la Argentina confiada en su futuro por la capacidad de producir tecnología como por los miles de obreros que cada día inundaban con orgullo los galpones hoy despoblados de la Fabrica Argentina de Aviones, recuperada hace poco de la multinacional norteamericana Lockhead Martín.

“Weiss tiene una historia olvidada tras el golpe del ’55. Había que rescatar su vida porque es la expresión de aquellos que se jugaron todo por la industria nacional”, explica el director de “El Piloto de Perón”, Ezequiel Comesaña.

La vida del aviador se mezcla con la generación de militares que se fue de cabeza con Perón a desarrollar industria nacional, junto al brigadier Juan Ignacio San Martín, grupo impulsor de la Fábrica Militar de Aviones y del complejo industrial metalúrgico y metalmecánico cordobés, con IME (Industrias Mecánicas del Estado) a la cabeza. Su posterior defenestración integra el podio de injusticias que abruma a nuestro país.

“La película apunta a contar una historia y ponerla en contexto. Weiss es el mejor piloto, el que rompió todos los records, el que fue tentado por Inglaterra para probar aviones allá por 10 veces lo que cobraba acá, el que dijo respetuosamente que no a esa oferta, el probador del Pulqui I y Pulqui II, ejemplos de tecnología de punta de la época. Pero Weiss es también el segundo de San Martín, sino Weiss hubiera sido buen piloto pero nada más. Su trascendencia es mucho mayor”, fundamental Comesaña.

El joven director, formado en la Escuela de Cine de la Universidad Nacional de Córdoba, realizó un importante trabajo de archivo para reconstruir buena parte de la historia industrial cordobesa, con materiales extraídos de los noticieros “Sucesos Argentinos” o el “Noticiero Panamericano”. “El Piloto de Perón” es la segunda parada de una zaga que comienza con “Alas Argentinas”, donde se cuenta al historia de la Fábrica de Aviones, y que concluirá con la biografía del brigadier San Martín.

“San Martín ya plantea desde 1944 el desarrollo industrial nacional, de hecho el peso de su proyecto marca la historia económica de la provincia y el país por dos décadas. La vida de Weiss se transforma al igual que la de miles de obreros. Tengamos en cuenta que la Fábrica llega a tener 10 mil trabajadores y 300 empresas proveedoras de todo el país. Motorizó el aparato industrial de una forma que nunca volvió a repetirse”, se apasiona el director.

A las epopeyas individuales se suma, un apartado especial sobre la mística que genera el peronismo a partir de íconos como Weiss, a partir del desarrollo tecnológico de entonces. Esto tiene que ver desde lo visual. Este tipo de cine se mete de lleno en esto porque lo simbólico que viene desde afuera no promueve una visión de desarrollo nacional. El peronismo tiene un gran acierto en eso, creando un discurso específico. Se nota en “Sucesos Argentinos”. Al resaltar la capacidad de la técnica nacional se apunta a valorizar la autoestima. Recordemos que en aquellos tiempos Argentina llegó a ser el tercer país en el mundo en construir carrocerías de auto de fibra poliéster, después de EE.UU. e Inglaterra. Lo logramos con el modelo Justicialista Sport, hay fotos de Weiss con el auto y del Brigadier San Martín junto a Fangio probando el auto”, cuenta Ezequiel.

Córdoba industrial

El documental se inscribe en la revalorización del glorioso pasado industrial cordobés que se movilizó tras la recuperación de la Fábrica Militar, como la conocen en la provincia.

“Tenemos que recuperar la Córdoba industrial –apunta Comesaña– y todo proyecto de país debe incluir el desarrollo científico técnico. La película apunta a apoyar el rol del Estado en ese desarrollo. Desde el 94, cuando vino la Lockhead Martin, hasta la recuperación de la fábrica el proceso de destrucción fue total. Nos llevará años pero debemos empezar, porque ese proceso de desarrollo condujo a una amplia inclusión social. Es el Estado quien debe invertir en esto porque los privados no lo van a hacer”.

La película muestra el desarrollo del misil de ataque aéreo Tábano. Es justamente el proyecto misilístico Cóndor el que lleva al gobierno de Menem a cancelar todas las investigaciones y a privatizar la fábrica. La historia de la fábrica es un correlato perfecto de lo que sucedió en el país. Y la historia de Weiss también. En la película se cuenta lo que sucede a nivel político en el país. Desde 1927 a 1955 se desarrollan 40 proyectos aeronáuticos. Desde el ’55 al 2009 hay sólo 13 proyectos de ese tipo. Indudablemente esos números marcan los modelos de país que marcaron nuestra histórica. La historia de la Fábrica Militar de Aviones es un correlato de eso. Ya se sacó a la Lockheed, ahora hay que avanzar en el proyecto de desarrollo adecuado a las necesidades actuales. Era fundamental recuperar la fábrica para el Estado, ahora hay que avanzar sobre el terreno perdido, pero para eso hace falta la decisión política concreta para avanzar en ese desarrollo, con el diseño de un proyecto a largo plazo.

¿Qué rescatás del rol de la clase trabajadora en el desarrollo de esta industria nacional?

Es sumamente importante el rol que asume para su propio desarrollo como en la contribución al crecimiento nacional. Una de las cosas que me motivó para hacer este documental es la relación que tenía Weiss con los obreros. Los viernes terminaban el trabajo y él personalmente se ponía a hacer el asado para todos, a pesar de ser un ídolo de la época. El desarrollo industrial es sinónimo del crecimiento de la clase obrera, el beneficio que se traduce al desarrollo nacional a los sectores más vulnerables es la clave para cerrar esta historia. En ese sentido, creo que el documental sirve para saber en parte que debemos apoyar y recuperar o profundizar como sociedad. Más allá de los nombres de los movimientos, teniendo un proyecto a largo plazo indudablemente se benefician los trabajadores, va a haber sueldos más altos, mayor capacidad de consumo que impactará en el mercado interno. Eso beneficia a toda la sociedad.

La Fábrica Militar de Aviones es aquel ejemplo donde el Estado invierte motoriza desarrollo económico y social.

Claro, y tenemos que avanzar en proyectos propios paulatinamente, para regenerar esa burguesía nacional que nació con el primer peronismo, un sector comprometido con el desarrollo autónomo. ¿Por qué no pensar en esos términos para cambiar la matriz industrial nacional? Hoy la escena está dominada por la industria en manos extranjeras, debido al traspaso de manos en la década del ’90. Hace falta que la plata quede acá y no sea una bomba de succión que se lleve el capital afuera. Hay una mano de obra que, aunque ya vieja, tiene mucho para dar a las nuevas generaciones. Esa mano de obra tenía un carácter casi militante. Había unas ganas de trabajar, de contribuir al desarrollo nacional, incluso más allá de las identificaciones partidarias. Ese sentimiento nacional hay que recuperarlo.

¿Qué aporte hace la película en perspectiva de futuro?

Conocer esta historia es una forma de saber dónde pararse. El desarrollo fabril cordobés sirvió también para la formación de grandes sindicatos donde se destacaron cuadros políticos de envergadura. Llegaron a tener los salarios más altos de Sudamérica. Es recuperar un plan integral nacional donde la ciencia y tecnología tiene un rol fundamental, para superar el modelo de país agroexportador.

Una vida dedicada

Ezequiel Comesaña proyectó la película en el Festival de Cine Político de Buenos Aires y se encuentra en el programa de proyecciones de 30 salas de todo el país del Espacio INCAA.

Como piloto, Edmundo Weiss pasó a la historia como el probador record nacional, aún no superado a pesar de que dejó de volar en 1953 por problemas de salud. Incorporado como director de Fabricaciones fue despedido y perseguido por el golpe militar del ’55 y repuesto en el organismo en el ’73 con el fin de la proscripción del peronismo.

“Fue un apasionado del desarrollo industrial argentino y murió olvidado a principios de la década del ’90. Casualmente su hermano, brinda testimonio en la película pero fue todo lo contrario desde lo político. Como en muchas familias, lo de Weiss expresa esa contradicción nacional y la disputa fratricida que nos tuvo envueltos por décadas.

Los testimonios de trabajadores y técnicos aún ensalzan la capacidad de trabajo, la creatividad y el compromiso de Weiss. “Espero que la película sea un aporte para recuperar esa mística que nos hizo creernos que podíamos hacer lo que quisiéramos en Argentina. Los casos como Weiss son claros que podemos realizar lo que nos proponemos”, concluye Comesaña.

El primer vuelo

El 9 de agosto de 1947, hace casi 64 años, la Argentina se ponía a la vanguardia de la aviación mundial. Ese día despegaba el Pulqui I, un avión a reacción desarrollado en el Instituto Aerotécnico de Córdoba.

Era la primera vez que el Pulqui I (Flecha) despegaba del piso, con la mano derecha del primer teniente Edmundo Weiss sobre el timón. Ese primer vuelo fue en la mañana del 9 de agosto de 1947, desde la pista de la Escuela de Paracaidistas de Córdoba. Arrastraba en su viaje de ida un proyecto de país, en un tiempo en el que todo parecía posible. Junto a la pista estaban el francés Emile Dewoitine y el equipo especial del Instituto Aerotécnico de Córdoba que integraban Norberto Morchio, Enrique Cardeilhac y Humberto Ricciardi, entre otros. Morchio (ingeniero a cargo de "proyecto y cálculo de estructuras") tenía 25 años y Ricciardi (su ayudante), 22. Toda una osadía. Pasaron casi 30 minutos cuando el avión reapareció. Su aterrizaje (perfecto, según los testigos) desató una alegría incontenible.

El Instituto Aerotécnico (ex Fábrica Militar de Aviones) estaba bajo el ala del inquieto comodoro Juan Ignacio San Martín (después gobernador de Córdoba) y del brigadier general Bartolomé de la Colina. En ese comienzo de la Guerra Fría, con Juan Domingo Perón en el poder, el polo de desarrollo industrial cordobés podía hacer una moto Puma, un Rastrojero o un "avión a chorro". Era la Argentina de la posguerra, el país que apuntaba al nunca alcanzado desarrollo industrial y que, en ese momento, desplegaba una tecnología que había tenido Alemania y a la que solo accedían Estados Unidos y Gran Bretaña. Después se sumaría la Unión Soviética.

Artículo publicado en el Periódico de la CTA Nº 77, correspondiente al mes de junio de 2011

* Equipo de Comunicación de la CTA Córdoba

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