Medios y Periodistas
El Diario Córdoba, patrimonio histórico y cultural, avanza hacia la digitalización
Martes 6 de diciembre de 2016, por Katy García *
Enviar la referencia de este documento por email Versión para imprimir de este documento

La colección que fuera entregada por los trabajadores al Cispren para su resguardo, comenzó a ser preservada por un equipo de trabajo con el horizonte puesto en la digitalización. Valduvino anticipó la presentación de un proyecto de ley a la Unicameral. Ex trabajadores destacaron las luchas y el clima de compañerismo.

Compartir este articulo:

En la Sala “Diario Córdoba”, inaugurada la semana pasada, se encuentra la colección encuadernada del vespertino Córdoba(1928 a 1985). Miles de cordobeses consultan sus páginas en el Centro de Documentación “Juan Carlos Garat” donde se presentó una muestra sobre el trabajo de conservación preventiva del papel que viene realizando, desde mayo, un grupo de voluntarios. En esta primera etapa están trabajando sobre los años setenta material que con frecuencia solicitan investigadores y público en general.

Puntualmente, los asistentes conocieron través de la bibliotecaria Cristina Fuentes qué significa preservar y cómo se hace. Mariano, un canillita de época, acompañó el recorrido. Mientras, en el espacio central, para entrar en clima la narradora Viviana Aguirre puso en voz una nota policial publicada el 30 de noviembre de 1941. Apoyada en esa intervención, la secretaria de Cultura del Cispren, Ximena Cabral, realizó la apertura del encuentro.

“Pensamos que preservar la colección del diario Córdoba, es preservar una manera y un tiempo de hacer periodismo. Es preservar el trabajo, las páginas, y cada una de las tintas, que las compañeras con sumo cuidado, con respeto, minuciosidad, de forma muy amorosa, reconstruyen el trabajo y la memoria de los trabajadores”, dijo, señalando el despliegue de tomos abiertos sobre las mesas bajo la atenta mirada del equipo de trabajo coordinado por la bibliotecaria.

Evocó las figuras entrañables de dos grandes plumas del periodismo gráfico que ya no están: Ernesto “Tío” Ponsati y Luis Reinaudi.

Estamos caminando

Carlos Valduvino, Secretario General del Círculo sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA), retomó el hilo de las ausencias y afirmó que este desafío significa mucho más que los triunfos logrados con la recuperación de los diarios de Villa María y Comercio y Justicia. “¿Saben por qué? Porque cuando se cerró el diario Córdoba, todavía, no habíamos puesto en marcha políticas autogestionadas. Cuando nos dimos cuenta que éramos lo artífices de la producción de la información detrás de la industria que son los medios, fue ahí que tomamos sabias decisiones políticas en esta institución”, analizó.

Destacó que este acto es el resultado de una construcción colectiva sostenida por el sindicato desde hace por lo menos 15 años cuando encararon la ampliación del edificio y la conservación del periódico. “Saludamos este homenaje de celebración, de alegría, sintiendo las ausencias, y dándole vida a lo que es parte de la historia de Córdoba”. Encomió “la tarea encarada por un equipo que sin un presupuesto oficial, solamente con política, ha dado el puntapié inicial. Un equipo al que el gremio tendrá que hacerle muchos homenajes cada 30 de noviembre porque nos ha enseñado que no hace falta un presupuesto para llevar adelante convicciones políticas”.

Obviamente que el esfuerzo no alcanza para avanzar rápidamente. Por eso, anunció que le pedirán a la legisladora provincial y dirigente de la Unión Obrera Gráfica Ilda Bustos que “nos acompañe con un proyecto de apoyo para lograr un aporte económico de la legislatura para que el trabajo no dependa de la solidaridad de los compañeros o de las iniciativas políticas de las organizaciones sindicales”.

Estamos caminando, dijo, siguiendo el texto escrito por Eduardo Galeano. “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Para que sirve la utopía? Para esto: El Cispren, sigue caminando”, concluyó.

Historias de redacciones y luchas sindicales

Sorprendidos por Prensared, un puñado de ex trabajadores y ex trabajadoras del diario Córdoba, recordaron momentos claves vividos en la redacción del vespertino. Rescataron la confraternidad y el compañerismo aún en las épocas más duras como la última dictadura cívico militar. César Arese se reivindicó como periodista más allá de que haya ejercido otros “conchabos” -como haber sido juez en el fuero laboral y docente en la universidad-. Evocó la figura de Luis Reinaudi en toda su dimensión humana y profesional.

César Arese: “Quien ha pasado por una redacción queda marcado para toda su vida”

Empecé como volante en deportes. Pasé a redacción donde hacía gremiales y locales. Un redactor polifuncional. Después como abogado pasé al área de judiciales. Pero, como me cambiaron las condiciones laborales me di por despedido. En total estuve 8 años.

Tal vez las nubes de tiempo ocultan lo que pueden haber sido sinsabores. Pero en mi caso tengo recuerdos muy alegres, vivaces, de mucho compañerismo y una gran confraternidad. Teníamos distintas ideas políticas y formas de pensar pero nos respetábamos muchísimo. La vida de bar era tan importante como el trabajo. Una ceremonia. Por supuesto quien ha pasado por una redacción queda marcado para toda su vida. De hecho me considero periodista pese a que cambié el conchabo. Encontré compañeros, amigos, y hermanos como Luis Reinaudi.

Luis, tenía una capacidad extraordinaria -cuando trabajaba, porque, sencillamente, era un vago (bromea). Pero cuando lo hacia tenia una brillantez única. Una redacción limpia, creativa, sintética, económica y una rapidez envidiable. Podía hacer dos cosas juntas. Hablar de un partido de fútbol y escribir una nota. Era un redactor estrella. Funcionábamos como dupla y éramos todo terreno. Había que trabajar con un ritmo distinto porque era un vespertino. El cierre sobre la jornada se hacía a las dos o tres de tarde. Cuando murió Perón la dirección nos encargó la edición especial. El país estaba parado y nosotros lo hicimos prácticamente solos.

Con el golpe militar, vino la censura directa. El primer tiempo se llevaba el diario a la casa de gobierno para observación de los militares. No tuvimos que lamentar presiones políticas directas pero hubo presos por publicar sátiras en Los Principios y en La Voz del Interior.

Roberto Chiavassa: “Un día increíble de gases lacrimógenos y tiros”

Ingresé al diario a mediados del ’68 haciendo suplencias. Primero cumplía tareas en intendencia, atendía el teléfono en mesa de entradas y conducía los vehículos. Al año siguiente, el secretario de redacción nos mandó a mí y al Negro Ardiles que hagamos una guardia en la Renault. Era una noche lluviosa y fría y estaban apostados los carros de asalto. Tipo seis de la mañana, empezó a llegar el personal. Hacen una asamblea y deciden ir encolumnados al centro. Me dice el Negro: poné el jeep bien pegado a la columna y no te dejés ganar el lugar. Se subió y empezó a sacar fotos. En la avenida Vélez Sarsfield, estaba apostada la policía y las columnas se dividieron. Fue un día increíble de gases lacrimógenos y tiros.

Con el tiempo me efectivizaron y me eligieron delegado por el Sindicato de Prensa y participé en la organización del plan de viviendas. En 1976, José W. Agusti vende el diario y entra el Grupo Astori. Sigo como delegado. Resulta que al poco tiempo me llama el encargado y me propone un cambio de sección. Pero esa propuesta traía una trampa. Me pedía información sobre los compañeros. Se equivocó de persona le dije. Entonces vinieron las persecuciones y los hermanos Vicente y Ángel De Chicco me piden para el sector gráfico. Desde entonces que milito en el gremio.

Acá, esta la historia de Córdoba y del país. Desde 1928 a 1985. Hay muchas historias, luchas y anécdotas. Por eso felicito a las compañeras que han trabajado ardua y duramente en este emprendimiento.

Adela Armonelli: “Qué rápido que pasó todo”

Trabajé en el diario Tiempo de Córdoba y luego pasé al Córdoba. Lo que más recuerdo de esa época era el clima de trabajo con los compañeros. Y cuando vinieron las épocas duras también tengo buenos recuerdos. En mi sector estaban como correctoras Ana Mariani, Mónica Hernández, Juan Díaz, Liliana Nóbrega, Liliana Chavarría, Juan Castaño. De los armadores, me acuerdo de los chicos Bianchi, los Vázquez, Jorge Martínez, Borgui. Y entre los de prensa al Cacho Garat, Luis Reinaudi, Muscará, Pablo Ponzano… Tengo hermosos recuerdos, pero no individuales sino grupales. Pienso que prevaleció el compañerismo. Estuve desde 1977 hasta 1985.

Qué rápido que pasó todo. Me desesperaba que se perdieran el diario, los archivos, las fotos. Iba seguido a charlar con Manuel Cabello, a leer los diarios viejos. Me fascinaba ver los epígrafes de las fotos en la sección policiales. Me acuerdo uno “Mírenla a la mosquita muerta, era la asesina…” Creo que al diario lo hace el gráfico y un conjunto de trabajadores los que están en la rotativa, los fotógrafos, los diagramadores, y no solo los periodistas.

Ricardo Zorrilla: “Decidimos que el gremio sea el custodio de los diarios”

Entré en 1977 y estuve hasta 1982 como empleado gráfico. Justo cuando se produjo el cambio de sistema y pasamos del plomo a la composición en frío, el Offset. Como estudiaba arquitectura, entré como dibujante y muy rápido me entusiasmé con la tarea de componer. Conocí a grandes maestros del oficio como los que venían del diario La Opinión y a Sarlanga de Clarín. Pasé a ser diagramador. Lo que más recuerdo es la vida en el diario. Ir a las 9 de la mañana, y salir a la una, o dos de la madrugada. Era vivir y olvidarse de la realidad. Porque vivíamos de las noticias que se publicaban y de las que no se iban a publicar. Durante la guerra de Malvinas, por ejemplo, las agencias internacionales informaban que estábamos mal pero recibíamos órdenes que decían lo contrario. Hasta se trucaban fotos.

Con Chiavassa y Armondelli éramos de la comisión gremial interna. Cuando se estaba vaciando el diario vimos que corrían peligro las ediciones encuadernadas y decidimos que el gremio sea el custodio de los diarios. Por eso los trajimos aquí.

Mónica Hernández: “La Toma”

Ingresé en la etapa de la quiebra, venia trabajando en el diario La Calle. Al tiempo quedé efectiva. Lo que más recuerdo es la toma.

En 1988, vinimos un día y estaba la persiana baja. Gobernaba Angeloz. Hicimos como que forcejeamos con el policía. Rompimos la faja de clausura y nos quedamos al menos una semana. Me acuerdo que en administración trabajaba un chico que vivía en la casa del padre Aguilera. Al otro día cayó en una camioneta rural llena de colchones. Resistimos pero nos querían desalojar.

Una noche miramos por unos ventanales y vimos que la guardia de infantería estaba lista para lanzarnos gases lacrimógenos. Actuaba el juez (Raúl) Mallía Bresolí. Afuera habían instalado unos bafles. Estaban todos los medios y Canal 10 que se portó muy bien como siempre. En medio de eso, la Negra Grotti nos tiraba pañuelos embebidos en vinagre para contrarrestar el efecto de los gases. Paramos a la infantería, entró el juez, y negociamos. Mirado a la distancia la pasamos bomba. Se armaban comilonas y peñas solidarias. Una vez vino el Dúo Salteño y ahí nomás se armó. En 1991, cerró y en esa época no se pensaba en formar una cooperativa porque conseguías trabajo rápidamente.

También trabajaba mi papá que era caricaturista. Pero en la última etapa lo dejaron de lado. Un abogado empezó a hacerle el vacío, después se jubiló y Julio Ramos lo contrató. Durante muchos años viajaba a trabajar a Buenos Aires.

Fuente: www.prensared.org.ar

* Equipo de Comunicación del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA)

sitio desarrollado en SPIP