En el ínterin del nuevo orden mundial, Argentina ¿hacia dónde va?
Miércoles 2 de septiembre de 2015, por Ramón Gómez Mederos *
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Los ciclos del capital y sus correspondientes periodos de acumulación, tienen un asiduo reacomodo a partir del reordenamiento del régimen institucional imperante, o viceversa.

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* Secretario Adjunto de la CTA San Juan. Integrante del Espacio por el Agua de San Juan

Las instituciones capitalistas convergen a partir de los intereses del sistema como tal y sus variantes nunca rompen con la lógica, con el motor que lo impulsa y lo regenera permanentemente, la ganancia. Las instituciones sistémicas y su democracia de consumo, van a permitir solo lo necesario para que el sistema no corra riesgos y su estructura de funcionamiento no tenga fisura alguna. Lo de Grecia muestra en la práctica hasta dónde llega la presión de la clase capitalista cuando sus intereses son puestos en cuestión, hoy el país, cuna de la democracia, tiene que hacer un doloroso ajuste sobre su pueblo, principalmente en los sectores más vulnerables. La democracia capitalista, solo funciona a la medida de esa ganancia sistémica, y los jugadores de ese círculo cerrado, juegan, en definitiva, a favor de esa clase capitalista, no es un juego lineal, pero le falta muy poco para que lo sea. ¿Qué ha cambiado en Argentina en estos últimos 10 años?

Múltiples derechos civiles han sido, aunque a medias, satisfechos, la importancia de los movimientos sociales en torno de los derechos de género e igualdad, étnica, sexual; a escala global están siendo “escuchados” por el sistema, inclusive, algunos estados de EEUU e Inglaterra han sancionado sendas leyes de matrimonio igualitario y otras relativas del derecho civil.

Pero todos esos derechos civiles, Argentina es un claro ejemplo de ello, han sido cumplidos a medias porque han tenido que pasar por el tamiz de todo el aparato ideológico del sistema y su régimen correspondiente. Enmascaramiento, desarticulación, reorientación y reformulación, son algunos de los epítetos que surgen naturalmente al tiempo de echar una mirada de cómo el régimen ha actuado en torno de estos derechos; es biopolitica, en el caso de los derechos de género, más exactamente en cuanto de los derechos de la mujer, las practicas de la biopolitica elucubran metodologías, para que esa incidencia de los derechos, tengan menos influencia en las esferas de la política, y aún mas en la economía. La manipulación de las verdaderas causas de la lucha por los derechos civiles han sido echados al tacho de la basura, creando una jurisprudencia inamovible e histórica.

En cuanto de las naciones originarias, reconocidas como tal por la constitución nacional, han sido destinadas a simples comunidades, aceptadas estatutariamente, a partir de una personería jurídica; mientras el derecho al agua ni siquiera aparece entre comillas. Pero Argentina no funciona sola, el contexto mundial y la reestructuración de los vértices geopolíticos globales, son, de manera innegable, sobre-determinantes a la hora de aplicar los modelos de acumulación impuestos por los centros de poder mundial. Es decir, los lineamientos de una política a escala nacional dispuestos para un esquema dependiente.

Pero la reestructuración de ese esquema de dependencia, no ha fisurado, no ha decantado en un pozo vacio a la nada, como tampoco fenecido cronológicamente, más bien se ha desvanecido suavemente en una cadencia natural, que ha cerrado el circulo de dependencia, agravado en la dictadura, reformulado en los noventa y entregado mansamente a las corporaciones mundiales, mineras, sojeras e hidro energéticas, (pero no solamente) desde el dos mil en adelante. El círculo está cerrado en apariencia. ¿Que es lo que le espera a la Argentina de aquí en mas? Está claro que la línea divisoria, la transversal estratégica no va a ser modificada en absoluto, y que el circulo de dependencia va ha ser ampliado aun mas.

Hasta hace cinco años atrás, discutíamos intensamente la importancia del IIIRSA para el flujo de mercancías y materia prima hacia el exterior de Sur América, un acuerdo establecido con el lobby de las corporaciones extractivas más importantes a nivel mundial, que además de reestructurar la infraestructura de caminos, sistemas de comunicaciones, puertos, también modificaba de raíz la matriz de energía de los países intervinientes; un gran impulso a la construcción de centrales hidroeléctricas, la ampliación de las líneas eléctricas interconectadas, una dinámica de desarrollo de las comunicaciones acentuada y operativa a pedir de las corporaciones, un nexo directo entre las universidades nacionales y la corporaciones locales e internacionales relacionadas a los pool de siembra y su paquete tecnológico, como el caso especifico de Bioceres, de Gustavo Grobocopatel (el rey de la soja), el CONICET, la Universidad del Litoral y Arcadia Biosciences, Inc.(EEUU) y Tropical Melhoramento e Genética Ltda. (La versión brasileña de Bioceres, con el pope de la soja brasileño, Romeu Kiihl a la cabeza), para la investigación conjunta en el desarrollo de una semilla modificada genéticamente que soporte el stress hídrico; es decir una ampliación de la frontera agropecuaria a las zonas más secas y desérticas.

Ese es el esquema hasta ahora, y el que seguramente seguirá aplicándose en gran parte de América del Sur. ¿Sera? Con los EE.UU. a la cabeza; el estado norteamericano haciendo de punta de lanza frente a la presión de las corporaciones de servicios (La Coalición de Industrias de Servicios de Estados Unidos, CSI, por sus siglas en inglés), apoyado por un amplio grupo de grandes intereses corporativos como Microsoft, JP Morgan Chase, CHUBB, Deloitte, UPS, Google, Verizon, Walmart, Walt Disney, IBM,(1) y la Asociación de Mercados Financieros e Industria de Valores de los EE.UU., la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la Asociación Estadounidense de Seguros, VISA y Bloomberg Financial Information Services.

Exceptuando la intervención de la OMC, está impulsando a nivel planetario , en realidad viene haciéndolo desde el 2012, la reorganización de sus tratados de libre comercio; un ejemplo de ello es el TISA, o Acuerdo de Comercio de Servicios (Trade In Services Agreement , TISA en sus siglas en inglés), un acuerdo secreto (2)a espaldas de la gente por su carácter secreto, firmado por más de cincuenta países incluyendo la Unión Europea, EE.UU., Japón, Canadá, Colombia, Chile, México, Australia y Corea del Sur y del cual Uruguay tiene un pie adentro y otro afuera; el pedido de ingreso fue en 2013 en el gobierno de Mujica. Alguno de sus objetivos, es extender algunas de las disposiciones más controvertidas del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) de 1994, el tratado creado por la Organización Mundial del Comercio (OMC) para ampliar el sistema multilateral de comercio para el sector de servicios; además de un impulso de una posición hegemónica en las negociaciones comerciales y un intento de liberalizar aún más; otra de las pautas del borrador del acuerdo, establecen que los procedimientos de resolución de diferencias colocan la tutela de estos acuerdos fuera de los tribunales nacionales, es decir un traslado de la resolución de diferendos del CIADI, en el caso de las corporaciones extractivas, al sector de servicios.

“El Estado con estas regulaciones estará expuesto a los juicios de las empresas, no sólo si se obstaculiza el comercio, sino porque se disminuyen sus beneficios. Se afecta la parte pública y privada. O por ejemplo, si se le da un subsidio a una rama de la educación pública, debería darse ese subsidio también a las empresas privadas” (3). Es decir, que la propuesta de las grandes corporaciones es una tragedia para las pocas empresas públicas que todavía quedan en pie; pero lo más importante es que acorta la brecha de más dependencia de las corporaciones mundiales de servicio.

Frente a esto, ¿Qué hará el régimen que viene?, si hasta ahora las corporaciones extractivas han impuesto sus intereses ¿Cómo será con las de servicios? Es necesario abrir los ojos bien grandes.

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