Que griten
Sábado 11 de marzo de 2017, por Silvana Melo *

Que jueguen a lo que quieran. Que no acepten por nada del mundo que las llenen de muñecas y les veden los autitos y las pelotas. Que se sienten como quieran. Que no se callen si les dicen gordas. Que no guarden la angustia en la panza.

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* Periodista; Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE)

Que se vistan como quieran. Que se pongan short, pollera larga, mini, jeans o túnica. Nada habilita a nadie a meterse con su cuerpo. Ni la mini ni la túnica.

Que el cuerpo es suyo. Y de nadie más. Que es lo único que tienen. Ellas mismas, para sí mismas. Que no crean en el espejo que les imponen. Que no callen si las tocan. Que no callen si el que las toca tiene rostro familiar, querido, casi propietario.

Que no le crean si dice yo sí puedo. Nadie puede acceder a ese territorio propio cuando ellas no quieren. Que no tengan terror. Que no callen. Que griten. Que griten siempre que sea necesario. Aunque les digan loca. O histérica. De hysteris, de útero, de regla, de sangre, de mujer.

Que no soporten que les griten digan cosas horribles a su paso. Que se den vuelta. Que abran la boca. Que griten.

Que griten. Ahora. Para no llevar el infierno encendido en el cuerpo hasta veinte años después. Como sus madres y sus tías y sus abuelas.

Que amen. Que no se dejen poseer. Nadie tiene la escritura de nadie. Que no tengan hijos si no quieren. Que amen. Como quieran. Con quien quieran. Con sueños propios. No heredados ni prestados. Que sean libres. Arrasadoramente libres.

Que las princesas no existen. Sólo un par en castillos patéticos y decadentes. En los que ellas jamás vivirán.

Que griten y vuelen con alas o escoba. Porque son brujas. Pequeñas brujas hijas y nietas de las incendiadas, de las quemadas, de las devoradas por todas las llamas de la historia.

Que griten porque ellas vivirán para contarlo. Porque al fuego lo llevan puesto en la garganta. Y lloverá un chaparrón eterno cuando alguien intente encenderlo en sus pies.

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