¿34 ALCAs?
Jueves 4 de mayo de 2017, por Adolfo Aguirre *
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Si hay algo que se destacó durante la campaña y en los primeros meses de gobierno de Donald Trump en Estados Unidos es su rechazo a los acuerdos de libre comercio. Esto puede ser presentado como un dato positivo para los trabajadores en ambos lados de las fronteras, ya que los tratados de libre comercio son una de las principales amenazas a derechos laborales y a la organización sindical en general.

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* Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA Coordinador del Foro por los Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud de la Provincia de Buenos Aires

El discurso de Trump contra el NAFTA, el cual está siendo renegociado en estos momentos, y la retirada de EEUU del proyecto del Tratado del Transpacífico (TTP) son datos auspiciantes en ese sentido. Sin embargo, no podemos engañarnos. La agenda de Trump, interna y externa, no tiene como beneficiarios a los trabajadores, sino a las clases dominantes.

La base de apoyo electoral que obtuvo está rápidamente siendo traicionada, en especial por los cambios ofrecidos en materia de reformas impositivas (a favor de los ricos) y en el sistema de salud (la propuesta de Trump hubiese dejado sin cobertura a más de 20 millones de ciudadanos). Ante esta realidad, nos preguntamos dos cuestiones: ¿Cómo se plasma esto en la agenda de libre comercio? ¿Qué impacto puede tener sobre Argentina?

Para responder a la primera cuestión, hay que tomar en cuenta que Trump, y el sector económico que lo apoya, no está en contra del libre comercio per se. Su oposición es a lo que entiende como tratados que afectaron negativamente a Estados Unidos, que supuestamente fue abusado por países como México y China. Esta visión del recorrido está lejos de la realidad. Pero es la visión que promueve el presidente norteamericano.

¿Qué significa esto? Probablemente que la agenda multilateral de libre comercio sea cambiada por una agenda bilateral, donde EEUU negocie mano a mano con cada país. Organismos como la Organización Mundial del Comercio pierden relevancia, con la posibilidad que ante la profundización de las quejas (EEUU es el país con más demandas en contra) el país del norte se retire de esta organización. Trump quiere generalizar lo que ya comenzó haciendo con Japón y China: Una renegociación de los capítulos comerciales, con mayor preferencia a que las inversiones se queden en EEUU. Esta agenda no es fácil de llevar adelante, en especial porque no es lo que las grandes multinacionales de origen estadounidense defienden. Pero, con las concesiones adecuadas, es una posibilidad factible.

Las maquilas ya no serán sólo mexicanas, sino que podemos esperarlas en Tennessee, Louisiana, Alabama, Carolina del Norte. De hecho este proceso de mudanza hacia el sur de ese país, donde los derechos sindicales son débiles y la mano de obra más barata, ya comenzó hace unos años.

Esto nos lleva a buscar dar una respuesta a la segunda pregunta, sobre el impacto de esta agenda en la Argentina. La reunión entre Trump y Macri lo dejó bastante claro. No habrá grandes concesiones. Ni siquiera promesas concretas de una apertura del mercado yanqui a los limones argentinos. Antes gobiernos como el de Macri, subordinados totalmente a la estrategia político-económica de EEUU (independientemente de si conduce Trump u Obama), podemos esperar hasta una celebración de tratados bilaterales de libre comercio, donde claramente saldríamos perdiendo.

El Mercosur es todavía un muro frente a esa posibilidad, pero dada la orientación de los gobiernos actuales de la región, la posibilidad de cambiar las reglas de negociación en bloque es alta. Macri va a intentar mostrar que la agenda del libre comercio, ya se bilateral, tiene todavía cabida. Esto en especial pensando en los dos objetivos globales, la reunión ministerial de la OMC en diciembre de este año y la cumbre del G20 en 2018, ambas serán en Buenos Aires.

En este sentido se abre la posibilidad de pensar en 34 acuerdos bilaterales de libre comercio, que de hecho reemplacen simbólicamente al ALCA, pero dejen a nuestros países en un lugar de mayor subordinación.

Desde los trabajadores tenemos que reforzar la integración regional, demostrar que la agenda de libre comercio, bilateral o multilateral, no nos beneficia, y en especial profundizar las alianzas con sindicatos y trabajadores del norte, de EEUU, que serán claves para lograr combatir una nueva embestida del capital como la que vemos en estos días.

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