Voluntariado: Un nuevo nombre para una vieja estrategia
Sábado 4 de marzo de 2017, por Gustavo Terés *
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Los docentes no somos voluntarios, somos trabajadores y profesionales que unimos nuestras voluntades y convicciones para reclamar, unimos nuestros sueños y deseos para transformar las cosas que no son así… están así y queremos cambiarlas…

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* Secretario General de la CTA Rosario

Lo que desde el Gobierno nacional intentan endilgar con el nombre de “voluntariado” no es más que una vieja práctica para desarticular cualquier tipo de demanda legítima llevada adelante por sectores populares, y lo hacen escudándose en la más vil de las prácticas; un “Rompehuelgas”.

La historia de las luchas obreras tiene su página negra en estás prácticas. Los rompehuelgas estuvieron presentes en Chicago el 1° de mayo de 1886 para desacreditar la lucha de cientos de trabajadores por las jornadas de 8 horas laborales. En nuestro país también es una vieja práctica: La Semana trágica comenzó con los enfrentamientos entre carneros y huelguistas de los talleres metalúrgicos Vasena.

Es el gobierno el que tiene que garantizar la educación pública, es el gobierno el que no puede hacerse el desentendido ante la demanda de los docentes. Lo que hoy defendemos es mucho más profundo, no sólo defendemos nuestros derechos, sino que estamos profundamente comprometidos con la defensa de la educación pública.

Cuando un gobierno decide condonar deuda a una empresa privada (Correo) o dispone de no cobrar impuestos a grandes cerealeras o mineras, o incluso al sistema financiero, pero a su vez reduce el presupuesto educativo está estableciendo prioridades a futuro. Prioridades que van en contra de los sectores populares, y en este caso, en contra de la educación pública.

Cuando el gobierno avala estas prácticas, se posiciona por fuera de toda la normativa que regula nuestro trabajo docente, es decir, se ubica por fuera de la ley.

Hoy es tiempo de movilización, de pies marchando, de gargantas y voces gritando y cantando consignas que reivindiquen nuestros derechos. Es tiempo de lucha, de mostrar en las calles nuestra justa (ira) indignación por lo que es injusto.

Es tiempo de reclamo, de desplegar banderas por nuestro salario, por condiciones dignas de trabajo y, por sobre todo, por la defensa de la educación pública.

Los presuntos voluntarios pretenden insinuar que los docentes en huelga abandonamos nuestros lugares de trabajo. Los presuntos voluntarios no saben que los verdaderos voluntarios fueron luchadores como los alfabetizadores cubanos o las brigadas en Nicaragua, que llevaron casi a cero los índices de analfabetismo. Voluntarios son los jóvenes que en las barriadas impulsan con sus clases de apoyo, con los talleres de expresión, la auto-organización popular a través de una concepción “freireana” liberadora, en la cual la educación es entendida como un proceso de generación de pensamiento crítico para el cambio social. Voluntarios son los cooperadores y los clubes de madres que sostienen las escuelas públicas junto a nosotros.

Los presuntos voluntarios recibieron la respuesta indignada de miles de docentes que no somos voluntarios, sino trabajadores hoy en huelga, escribiendo otra página en la historia de nuestras luchas.

Los presuntos voluntarios, no son voluntarios, son rompehuelgas, reproductores de una lógica perversa que busca en el fondo desacreditar cualquier tipo de lucha.

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