MERCOSUR–UE : Acuerdo para qué y para quién
Sábado 23 de septiembre de 2017, por Adolfo Aguirre *
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Desde aquí y hasta diciembre, la mayor preocupación de los Estados miembro del MERCOSUR y principalmente de Mauricio Macri parece ser concretar, en el marco de la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Buenos Aires, el tan ansiado acuerdo de negociación entre el bloque MERCOSUR y la Unión Europea.

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* Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA Coordinador del Foro por los Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud de la Provincia de Buenos Aires

Ante esta pretensión, desde el movimiento trabajador cabe poner en claro cuáles son los peligros que acechan y las áreas de influencia de este posible acuerdo.

Tras veinte años de idas y vueltas, y con la victoria frente al ALCA en la memoria, el acuerdo de asociación entre ambos bloques aparece teñido de nuevas discusiones. Hasta hace algunos años la principal amenaza consistía en el fantasma del libre comercio de bienes que destruyera la industria local y con ello el trabajo, a manos de la libre importación vía baja de aranceles. Hoy es necesario ver más allá y prestar atención a tres áreas que aparecieron especialmente destacadas en los tratados de comercio de nueva generación y han sido incorporadas a la agenda de los negociadores de ambos bloques sin mucha resistencia: comercio de servicios, propiedad intelectual y solución de controversias. Esto delata el lobby de las grandes corporaciones multinacionales que están detrás del acuerdo.

Al día de hoy, los trabajadores seguimos exigiendo conocer el contenido de las ofertas y los capítulos que se están negociando. Tanto desde nuestra central, como desde la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur venimos sosteniendo el pedido de transparencia respecto de los actores productivos involucrados en el acuerdo de asociación. A pesar de los compromisos asumidos por los jefes negociadores, la información permanece oculta y sólo podemos acceder a datos extraoficiales fragmentarios respecto de las ofertas intercambiadas. A ello se suma una doble ausencia: de análisis de impacto económico por parte del MERCOSUR en torno a un posible acuerdo y de un capítulo dedicado especificadamente a la materia socio-laboral en lo negociado hasta el momento. Así, se configura un panorama de alta incertidumbre y riesgo para el movimiento trabajador del Cono Sur.

El signo político de los gobiernos de Brasil, Argentina y Paraguay, junto con la ambivalente posición del gobierno uruguayo favorecen las malas sensaciones en torno al posible acuerdo. En particular, el gobierno nacional ve en el acuerdo la oportunidad de seducir a los inversionistas que no llegan al país y cuyo arribo ha pronosticado desde su asunción a través de la idea de “volver al mundo”. Mientras tanto, el MERCOSUR no da señales de sostener las clausulas de trato especial y diferenciado (TED) que favorezcan al bloque a partir de las asimetrías de competitividad y productividad entre Norte y Sur. De este modo, enfrentamos el riesgo de que la Unión Europea, bloque de mayor especialización productiva y desarrollo previo al acuerdo, concentre los beneficios.

Pero como dijimos antes, no se trata solamente de una discusión sobre el comercio de bienes: de la mano del lobby empresarial que favoreció la revitalización del espacio de la OMC en los últimos meses, hoy entran por la ventana las discusiones sobre el comercio electrónico y los bienes, la propiedad intelectual (patentes) y la solución de controversias. Esto pone sobre el tapete no sólo la dirección de los asuntos económicos, sino la defensa de la vida y los derechos, como así también la soberanía de nuestros pueblos. En estas tres materias se cifran los peligros para el MERCOSUR. En lo que atañe a la propiedad intelectual, se trata de un área que puede afectar sensiblemente la elaboración de medicamentos y agroquímicos, en la cual el bloque ha dado el brazo a torcer con respecto a su comportamiento en el pasado porque permitió negociar un capítulo específico sobre propiedad intelectual. Respecto de la solución de controversias, si bien persisten las posiciones encontradas entre ambos bloques, aún no se ha dicho la última palabra. El principal riesgo consistiría en la aprobación de un mecanismo que permita el arbitraje entre inversores y Estados, colocando a los privados extranjeros en igualdad de condiciones para litigar contra los Estados y reduciendo así su soberanía. Por último, el advenimiento del comercio electrónico en relación con las telecomunicaciones pone en jaque la capacidad de regular los millones de datos que se trasladan vertiginosamente por los canales de corporaciones privadas.

En síntesis, el MERCOSUR no es hoy el mismo que hace veinte años, tampoco lo son las tecnologías, las corporaciones, los Estados ni las tendencias de la globalización. Esto significa que de no defenderse los intereses soberanos de nuestros pueblos, un acuerdo de asociación con el bloque europeo podría ser aún más riesgoso que el derrotado ALCA. Esto no sólo porque algunos estudios de impacto plantean escenarios negativos en términos del saldo comercial entre los bloques, sino precisamente por los nuevos temas que incorpora el acuerdo hoy. La discusión pasa a ser también una discusión sobre soberanía, ya no solamente sobre comercio y desarrollo. En este sentido, desde los trabajadores y trabajadoras de la región sólo podemos pensar la asociación y el intercambio con otras regiones en estrecha vinculación con la defensa de nuestra soberanía y el bienestar de nuestros pueblos. Por ello y tal como lo hicimos en el 2005 para decir No al ALCA, estamos uniendo fuerzas una vez más para reivindicar la defensa de estas banderas en la Jornada Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo en la ciudad de Montevideo en el mes de noviembre. Como así también lo haremos de cara a la Conferencia Ministerial de la OMC en el mes de diciembre en Buenos Aires, para dejar en claro que ni nuestro presente ni nuestro futuro se negocian.

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