Los entretelones de la Cumbre por el Cambio Climático: ¿Hacia dónde va la Cumbre de París?
Viernes 31 de julio de 2015, por Ramón Gómez Mederos *
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El 10 de Mayo de 2011, después de padecer un cáncer terminal y de trabajar hasta el último minuto de su vida, se fundía definitivamente con la tierra que tanto defendió, Ramón Fernández Durán, su último suspiro fue un par de letras en su computadora, las que sumarian más luz a su último libro, (En la espiral de la energía repartido en dos tomos: Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo) y Colapso del capitalismo global y civilizatorio, su obra póstuma, terminada por Luis González Reyes.

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* Secretario Adjunto de la CTA San Juan. Integrante del Espacio por el Agua de San Juan

Fundó el ecologismo anticapitalista más lucido y radical; con Ecologistas en Acción, publicó muchas de sus obras, las cuales fueron marcando a nivel mundial las tendencias para lo que luego sería el movimiento antiglobalización. A muy poco de esa partida, pero el 10 de julio pasado, otro hombre enorme, pero de este lado del charco, también nos dejaba; Javier Rodríguez Pardo, que con su majestuosa valentía logró vencer, en aquel momento, junto al movimiento antinuclear chubutense, Mach, la pretensión de destinarnos como basurero nuclear (por la propuesta del Estado de instalar en la localidad de Gastre en Chubut un reservorio de residuos nucleares), desde ese momento, parte de la década del los ochenta y finales de los noventa, vino advirtiendo el plan de destinarnos no solo a ser el basurero nuclear del mundo, sino a convertirnos en eso a partir de la basura toxica del toxico modelo capitalista extractivista que se afirmaba fuertemente en nuestros territorios.

Es decir, nuestra perspectiva de análisis sobre el problema del cambio climático, no puede prescindir de la mirada que Durán y Pardo construyeron al calor de las luchas en cada lado del mundo, porque el problema climático es constitutivo de la propia estructura capitalista y de su periodo de superproducción actual, junto a la desmesurada relación con la promoción de un sistema productivo extremadamente destructivo.

El problema del cambio climático es derivado de la crisis energética y su consabida “tensar la cuerda” hasta agotar completamente los recursos fósiles en actual picada estrepitosa, conforma en conjunto la crisis ecológica actual; pero el camino para llegar a este estado y las distintas manifestaciones de destrucción de la naturaleza, tiene su génesis en el sistema imperante y ese gran monstruo insaciable que necesita de mucha energía; “la espiral de la energía y el colapso capitalista” van de la mano sujetadas muy fuertemente, todas las crisis son intermedias en la medida que el sistema pueda sostener una salida, aunque más no sea perentoria.

A casi 20 años de la primer reunión en Río de Janeiro en 1992, la decisión de los países de mitigar el aumento de la temperatura a escala planetaria todavía está en veremos.

Pero el glosario construido cronológicamente en cada una de las cumbres sucedidas unas tras otras sistemáticamente, comienza haciendo centro en la cuestión del desarrollo y la sostenibilidad ecológica, la “unidad” de dos contraposiciones categóricas, los desarrollistas y los conservacionistas, una estrategia de construir un consenso basado en no ir a la génesis intestina del problema, sino de hacer centro en los efectos y no en las causas, y si con esos efectos se pudiera hacer grandes negocios, mejor.

Una de las medidas derivadas de la Cumbre de Río en ese sentido, fue la creación del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, (World Business Council for Sustainable Development), constituido por 207 empresas multinacionales de peso importante en el mundo entero como las archiconocidas, General Motors, DuPont, 3M, Deutsche Bank, Coca-Cola, Sony, Oracle, BP y la Royal Dutch Shell, es decir, la estrategia de las grandes corporaciones mundiales empezaba de partida a tener peso específico dentro de la discusión sobre el cambio climático y su orientación benevolente con las bases mismas de los que producen los desequilibrios climáticos fueron marcando cada suceso de las respectivas cumbres.

La pretensión de ausencia de asimetrías entre el negocio de las corporaciones y un programa de desarrollo sostenible hace agua frente a la realidad misma, a la impactante y radical variación e inestabilidad del clima y sus consecuencias sociales y económicas, sobre todo en los sectores más vulnerables. En la base del discurso oficial sobre el clima, el capital global desborda por los márgenes la turbulencia de los Mass Media y sus acólitos, cambiando el eje fundamental del problema.

En la década infame de los noventa, las perspectivas de desarrollo e independencia económica de los países más pobres, se topaba de frente con la posibilidad de un esquema de desarrollo que pudiera hacer crecer la economía y la distribución de la riqueza a favor de los más vulnerables: el stablishment global decidió capitalizar la deuda con los activos de las empresas estatales y acrecentar un esquema económico basado en la exportación de materia prima con muy escaso valor agregado; los países pobres pagamos con creces ese esquema productivo porque para poner en marcha este modelo era necesario una utilización muy exigente de bienes naturales, como el agua, que es diezmado por las mega-corporaciones mineras y madereras principalmente.

A dos grados del desastre, previsible y prospectado por los científicos, las grandes potencias junto a sus mega-corporaciones y al mercado global inundado de productos obsolescentes, no pueden, frente a este esquema de desarrollo con una fuerte e imparable incidencia en la demanda de estos productos ,bajar ostensiblemente las emisiones de CO2 que alimenta el calentamiento global y que necesita renunciar categóricamente a un tercio de las reservas del petróleo y a un ochenta por ciento de las de carbón, pero esto vuelve a chocar presuroso de frente con la realidad: Según las estadísticas un 67,5% de la energía producida durante 2013 procedió de la combustión de carbón, seguido del petróleo (16,8%) y del gas natural (5,9%),los combustibles no fósiles supusieron el 9,8%, entre los cuales se encuentra la energía nuclear, con un 2%,esta última conforma un 19,4% del total del suministro energético en Estados Unidos y llega al 73,3% en Francia(1), agregando que esta última, llamada energía limpia por su falta de emisiones de CO2 es el principal esquema de producción energética estratégica propuesto por China hasta el año 2030, previsto para alimentar su gran monstruo industrial con el 20% de ésta; en la actualidad China cuenta con 21 reactores y tiene previsto construir 28 más, con el objetivo de incrementar la generación de energía nuclear de 19,1 giga-vatios anuales a 58 giga-vatios -el triple- en seis años, pero la gran duda trasciende el drama de las emisiones de CO2, porque el problema de la energía nuclear sobre todo después de Chernóbil y el reciente desastre de Fukushima ,muestra una gran inestabilidad y un peligro mayor a corto plazo.

Las sucesivas cumbres, no han hecho centro en la base del problema, porque quienes marcan los pasos de éstas son los menos interesados de que esto ocurra, dentro del esquema y la visión de las grandes corporaciones capitalistas, las dos tendencias fundamentales, es por un lado, la negación de un cambio traumático en el clima, y por el otro hacer del drama del cambio climático un gran negocio.

La era Reagan marcó una fuerte diferenciación en ese sentido, porque inauguró una reestructuración discursiva y una reorientación del debate en torno del problema. La poderosa tink tank, “La Heritage Foundation, uno de los principales centros de pensamiento en la Era Reagan, plantea abiertamente que no hay problemas de límites de recursos en su publicación “The Resourceful Earth” (La Tierra repleta de recursos) (2), la negación de los limites biofísicos de la Biosfera y la infinitud y el desborde de los recursos es la base de esta mirada de un sector de las corporaciones capitalistas globales, que coincide en su momento con la baja mundial de los precios energéticos, por la intensificación de la explotación de recursos fósiles por occidente. Por otra parte, opuesto a los negacionistas, los “negocionistas” que quieren hacer de la crisis climática un gran y suculento negocio, creando para ello de la mano de Clinton y su vicepresidente Al Gore, la promoción junto a Richard Sandor, inventor del mercado de derivados financieros en los ’70 en EEUU, el negocio de los llamados Bonos Carbono, que es ni más ni menos el negocio derivado del derecho a más emisiones de CO2 por los países más poderosos comprados a los que menos emisiones producen, agregado a eso los MDls, los Mecanismos de Desarrollo Limpio, terminan de conformar el paquete de la llamada Economía Verde.

El Pew Center for Global Climate Change, dirigido por un descendiente de Henry Ford y director ejecutivo de Lehman Brothers, es ahora el caballito de batalla de la coaliciones corporativas , entre ellas las poderosas petroleras Shell y BP, es decir, las primeras culpables del los desequilibrios del clima en la tierra. Los países con menos emisiones, son los países más pobres, estos mismos son los que viven de manera más dramática la incidencia de estos desequilibrios climáticos. Desde una perspectiva radicalmente opuesta al sistema capitalista en su conjunto, debemos ir planteando como norte la erosión del sistema en todas sus aristas, que en definitiva es el culpable de la destrucción del planeta, nuestra única casa.

Notas:

1-El País, julio de 2015.

2- Véase “Fin del Cambio Climático como vía para Salvar todos juntos el Planeta”. Ramón Fernández Durán. Madrid. Diciembre de 2010.

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