Spolsky, ¿la impunidad será eterna?
Domingo 17 de enero de 2016, por Carlos Saglul *
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La situación en muchas de las empresas de Grupo Veintitrés es crítica. Al cuadro de desamparo de los despedidos del interior del país que trabajaban en el diario "El Argentino", se suma la situación en Radio América, donde Sergio Szpolski, el principal dueño de la emisora, ha decidido castigar a los trabajadores por su aguerrida huelga.

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* Secretario Adjunto del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA)

“Yo no les pago un peso más, que les paguen los que compren la radio”, mandó a decir a sus voceros.

¿El Ministerio de Trabajo, ante las reiteradas inasistencias del empresario, decidió que debía presentarse a las audiencias de conciliación aun mediante la fuerza pública? No, que esperanza.

Si hay algún lugar donde tienen en claro los intereses de a qué clase defienden los poderes en la Argentina, es en el Ministerio de Trabajo.

Tamaña impunidad que debió ser escuchada y padecida por los delegados de los trabajadores sólo es posible si la empresa en cuestión está rodeada por una magnifica cobertura desde el poder. El grupo Veintitrés (de los empresarios kirchneristas Sergio Szpolski y Matías Garfunkel) recibió en seis años, hasta fines de noviembre de 2015, $ 814,9 millones de pesos.

¿Donde están? No paga ninguna carga tributaria como es su costumbre. "Embargar a Spolski es cosa de brujos”, admiten los abogados de alguno de los medios que ya ha cerrado. Es un genio a la hora de evadir al fisco, señalan.

Szpolsky oculta su patrimonio. No registra bienes a su nombre. No figura en los directorios ni se le conocen cuentas bancarias en forma personal. Creó infinitas sociedades comerciales en las que se intercambian accionistas e integrantes de directorios, figurando entre ellos, su hermana Helke, empleados y amigos más cercanos como Dario Richarte (SIDE) en la época de la Alianza. Las sociedades comerciales tampoco tienen capital o bienes, salvo pocas o elementales herramientas mínimas de trabajo.

Salvo CN23 y algunas radios pequeñas, el empresario que reunió en el directorio de su empresa el mayor número de “servicios” de la historia nacional parece haber destinado la mayor parte del multimedio –como han denunciado sus trabajadores- al vaciamiento.

La historia para este “empresario” es simple: -Las empresas ya no me sirven para recibir subsidios del Estado (pauta publicitaria), las cierro-.

Ahora ¿qué pasa con las 800 familias que quedan en la calle? ¿Esas que en estos días ya no pueden pagar su obra social pese a las graves condiciones de salud de alguno de sus familiares? ¿Que ni siquiera tienen para pagar la SUBE para ir al trabajo? ¿Esos laburantes de prensa que viven del fondo de huelga y se disponen a armar una olla popular frente al Ministerio de Trabajo?

De estos periodistas, ¿alguien puede decir o probar que cobraban sueldos millonarios, que eran "ñoquis"? ¿Dónde está presidente Mauricio Macri la promesa de multiplicar las fuentes de trabajo? Hasta ahora los únicos que se han beneficiado con sus medidas son los grupos más concentrados. Y la impunidad para los capitalistas amigos, continúa igual.

Un colega de Telefé le preguntó en conferencia de prensa al presidente Mauricio Macri por el conflicto, y el mandatario respondió: “Espero que aquellos que están adeudando salarios los paguen, aquellos que han asumido compromisos, como en cualquier otro orden de la vida cotidiana, le paguen a sus trabajadores”.

¿Es todo lo que el Estado piensa hacer? ¿Dar a conocer sus deseos? ¿Ver como Spolsky reinvierte en otras actividades productivas, mientras deja la gente en la calle? ¿Se han investigado las denuncias de lavado de dinero en su contra?

Esto de la pauta publicitaria recuerda lo que sucedió con los subsidios al transporte. Los millonarios fondos estatales no fueron a parar a los bolsillos de los usuarios para aliviar la carga del traslado diario de la ciudadanía al trabajo. Mientras los trenes se caían a pedazos por falta de mantenimiento y la gente indignada incendiaba las estaciones, esos fondos públicos terminaron sirviendo –según incontables investigaciones periodísticas- para crear un verdadero monopolio del transporte urbano de pasajeros en la Capital. Dos o tres tipos se compraron todas las líneas. Hacía allí se dirigían los fondos que les daba el Estado a los empresarios amigos del poder, o a comprar líneas en Miami (Estados Unidos) o en el interior del país. La masacre de Once que no fue “tragedia”, donde entre miles de trabajadores perdimos la vida de un hijo de un querido compañero de Canal Siete, puso al desnudo toda esta trama repugnante.

¿Qué espera el Gobierno para saber qué hizo Szpolski con los millones que supo cobrar en todos estos años? ¿Qué medidas urgentes tomará para auxiliar a los trabajadores que han sido dejados en la indefensión por el Estado.

El presidente Macri debería hacer algo más por esos trabajadores de prensa y comunicación, humillados, estafados, que desearles que cobren el sueldo. Es su obligación mostrar que no sólo gobierna para los Grupos Económicos.

Lo que pasa con el Grupo Veintitrés demuestra que la lógica de la rapiña y el saqueo que tiene por víctima a los asalariados, sigue siendo la herramienta predilecta para enriquecer a una burguesía parasitaria cuya única habilidad es llevarse bien con el poder, lavar dinero y vivir de saquear al Estado.

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