Reconquistar Soberanía
Jueves 2 de agosto de 2018, por Juan Carlos Giuliani *
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A casi 35 años de democracia raquítica y excluyente, nuestro país sigue padeciendo hambre, desigualdad, injusticia y una marcada falta de soberanía en todos los órdenes. La tutela institucional -presa de las formas y el protocolo- no logra perforar el techo del posibilismo para avanzar en un cambio en serio que devuelva la esperanza al pueblo de que se puede vivir mejor.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

Después de las sonoras puebladas de diciembre de 2001, el sistema capitalista dependiente ha recompuesto su hegemonía con un alto nivel de síntesis en cuanto al discurso y la práctica que ejecutan las clases dominantes. El PJ, la UCR y el PRO constituyen el entramado político partidario que da cobertura al Pacto de Gobernabilidad que permite a los grupos de poder seguir apropiándose de la parte del león en la Renta Nacional.

Mientras la clase política mediática se entretiene en las disputas internas con vistas a las elecciones de 2019, los verdaderos dueños de casi todas las cosas siguen acumulando poder a un ritmo frenético.

Para explicar este punto, nada mejor que una cita Maradoneana: "Billetera mata galán". Ajenos a las cavilaciones en el seno del Gobierno que llama "tormenta" a la crisis, se acollara al FMI, y sigue prometiendo "brotes verdes" en una economía recesiva y con una inflación por las nubes, los barones del capital avanzan en un fenomenal proceso de concentración y extranjerización de la riqueza.

Está suficientemente probado que sin fuerza popular organizada, será imposible sortear el abismo de la desigualdad social. Los señores feudales, mientras se le garanticen sus privilegios, admiten a los políticos jugar a la ruleta electoral cada dos años y siguen apostando a este modelo de democracia formal que les permite llevarse “en pala” las ganancias extraordinarias.

Los trabajadores construyen, a partir del debate y los datos de la realidad concreta de todos los días, el consenso necesario para avanzar en medidas de autodefensa para que la crisis la paguen los que se enriquecieron a costa de su sacrificio. De lo contrario, lo que viene es más precarización laboral y más pérdidas de puestos de trabajo.

Las experiencias de la Marcha Federal, el FRENAPO, la Constituyente Social y tantas otras, implican un fuerte símbolo de transformación, ese que tantas veces balbuceamos pero que no hemos podido concretar. Ahora estamos en otra etapa, agredidos por una nueva oleada de revanchismo patronal. En este contexto desfavorable seguimos siendo minoría, aunque nos estamos organizando para ir a fondo con un proyecto de alternativa para reeditar una nueva experiencia de poder popular en la Argentina.

Tanto el Gobierno como la oposición consentida son obedientes con el poder real y, con suerte, algunos sólo proponen algún maquillaje a este régimen de saqueo y explotación. Nosotros aspiramos a modificar radicalmente la matriz productiva y de distribución de la riqueza y confrontar en serio con los que mandan en la Argentina.

La práctica genera conocimiento y si se analiza el estado de situación, podrá observarse que el conflicto social está en la calle y que uno no puede examinar los tiempos electorales al margen del desarrollo dialéctico de la correlación de fuerzas entre los dos bloques que están en pugna.

Queda claro que el poder está desesperado por encontrar quien le garantice la gobernabilidad de este sistema regido por la desigualdad. Para tener otro tipo de gobernabilidad, que responda a los parámetros de la justicia social, la democracia participativa y la soberanía sobre nuestros bienes comunes, debemos ser millones, organizados y conscientes.

La situación social de gran parte de nuestros compatriotas es desastrosa, como si por acá hubiera pasado un tsunami. Mientras siga habiendo políticas focalizadas seguirá creciendo el hambre. Si no hay políticas universales no hay forma de empezar a combatir la inequidad social que se resume dramáticamente en pobreza e indigencia.

Entonces cobra fuerza el contenido de una herramienta colectiva de profundo carácter ético y transformador que interpele a esta democracia formal y apunte a restablecer los estándares de igualdad, libertad y fraternidad que alguna vez imperaron en nuestro país.

Aunque no es muy considerada por la historia oficial, el 12 de agosto de 1806 no es una fecha más en el calendario de la memoria popular. Concluía la Reconquista de Buenos Aires. Tras una encarnizada lucha por las calles de la ciudad, los ingleses debieron rendirse a discreción. Habían desembarcado en Quilmes el 25 de junio con una poderosa escuadra comandada por sir Home Popham y más de 1500 hombres al mando del general Guillermo Carr Beresford habían tomado tierra.

Recuperar el espíritu de los pioneros. Recobrar el uso soberano de nuestros recursos. De eso se trata. Así como en la etapa de defensiva estratégica de los ’90, cuando Menem, Cavallo y compañía nos decían que las ideologías habían muerto, la CTA impuso el Nuevo Pensamiento como un espacio de reflexión y organización en el que no sólo demostramos que no habían desaparecido, sino que se seguían imponiendo ideologías contrarias a los intereses populares.

En esta etapa necesitamos recrear un Espacio de Pensamiento, pero también de acción, que nos vaya explicando lo que estamos haciendo, tanto en lo estrictamente sindical como con las políticas de más largo alcance, para empezar a tener una fuente argumental que nos permita llevar este debate a lo largo y lo ancho del país.

No se trata de un laboratorio de ideas sino de sacar de nuestra propia experiencia las líneas centrales que nos permitan ir articulando una visión más genérica de lo que está pasando en nuestro país, en Latinoamérica y en el mundo desde la perspectiva emancipadora de los trabajadores.

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