Hacia un nuevo modelo sindical
Sábado 30 de septiembre de 2017, por Hugo "Cachorro" Godoy *
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Reclamamos la aparición con vida de Santiago Maldonado porque es de extrema gravedad que nuevamente en democracia tengamos un desaparecido. Y más aún que, como sucedió en el caso de Jorge Julio López, sean las instituciones de seguridad del Estado Nacional las que están en el foco de la mira como responsables de esas desapariciones.

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* Secretario General de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA). Miembro del Consejo Ejecutivo Nacional de la CTA Autónoma

Los gobiernos neoliberales, como el que tenemos, encubren la supervivencia del Estado Terrorista dentro de las estructuras del Estado democrático. Y lo hacen porque esa supervivencia es utilizada para el control social. Por eso no podemos despegar la desaparición de Maldonado de la lógica gubernamental de que los planes de ajuste no cierran sin represión.

Pero frente a estas políticas antipopulares siempre surge la extraordinaria capacidad de respuesta de nuestro pueblo. La movilización del viernes 1º de septiembre por la aparición del compañero Maldonado, tanto en Plaza de Mayo como en todo el país, demostró -al igual que con el fallo de la Corte Suprema de “Injusticia” con el 2 x 1- que ante cualquier intento de impunidad, nuestro pueblo sale a la calle a enfrentarlo.

De todas esas convocatorias participamos como ATE y CTA porque estamos convencidos de que la unidad se construye en las calles luchando. Así lo hicimos cuando las organizaciones sociales nos convocaron a participar de la movilización del pasado 7 de agosto, bajo la consigna “tierra, techo y trabajo”, para exigir que se cumpla con la Ley de Emergencia Social y se apruebe una Ley de Emergencia Alimentaria.

O como acompañamos a la CGT en la marcha a Plaza de Mayo el pasado 22 de agosto para enfrentar las políticas de ajuste, más allá de las idas y venidas del triunvirato cegetista, y resistir la Tercer Reforma del Estado.

Pero esa vitalidad democrática que tiene nuestro pueblo de salir a las calles a resistir debe enfocarse también en la elaboración de propuestas alternativas para construir una democracia de nuevo tipo que cuestione las estructuras del Terrorismo de Estado funcionando a su interior y a las políticas de los que gobiernan para las minorías.

De esa vitalidad debemos inspirarnos también para construir un nuevo modelo sindical en la Argentina. Porque hoy no alcanza con ser honestos y combativos.

Debemos ser capaces de construir nuevos espacios de organización y protagonismo de la clase trabajadora para desafiar este sistema capitalista y las políticas de un gobierno que nos sojuzga y nos explota.

Debemos ser capaces de pensar cómo el pueblo puede gobernar este país, cómo dejar de delegar e imaginar una mejor organización de la vida democrática. Debemos modelar las nuevas organizaciones del pueblo para poder modelar también nuevas instituciones del Estado, nuevas modalidades de gobierno.

Y para ello debemos reinventar nuestra organización, debemos adaptar nuestro Estatuto a la etapa histórica que nos toca vivir. Un estatuto que fue reformado hace 27 años y que permitió convertir a ATE en una insignia del nuevo modelo sindical. Necesitamos una reforma que nos permita tener mayor protagonismo y mayor capacidad de decisión, donde haya verdadera equidad de género, donde los jóvenes no sean solamente el futuro sino que protagonicen el presente, donde las grandes decisiones se consulten por plebiscitos. Un estatuto que profundice la democracia sindical, de nuevo tipo pero que no sea fruto de algunos iluminados sino del debate, de la discusión en asambleas, de la opinión de todos.

Claro que hablar de mayor democracia y de nuevas ideas es algo que nos mueve el piso, nos altera las estructuras tradicionales. Nos obliga a abrir la cabeza hacia nuevos horizontes, a nuevos límites. Y para eso es necesaria la formación y autoformación de los dirigentes. No podemos aspirar a crecer en organización, en seccionales en cada municipio del país y en afiliados si no somos capaces de crecer como militantes para asumir ese desafío, para estar a la altura de nuestras sueños. Si no somos capaces, en síntesis, de transgredir los límites que nos impone el sistema establecido.

Estoy convencido que no hay reinvención de ATE y la CTA, no hay cambios en el estatuto, no hay mayor democracia si no tenemos la garantía de que haya delegados en todos los sectores de trabajo porque el cambio está en el colectivo. Y nuestra obligación es que ese colectivo crezca en la capacidad de intervenir en decisiones que nos favorezcan a todos, más allá de las diferencias, más allá del internismo.

En estos días hicimos una experiencia nueva en ATE donde juntamos a los trabajadores de las distintos sectores de Energía (hidrocarburos, mineras, eólicas, nucleares, etc) y de Medio Ambiente con organizaciones que pelean por los bienes comunes y contra el extractivismo. Y sin duda que hay diferencias y distintas posturas pero esas diferencias no se resuelven con la negación del otro sino por la capacidad de construir espacios de debate y de nuevas síntesis como se vio en ese encuentro.

Así vamos a encontrar la fuerza para transitar esta etapa complicada y, por sobre todo, para hacer nacer una nueva etapa, una nueva rebelión del pueblo argentino. Eso llevará mucha dedicación, tiempo y esfuerzo para la gestación de nuevas organizaciones, de nuevas conciencias, de nuevos desafíos.

Porque para reinventarnos en ATE y la CTA, para tener un nuevo modelo sindical, para aspirar a una democracia de nuevo tipo hay que crear, no alcanza con administrar lo que tenemos. Hay que crecer, multiplicarse y para eso se necesitan nuevas formas de organización, de participación y de vida democrática al interior de nuestras organizaciones.

Hay que repensar una estrategia desde los trabajadores para liberar nuestra nación e integrarnos con el conjunto de los pueblos de Latinoamérica en ese sueño inacabado de construir la Patria Grande.

De esos sueños y de esas luchas tuvimos la oportunidad de hablarle al Papa Francisco en una reciente visita que realizamos al Vaticano junto a Carlos Custer y Oscar de Isasi.

Allí le hicimos entrega de nuestra mayor distinción, la medalla al Mérito Militante Germán Abdala, en contribución a su lucha constante contra las injusticias del capitalismo, la pobreza y la carrera armamentística. Francisco envió una bendición, más allá de las distintas creencias, para todos los trabajadores del Estado y nos alentó a seguir con fuerza nuestras luchas cotidianas. Así será.

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