En energía, "profundizar el modelo" es más dependencia y extranjerización
Lunes 17 de octubre de 2011, por José Rigane *
Enviar la referencia de este documento por email Versión para imprimir de este documento

El tema de la energía es un tema extenso, amplio y voy a tratar de abordarlo desde un punto de vista más político, más gremial, más desde los trabajadores, sin menoscabar ni subestimar su importancia. Siempre que hacemos este tipo de eventos o estamos invitados, yo tengo por costumbre empezar por dos o tres conceptos que para nosotros marcan lo que son los principios del tema de la energía.

Compartir este articulo:

* Secretario Adjunto de la CTA; Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA-CTA)

El primero es que para nosotros la energía es un bien social. En un país como el nuestro y en un mundo como el actual, donde dominan las políticas liberales y neoliberales; la globalización y su hija dilecta la privatización generan ejemplos de lo que no debería hacerse, y se hizo.

Se han cambiado conceptos y entonces nos han ido convenciendo de que la energía es un commodity, es una mercancía, es un paquete de yerba, es igual a cualquier otra mercancía que se consigue en una góndola y se compra, y en realidad la energía no es una mercancía ni un commodity, la energía es un bien social que pertenece precisamente, en este caso, al Pueblo Argentino. Porque está en el subsuelo, la energía no se produce tirando semilla como la soja, el trigo o el maíz. La energía forma parte de la riqueza de nuestra tierra, de nuestro patrimonio y además la energía significa soberanía.

En el mundo actual, con el desarrollo geopolítico que tiene y con las implicancias que genera el saber que recursos como el petróleo y el gas son finitos, ha adquirido cada vez más un valor substancial, poseerlos.

Hay quienes se dieron cuenta de esto, hace mucho tiempo atrás y han venido desarrollando una política que inclusive los ha llevado sin ningún tipo de duda a generar cruentas guerras, a someter países, a hacer caer procesos políticos, con tal de quedarse con ese recurso vital y estratégico que es la energía.

La segunda cuestión es que para nosotros es un derecho humano. Que una familia pueda acceder al agua, a la electricidad y al gas es tener la oportunidad de comenzar a vivir con una cuota de dignidad. En pleno siglo XXI, hay dos mil millones de personas en el mundo que no tienen acceso a la energía; que cocinan y se calientan con la leña porque no pueden acceder a otros recursos energéticos. Estoy hablando de países, regiones, que tienen energía abundante pero como no la manejan soberanamente y ha sido apropiada por otros, padecen esta situación. El ejemplo más claro, más cabal, más concreto, en este mundo es África.

Entonces aparece este otro tema. La privatización, al generar el concepto de commodity, de mercancía, sobre la energía, rompió también con otro concepto. No somos más usuarios de los servicios públicos, ahora somos clientes y hay una diferencia vital entre ser usuario de un servicio público y ser cliente. En un caso, el usuario tiene derecho al servicio. En el otro, el cliente tiene servicio sólo si lo paga. Son dos cosas diferentes y la diferencia no es menor.

Un ejemplo demostrativo es el del gas en garrafa. En argentina tenemos una cantidad, algunos dicen trece millones, otros dicen catorce millones y medio de argentinos que utilizan la garrafa de gas licuado de petróleo, la conocida garrafa de cocina. Esto es porque no accedieron al gas natural por redes, a pesar de que Argentina ha tenido una reserva de treinta y dos a treinta y tres años de gas natural. Hoy no tiene más que para ocho años, de acuerdo al consumo actual. Todo ese gas faltante se fue fronteras afuera, producto de la privatización.

Además, la garrafa se ha convertido en un problema para quienes tienen que comprarla y dependen de ella como elemento vital de vida. Si la garrafa se declarara como un servicio público, entonces la garrafa tendría un precio sostén o lineal establecido por el Estado. Como no se declara servicio público, sigue siendo un ámbito del mercado, sigue siendo una mercancía, por eso las empresas terminan cobrando lo que quieren y se tiene que inventar esto de la garrafa social, que después no se cumple casi en ningún lugar y se termina pagando lo que no vale.

Hago una aclaración, el gas, es como obtener barro y tierra cuando uno va a buscar agua. Cuando uno tiene que hacer un pozo para extraer agua, lo primero que hace es extraer tierra y barro, cuando uno va a buscar petróleo lo primero que extrae y aparece es el gas por lo que los economistas dicen que el gas tiene tendencia a valor cero. Por lo tanto una garrafa no podría costar, no sería necesario, que valiera más de cuatro o cinco pesos porque la obtención de la rentabilidad está en el petróleo, que es lo que se va a buscar. Lo otro, el gas, es una consecuencia.

Entonces, vean ustedes que tener claros estos conceptos significa saber y conocer precisamente de algo sobre lo que el enemigo ha generado para nosotros una cultura de subestimación y de no darle importancia, porque el enemigo es muy hábil e inteligente para quedarse con lo que necesita y obviamente trata de que nosotros no entendamos o subestimemos la importancia de lo que estamos hablando.

Un ministro dijo muy suelto de cuerpo que daba lo mismo que la Argentina fabricara caramelos o acero, con la intención de valorar el proceso de desindustrialización del gobierno militar de 1976. Actualmente, Arcor es la empresa más importante del mundo de venta de caramelos, pero a pesar de esa paradoja, no se han logrado resolver los problemas relacionados con el desarrollo industrial. Conclusión: no es lo mismo fabricar caramelos que acero.

También alguien dijo ¿para qué queremos el petróleo enterrado?, que lo mejor es sacarlo y venderlo. Bueno ¿por qué los yanquis no lo sacan de Alaska y del polo norte al petróleo?, ¿por qué van a buscar el petróleo y la energía en los lugares que no son de ellos y se lo roban?, tiene que ver con una necesidad vital para mantener al mismo tiempo el modelo de determinada conformación económica social y fundamentalmente con el consumismo y con sostener un parámetro de vida que está basado en la apropiación de recursos vitales como son los energéticos.

Una cuestión que está muy instalada en nosotros, es que cuando uno habla de estas cosas, del tema de la energía, por ejemplo, es como que se pone un cierto límite y se piensa que la energía no es como la educación. Cualquiera de nosotros se ve convocado a luchar por la educación pública porque hacen falta tizas, porque necesitamos mejores escuelas y cualquiera de nosotros se motiva para hacer algo: juntar firmas o salir a la calle. Lo mismo nos pasa con la salud, cualquiera de nosotros se motiva por el hospital público, porque falta algodón, porque tenemos que hacer algo para que haya más presupuesto y salimos a la calle juntamos firmas y así de seguido con otras cosas, pero no lo hacemos por la energía. ¿Por qué no lo hacemos por la energía? Si se trata de nuestro patrimonio, se trata de nuestra riqueza y se trata de un valor estratégico que hace a la soberanía nacional.

Hay una razón, cuando se habla de energía, lo primero que se piensa, que es un problema de los que saben o de los que supuestamente saben, es un problema de los trabajadores del sector, es un problema de los técnicos, es un problema de los ingenieros, de los científicos, pero no es un problema nuestro. Pareciera, que está lejos y no es así: la energía es un problema de todos y de cada uno de nosotros y en tanto y en cuanto nosotros no nos ocupemos va a seguir sucediendo lo que sucede en este país que por año se van veinte mil, veintidós mil, hablan de treinta mil millones de dólares, precisamente, de una riqueza que en la medida que la vamos perdiendo no la podemos recuperar, porque no se puede sembrar.

En nuestra opinión, ésta es una batalla cultural que vamos perdiendo porque no logramos instalar la importancia y la vitalidad que tendría si nosotros manejáramos nuestros recursos si estuvieran en nuestras manos. Y lo cierto y lo concreto es que acá hay cuatro o cinco grupos multinacionales que son los que manejan desde la exploración que no hacen hasta el valor del combustible final.

Entonces nuestra línea de actuación y nuestro planteo está en función de que los argentinos debemos una materia, esa materia tiene que ver con recuperar el patrimonio nacional a manos del pueblo argentino, porque mientras este patrimonio de recursos energéticos, naturales, el agua, etcétera, esté en manos extranjeras, nosotros no tenemos posibilidades de manejar el valor estratégico, con lo cual se hipoteca el presente y el futuro para las venideras generaciones, de esta manera nosotros no tenemos autonomía e independencia real y concreta.

El ejemplo más notorio, con todas las opiniones que podamos tener, es lo que ha acontecido en Libia, Afganistán o Irak, donde las acciones militares y políticas que se desarrollan tienen como último objetivo apropiarse de los recursos energéticos que son fundamentales, estratégicos y cada vez más escasos.

No es entonces una cuestión de carácter menor. Muchas veces nosotros nos proponemos iniciativas transformadoras, de cambio, alentamos proyectos de transformación para tener una vida mejor, que nos involucre a todos, para terminar con la pobreza, con la desigualdad, obteniendo una distribución más equitativa. Eso requiere de recursos, de dinero y si nosotros no nos apropiamos de esos recursos y los manejamos, difícilmente nos podamos apropiar de esos dineros, que son nuestros y que generan esos recursos.

Hoy la energía en nuestro país está en manos, en un 95%, de los grupos multinacionales, eso sucede desde la década del 90 a la fecha.

Entonces es un bien social, es un derecho humano y es un problema de todos. Si no logramos entender esto difícilmente podamos salir de esta situación.

Desde la época de Martínez de Hoz hasta aquí, lo que avanzó fue el proceso de privatización y la extranjerización. Éste es el otro tema: no sólo está privatizado todo, sino que está extranjerizado y este es un problema grave; si uno analiza la situación del país se va a dar cuenta que hoy no tenemos ninguna compañía o empresa de bandera nacional. Ustedes estarán pensando: “¿qué dice Rigane?, ¿cómo?, ¿y el Correo Argentino?, ¿y Aerolíneas?: no son Sociedades del Estado, para que sea nacional tienen que ser Sociedades del Estado, mientras sean sociedades anónimas, podrán tener participación del Estado, pero no son empresas nacionales; digo para no confundir el tipo de empresa, que no es una cuestión menor. Yo puedo tener la Acción de Oro en Repsol YPF, pero las políticas que resuelve YPF no las maneja la Acción de Oro; y sobre todo, si ese poder no se utiliza.

Entonces, tener claro que lo nuestro en los años de democracia dista mucho de haber establecido en este plano, en este ámbito, una política de absoluta soberanía nacional y de recuperación del patrimonio nacional, ha sido todo lo contrario, se han ido aquilatando, profundizando y desarrollando las políticas de privatización y extranjerización.

Por supuesto que hay un debate, ¿tenemos o no tenemos crisis energética?, nosotros decimos que sí, hay crisis energética. Y decimos que la crisis energética no es un problema de la coyuntura, no es un problema que viene de las situaciones climáticas, ni siquiera una cuestión de carácter técnico sino que es una cuestión de fondo, es una cuestión estructural porque el proceso de privatización de nuestros recursos energéticos, llevó no sólo a la apropiación, no sólo la extranjerización, sino a la segmentación y eso significó una atomización de una magnitud tal que hoy en este país, que tenía cuatro o cinco grandes empresas en el ámbito de la energía, tiene más de cien empresas que pululan y se desarrollan en el país con lo cual generan situaciones a las cuales los argentinos nos fuimos acostumbrando, pareciera que no vemos el carácter discriminatorio que significa el desarrollo de una política que, además, genera crisis energética.

Ejemplos, en la provincia de Buenos Aires hay seis empresas distribuidoras de energía eléctrica, tenemos seis precios diferentes del valor del KWH en el consumo final, del pago de la factura de luz, como se dice vulgarmente, o la de gas de cualquier usuario. ¿Por qué Capital Federal tiene una factura que es cuarenta por ciento más económica que el interior de la provincia?, ¿es que acaso somos ciudadanos de segunda los que vivimos en el interior de la provincia de Buenos Aires?

¿Por qué cualquier empresa provincial, incluida EPEC, que está en la lista de las más caras, tiene precisamente una diferencia del valor del KWH, según de qué categoría de usuario hablamos, según de qué cantidad de kilowatts consumimos, esta cuatro, cinco o seis veces más cara? ¿Por qué en Capital Federal se paga menos impuestos que en el Gran Buenos Aires? Sin embargo, en la provincia de Buenos Aires y en el resto del país, se paga más impuestos, casi el cincuenta por ciento, del valor de la factura final.

Eso es todo producto de la privatización. Antes, nosotros teníamos un único precio para el valor de los combustibles líquidos, salvo diferencias que se establecían al sur, en la Patagonia, ahora tenemos diferencia de precio en el valor de los combustibles líquidos entre lugares que apenas distan entre cien, doscientos o cuatrocientos kilómetros, es decir, hoy está todo en manos del mercado y estar en manos del mercado significa que la nafta no sabemos por qué razón en un lugar vale más caro que en otro lugar, cuando el precio de producción es exactamente igual para todos y el lugar de refinación muchas veces está al lado de donde se vende el combustible final. Esto tiene que ver con la apropiación, privatización y extranjerización de esos recursos.

La razón de que tengamos crisis es que no se han hecho las inversiones pertinentes para atender el crecimiento de la demanda. A las empresas privadas sólo les interesa obtener ganancias rápidas, importantes y significativas. Y porque, además, son grupos económicos que cuando les convenga, como sucede permanentemente, desarrollarán sus inversiones en otras latitudes, y se mudarán a otros ámbitos.

Tenemos, entonces, una situación que necesitamos revertir. Algunos de nosotros miramos con cierta simpatía procesos de transformación que se dan alrededor de nosotros: Bolivia, Brasil, Venezuela, Ecuador, ahora Perú, Uruguay, etc… y lo miramos, digamos, con buenos ojos, a veces más complaciente, menos complaciente, pero nos gustaría vivir esos procesos.

Entre los países que yo mencioné no hay ninguno que tenga privatizado el sistema energético y/o que estén en manos de grupos multinacionales y menos extranjeros.

Primera cuestión para prestar atención, todos tienen sus políticas energéticas, con sus más, con sus menos, en función de la apropiación de los recursos energéticos como valor estratégico para cualquier política de desarrollo regional o nacional. Sin lugar a duda, el más avanzado es Venezuela que tiene una política de ayuda y de cooperación regional en la que precisamente está ayudando a todos aquellos países de alrededor que no tienen los recursos energéticos necesarios e imprescindibles para vivir, y lo está haciendo de una manera solidaria y de integración, en donde les da a precios fuera de mercado internacional, precios bajos e inclusive con intercambio de productos del lugar e incluso a pagar a largo tiempo.

Ahora, en ese tema, cuando nosotros hablamos de integración, hablamos en función de los intereses del pueblo y las necesidades del pueblo, no hablamos de integración energética en función de los intereses de los gobiernos y menos aún de las empresas. Argentina, cuando se sienta en un ámbito de esa naturaleza con los países de la región, es el único país que va a representar a las multinacionales porque ningún acuerdo de los que desarrolla lo puede fundar en una empresa de carácter nacional, porque no la tiene.

Y alguno se preguntará: ¿qué pasa con ENARSA?... ENARSA es una oficina de negocios, no es una empresa nacional que tenga recursos, que tenga desarrollo, ni que tenga capital de inversión para desarrollar. ENARSA es la oficina de negocios. Primero, es una sociedad anónima, esa sociedad anónima entregó toda nuestra costa marítima para que se haga la exploración y explotación off-shore y si encuentran petróleo en el mar dispondrán de esos recursos.

Todo esto a partir de acuerdos secretos que realizó con PETROBRAS, con la TOTAL, PANAMERICAN ENERGY; y evidentemente, también lo hizo con REPSOL. Y sin embargo, ese es un patrimonio de los argentinos que lo manejó una sociedad anónima como ENARSA, que apenas tiene empleados, y no produce energía.

Entonces, este es un problema al que nosotros necesitamos prestar atención, siempre pongo como ejemplo los bolivianos. Hay una tendencia nuestra de subestimar en general al pueblo boliviano, y más de una vez se nos pega eso del “bolita”, pero esos “bolitas” antes de que Evo Morales llegara al gobierno, fueron capaces de defender el gas y el petróleo que se estaban llevando las empresas multinacionales, a punto tal que muchos deben recordar que más de ochenta murieron cortando la ruta para defender los recursos y para que no se llevaran el gas natural. Allí nació el compromiso de Evo Morales de que si llegaba al gobierno iba a nacionalizar los recursos energéticos. Llegó al gobierno, cumplió con su palabra y nacionalizó el petróleo, la electricidad y el gas.

Los bolivianos tuvieron la capacidad de ver la importancia de defender ese valor estratégico, la energía, que tiene que ver con la producción de recursos económicos significativos, y hoy, por primera vez, el Estado Boliviano tiene superávit y demostró que se puede nacionalizar, cobrando la renta que corresponde. Es en esa dirección que nosotros hacemos nuestro planteo.

En un país como el nuestro, en el que todavía hay desocupación (más allá de la cifra si es el siete, el cinco o si es el catorce por ciento), donde hay pobreza, donde hay indigencia, donde todavía hay millones de argentinos que no tienen gas natural, ¿podemos seguir permitiendo que se exporte el petróleo crudo? Yo lo comparo con el siglo XVIII: estamos como en aquel momento, que exportábamos el cuero de vaca y después comprábamos productos de cuero a los europeos.

Nosotros ahora estamos importando los combustibles más importantes, la nafta Premium, la nafta súper, porque no tenemos el desarrollo ni las inversiones tecnológicas en las refinerías para producir esos combustibles. Pero, además, exportamos el petróleo, como exportamos el gas y durante muchos años lo estuvimos haciendo, y de una reserva de petróleo de diecisiete, dieciocho años, que había al momento de la privatización de YPF, nos queda nada más que para nueve años. Y en el gas, disminuimos de treinta y dos años a ocho años de reservas, no tuvimos la capacidad ni la decisión política de incorporar valor agregado, de haber provocado inversiones para que produjéramos acá el gas que hoy estamos importando desde Medio Oriente, precisamente porque nos quedamos sin él. Ya llevamos cinco años consecutivos de importación y cada vez tenemos que traer más cantidad de metros cúbicos de gas congelado para descongelarlo en el puerto de Bahía Blanca; y ahora en Escobar, para inyectar en las cañerías un gas que no tenemos y que además no alcanza.

Esta es la razón por la que, en la boleta de gas, estamos pagando un importe adicional y significativo que corresponde al valor que nos cobran a cada uno por importar gas.

Estas políticas no las decidimos nosotros, pero el problema es que tampoco nos comprometemos para cambiarlas. Sin compromiso y participación va a ser difícil producir cambios, ya que quienes se apropian de nuestros recursos están cómodos disfrutando de la situación.

Muchos hoy se preguntan: ¿y ahora los chinos?. Las empresas chinas están haciendo inversiones. El golfo San Jorge está en manos de Pan American Energy desde la década del cincuenta. Es el área productora de petróleo más importante del país. Su mascarón de proa son los hermanos Bulgheroni, dueños de la empresa Bridas, y detrás de ellos, la British Petroleum**, de capitales ingleses, que son los mismos que están quedándose con las Malvinas y explotando precisamente el petróleo en áreas que no deberían hacerlo; y sin embargo lo hacen.

Decía que esta empresa opera también en el continente y posee el 60% de Pan American Energy, el otro cuarenta se afirma que pertenece a los Bulgheroni, pero en opinión nuestra, son el mascaron de proa, pero en realidad no tienen nada, ahora se ha vendido parte del paquete accionario a una empresa que, a nivel de China, está en tercer lugar de producción de petróleo y que se ha hecho cargo precisamente de esa parte de Panamerican Energy para obtener petróleo de la cuenca más importante de Argentina. (Según el patagónico.net ,el 071011 anunciaba que “La venta de PAE entra en riesgo, alertan en Inglaterra”).

Pero también las empresas chinas acaban de invertir y hacer un acuerdo en Rio Negro por trescientas cincuenta mil hectáreas para producir soja en una zona árida en la que van a invertir cuatrocientos - quinientos millones de dólares (ahora se habla de 1.500 millones) y que, obviamente, lo que van a producir se lo van a llevar fronteras afuera.

Es decir hay que parar esta política, hay que parar este modelo de producción que está basado en la reprimarización de la economía y que tiene como objetivo central la exportación de alimentos que producimos para trescientos / quinientos millones de habitantes, pero acá tenemos algunos sectores con hambre; que está basada en la exportación de los minerales, en el oro, metales preciosos, que está basada en la exportación del petróleo y del gas, y que, además, en el caso del petróleo y del gas se hace a simple declaración jurada de cada uno de los protagonistas, los que no tienen control del Estado. Siempre digo lo mismo: es como si nosotros fuéramos al supermercado durante todo el mes y a fin de mes pasamos por la caja a pagar y dijéramos “este mes nosotros nos llevamos mercaderías por tanto valor”, sin control alguno.

El setenta por ciento de la divisa de exportación del petróleo y del gas no pasa por el Banco Central. Las empresas pueden hacer lo que quieran, es una apropiación. no es sólo una concesión por una determinada cantidad de tiempo.

Si me meto en el tema tarifario podría estar un largo rato. Tenemos una tarifa estructurada en la década del noventa a valor dólar, donde el más pobre paga más que el rico y lo voy a mostrar con un solo ejemplo, porque es un largo tema: todos tenemos que pagar el mismo canon fijo, en la factura, dos, cuatro o seis pesos, pagamos exactamente igual los que consumimos diez, cien o mil kilowatts. Si uno viera esa proporción, quien paga más son los sectores populares, que sostienen a los sectores de mayor desarrollo económico y social.

Está basada en valor dólar porque después del proceso de la convertibilidad nunca se rediscutieron los acuerdos que exigió la Ley de Emergencia Económica, para que se hicieran con las empresas multinacionales.

Si hablamos del uso de la energía en términos de eficiencia, también nosotros entramos a ver contradicciones muy grandes y lo mismo el gobierno cuando cree que esa eficiencia pasa por apagar las luces a las dieciocho horas en los ámbitos oficiales, en los edificios públicos, o cambiar las lámparas incandescentes por las de bajo consumo.

Cuando eso hacemos, lo que estamos haciendo es trabajando para la tribuna y engañando, porque esto lo hacen en Cuba que es dueña y propietaria de los recursos energéticos, lo pueden hacer en Venezuela, o Bolivia, por el mismo motivo, pero nosotros no lo podemos hacer mientras tengamos 95% del patrimonio energético en manos de las multinacionales extranjeras, no tiene sentido y mientras exista el concepto de mercado en el ámbito energético no hay posibilidad de hacer un uso racional del tema de la energía, es imposible.

Además debería ponerse, como prioridad central, parar la exportación de petróleo, la exportación de gas, aunque ya no tenemos y hay que importar cada vez más.

Se han hecho contratos de importación con Qatar por veinte años por cincuenta mil millones de dólares, ese acuerdo es secreto, no se saben sus términos; hay un contrato por veinte años para que Bolivia nos exporte veintisiete millones de metros cúbicos de gas por día, está exportando siete millones, el año que viene dice que se compromete a exportar once millones pero nunca llegamos con lo que necesitamos para que no haya cortes, para que precisamente no suceda lo que viene sucediendo todos los inviernos.

Tenemos problemas. En el verano tenemos problemas, tenemos problemas en el otoño, tenemos problemas cuando hay agua, tenemos problemas cuando no hay agua, cuando hay sequía: eso es crisis.

Muchos no saben, pero nuestro país está inundado con “moto generadores”. Son esos equipitos chiquitos que no tienen un megavatio de potencia para generar, son equipos que se utilizan cuando hay un apagón; que se utilizan rápidamente montados en un vehículo para ir a dar solución ante la falta de energía eléctrica (a un hospital, a una clínica, a los bomberos, a la policía), una emergencia; y se pueden utilizar un par de días, gastan quinientos litros de diesel por hora, son carísimos, contaminan, hacen ruido, tienen todo en contra, más de setecientos megavatios en el país están instalados con esos moto generadores, contaminando, haciendo ruido y gastando el dinero que no tenemos.

Por eso los subsidios en el ámbito de la energía son de miles de millones de pesos y cada vez más, y más, y no alcanzan porque no hay una política energética en función de los intereses del pueblo argentino, porque precisamente el Estado no planifica y no se hace cargo de un tema vital como este.

Finalmente, nosotros lo que decimos, en línea con nuestra propuesta de la Central, de las transformaciones, del cambio del modelo productivo, en función de las transformaciones necesarias para el desarrollo de un país para todos, tenemos que recuperar el patrimonio nacional en manos del Pueblo. Para eso, primero, hay que nacionalizar el Estado, porque este Estado hasta ahora ha sido un “socio bobo” de las multinacionales. Para que no siga siendo el “socio bobo” de las multinacionales hay que nacionalizarlo. Y después, transitar el camino de la recuperación de nuestro patrimonio.

No puede ser que nosotros, que tenemos varios objetivos alcanzados, que fuimos capaces de extraer el petróleo cuando se descubrió a principios del siglo pasado, que fundamos la primera empresa estatal petrolera, hicimos uno de los gasoductos más largos del mundo, desde la Patagonia a Buenos Aires, entre otras tantas cosas que logró el Pueblo Argentino, y gracias a ese desarrollo y a las inversiones que hicieron esas Empresas Estatales se desarrollaron muchas regiones del país, no puede ser hoy que estemos en esta situación: en donde antes estaba YPF, ahora hay una tapera.

Necesitamos dar vuelta esa página. Junto con las demás cosas que necesitamos transformar, necesitamos transformar esta realidad, porque si no transformamos esta realidad no vamos a tener soberanía, no vamos a tener autonomía, no vamos a tener manejo de valor estratégico, la energía va a seguir siendo un commodity y no un bien social y menos todavía va a ser un derecho humano. Está en nuestras manos, de nosotros depende y les tenemos que ganar al enemigo la batalla cultural, en primer lugar.

Alocución de José Rigane en un seminario realizado en el local del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA) el 22 de septiembre de 2011

sitio desarrollado en SPIP