Pollo Rojo
Jueves 13 de octubre de 2011, por Alfredo Grande *
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La sociedad de control. Para impedir el caos. Al menos, para disimularlo. Todo se registra con minuciosidad de Indec (es un decir) todo se “sube” a los programas expertos, todo se cualifica y cuantifica. Pero lo más importante de la sociedad de control es que nada cambie. Si no queda otra, algo cambiará para que todo quede casi igual.

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* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

En esa sutil diferencia entre la eterna repetición y las remakes con algunas escenas modificadas, la vida de cientos de miles de personas está en disputa. La profecía fundadora de Néstor Kirchner fue la unión, para mi criterio paradojal, entre derechos humanos y capitalismo serio. Nunca me pareció serio.

Sin embargo, las ilusiones necesarias, al decir de Noam Chomsky, funcionaron y siguen funcionando. De lo contrario, Amado Budou apenas sería un tecnócrata afortunado, una especie de caza fortunas, que pasó de la UPAU a estar en UPA de la Presidenta. Algo así como la versión actualizada del niño bien, pretencioso y engrupido. Pero nada mejor que asegurar el poder de compra de las clases medias (o sea, que sostienen el ideal consumista de la clase media) para invisibilizar que la ecuación fundacional empieza, como la piedra movediza de Tandil, un irreversible tránsito hacia el cambio catastrófico.

A mí también la vida me da sorpresas, por eso debo admitir que hemos pasado de la discreta impunidad del voto, a la obscena impunidad de los que se esconden en los votos. Las internas abiertas con el apoyo masivo a la Presidenta, ha desatado un salvoconducto para que los “Clark Kent” de la democracia, se sacan el traje para volar como los “super macartos del sistema”.

El Jefazo del Gabinete, sobrevuela no ya metrópolis, ya no Tecnópolis, sino Boludópolis, una ciudad que vota al Godzilla que Deshace Buenos Aires, pero que luego le da voto mayoritario a la garantista de la utopía K. O sea: los votos, como los designios de Dios, son inescrutables. Parecería ser que en nuestra democracia, el efecto rostridad es hegemónico. Rostridad que no es rostro, aunque puede ser uno de sus componentes, y que es una de las formas de pensar “lo carismático”.

Podría hablarse más que de intención de voto, de rating partidario. Si al “peludo Hipólito” le armaban un diario, al hijo del padre de la democracia le arman un video. Su mensaje publicitario electoral es una evidencia de lo que llamo “alucinatorio social” y la comparación con Kennedy poco feliz pensando en el destino trágico del clan. El “cabezón” sigue diciendo que la tiene clarísima, pero, como el sánscrito, nadie lo entiende.

No deja de ser una sorpresa, en este caso con efecto retroactivo, que cuando Néstor aceptó ser el delfín, perdón, el pingüino del Presidente Asimétrico, no tuvo presente la valiente denuncia que Hernán López Echague había realizado en su imperdible libro “El Otro”. Por el cual fue recompensado con un exilio forzado dado el éxito editorial de la denuncia. ¿Quién se acuerda de eso ahora? Yo. Y muchos. Porque si bien el origen no es el destino, tampoco puede ningunearse el rincón donde empezó tu existencia.

¿O podemos negar (siempre podemos) que el SuperK que arremete contra el Pollo Rojo fue baluarte de las políticas que avalaron a la “mejor policía del mundo”. Un colega, analista institucional, y que da clases en una universidad en la cual asisten cuadros de la policía bonaerense, me contaba que asumen que son: “la maldita policía. Pero la mejor maldita policía”.

A pesar de la confesión de parte, no hagamos el relevo de prueba. Los registros que tiene la CORREPI son lapidarios para todo intento de sepultar el arrasamiento de los derechos humanos solamente durante el terrorismo de estado. El paradigma de la seguridad, entendida como defensa irrestricta de la propiedad privada, ha logrado universalizar la asignación por robo. Más allá de rejas, puertas blindadas, cámaras espías, agentes “maxwell smart” infiltrados en las ferias comunitarias, autos patrulleros con luces azules para encandilar a los conductores que tienen la maldita suerte de alinearse detrás, hasta que todos los conductores pierdan la visión completamente.

Supongo que las cámaras no registrarán los cohechos activos y pasivos, ni tampoco habrán filmado cuando lo desaparecen a Luciano Arruga o a Julio Jorge López. El Jefazo de los Ministros habrá maldecido que a pesar de los avances que tecnópolis evidencia, tenga que recurrir a un testigo de identidad reservada, y además, identidad precaria. O sea: apto para las manipulaciones mas atroces.

Sin embargo, pollo que se encarceló, salió, y además logró un milagro para el sindicalismo: tres centrales obreras, aunque no podamos decir unidas, al menos urgidas para frenar el irresistible ascenso de la judicialización y militarización de la protesta social, política y sindical. Estuve en la marcha, de acá para allá, y puedo decir que esperaba y deseaba más convocatoria.

Al menos, hubo una respuesta inmediata y contundente. Todo enfrentamiento con la cultura represora en los momentos de la hegemonía triunfalista del capitalismo de consumo, puede traer algunas penas, pero no necesariamente llegarán olvidos. Las luchas pasadas, de pasados bien cercanos, siguen latiendo en la memoria de los que luchan. Hay un hilo conductor que une el asesinato de Mariano Ferreyra con el accidente del micro cruzando la barrera baja. Desde Menem a la fecha los ferrocarriles se han evaporado por culpa directa del Estado.

Culpar por la quema de dos vagones a un dirigente sindical en base a las pruebas irrefutables que son refutadas, es una muestra de lo que llamo la “peligrosa debilidad”. La derecha sabe prevenir y sabe que ha llegado el momento de acordarse de que la izquierda existe y forma parte de una trama social y política que incluso resistió al genocidio. Las asignaciones y los subsidios, a diferencia de los laureles, no son eternos.

Y el mayor problema que tendrán los gerenciadores del modelo capitalista, no será el Pollo. Será el Gallo.

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