Empleo en la Argentina y el rol del G20
Jueves 28 de julio de 2011, por Adolfo Aguirre *
Enviar la referencia de este documento por email Versión para imprimir de este documento

El reciente encuentro en Buenos Aires, entre Francia y la Argentina, en el marco de la agenda del G20 pretendió poner a nuestro país como ejemplo en la solución de problemas de empleo. Pero lo cierto es que la dificultad en la creación de empleo es y fue un rasgo que estuvo presente en la mayor parte del período de la post Convertibilidad.

Compartir este articulo:

* Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA Autónoma.

El 12 de julio se realizó en Buenos Aires un encuentro de trascendental importancia, del que participaron los ministros de Trabajo y Empleo de algunas de las 20 economías más poderosas, que conforman el llamado G-20: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Rusia, Sudáfrica y Turquía, además de la Unión Europea, por una parte; y los países que integran el Mercosur, además de Brasil y Argentina: Paraguay y Uruguay, más Bolivia y Chile en carácter de asociados. El seminario fue motorizado por Francia -de preocupante actividad en la zona de Africa y América latina en el último año- con el rótulo de “Crisis económica, recuperación y empleo”.

No es un dato menor que recibiera un enfático apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), más la concurrencia de autoridades de la Conferencia Interamericana de Ministros de Trabajo (CIMT) de la OEA y diversos actores sociales regionales.

El análisis se completa con la idea de situar a nuestro país como nave insignia en el esfuerzos institucionales por el Trabajo Decente, ya que incluso lo decretó como “2010: Año del Empleo Decente en la Argentina” y con la invitación que hizo la Argentina para que la OIT sea miembro observador del G20. Una confluencia que ha permitido que el caso argentino por violaciones reiteradas a la libertad y democracia sindical, que afectan directamente a la CTA y a miles de sus organizaciones de base se haya invisibilizado en la última reunión anual en Ginebra del organismo laboral mundial.

Increíblemente las organizaciones de trabajadores de ambos países promotores del seminario no fueron invitadas a este evento sobre empleo y salario. A la idea de que hay una nueva oleada de “conciencia social” de los organismos supranacionales, o un mejoramiento de la situación en la Argentina, la CTA podría haber contrapuesto el hecho de que a los problemas de empleo en nuestro país se agrega otro vinculado a la capacidad del salario para dar respuesta a las necesidades básicas de los trabajadores ante el agravamiento del proceso inflacionario vigente que hace ataque de manera directa al poder adquisitivo.

El G20, es decir el G8 (de Alemania, Canadá, Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, Rusia, más la Unión Europea) y 11 economías emergentes (Sudáfrica, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México y Turquía) no avanzó en los viejos temas pendientes como la prohibición de los paraísos fiscales y la eliminación del secreto bancario, el impuesto sobre Transacciones Financieras para regular los movimientos especulativos y recabar fondos para los costos sociales de la crisis, y la lucha contra la pobreza basada en la creación de empleos dignos y el respeto a la diversidad de organizaciones económicas alternativas.

Un exhaustivo estudio (julio de 2011) realizado por el Instituto de Estudios y Formación (IEF-CTA), titulado “Sobre el trabajo decente. Contexto general, informalidad laboral y políticas publicas” dan cuenta de que “la Argentina no es ejemplo de solución en el empleo o el salario, que la flexibilización salarial y laboral se instaló como forma preponderante de contratación y que la lucha por ingresos laborales y el empleo son parte sustancial de la demanda de los trabajadores y trabajadoras”.

Porque para entender el caso argentino, bien vale desentrañar el llamado “modelo económico” y su impacto en el empleo.

Hay muchos que están encantados con que el gobierno argentino haya declarado al 2010 como el “Año del Empleo Decente”. Sin embargo, en la Argentina actual se mantienen situaciones insostenibles de precarización y pobreza. A saber: 8 de cada 10 jóvenes económicamente activos están precarizados; 8 de cada 10 jubilados perciben haberes iguales o inferiores al mínimo; 8 de cada 20 asalariados están en negro; 7 de cada 16 trabajadores ganan por debajo del Salario Mínimo, Vital y Móvil; y 7 de cada 15 niños/as son pobres.

En otro párrafo del estudio sostiene que la realidad del modelo argentino “es la continuidad de la precariedad en el empleo de más de un tercio de los trabajadores y un ingreso salarial que solo compensa el crecimiento de precios en el sector de trabajadores formales, la minoría de la fuerza laboral en el país”.

“El salario real actual apenas equipara los bajos ingresos del 2001 al momento de explosión de la crisis. La tasa de desempleo sigue siendo mayor que la que se presentaba a comienzos de los 90´ y todavía muy elevada respecto de las décadas anteriores, de los ’80 y ’70”, dice en otro de sus puntos.

Es necesario que la Argentina discuta el modelo productivo y de desarrollo que sostiene cuantiosas ganancias para un núcleo concentrado de empresas, principalmente foráneas, y mantiene a los trabajadores bajo formas precarias de contratación.

Las crisis sucesivas del capitalismos en distintos bloques del mundo, incluso la posibilidad de que Estados Unidos entre en default, obligan a pensar reales objetivos para generar empleos y salarios dignos, Argentina puede y debe hacerlo.

sitio desarrollado en SPIP