Seguimos en lucha
Sábado 24 de noviembre de 2018, por Viviana García *
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El 25 de noviembre Día Internacional contra la Violencia de hacia las mujeres.

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* IFCI y Secretaria de Cultura CTA A Nacional.

“Mediante el trabajo ha sido como la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizar una libertad completa”

Simone de Beauvoir.

La violencia de género es, una de las de las violaciones de los derechos humanos más extendidas. Cada 25 de noviembre se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género, que fue declarado por la Asamblea General de Naciones Unidas con el objetivo de sensibilizar a la sociedad respecto a este problema que cada día cobra más y más víctimas.

Existen varios motivos por los que esta fecha se hace imprescindible en el calendario. El primero de ellos es porque el 70 % de lxs mujeres de todo el mundo sufre algún tipo de violencia a lo largo de su vida. En lo que va de año son 255 el número de víctimas que se ha cobrado la violencia machista en la Argentina.

Datos a nivel mundial desde ONU Mujeres

Muchos son los movimientos mundiales que se ha realizado a lo largo de los últimos años en apoyo a la eliminación de la violencia contra lxs mujeres son: #NiUnaMenos, #MeToo, #TimesUp… Según la ONU, una de cada tres mujeres sufre violencia en todo el mundo, y ningún país se libra de esta pandemia. Una lacra social que debemos erradicar a base de la prevención y de concienciación así como animar a todas las víctimas que al menor atisbo de violencia no se callen. Que hablen. Que denuncien. Todos los 25 de noviembre, tanto a nivel nacional como internacional, logramos que durante al menos un día al año esta lucha sea más visible; aunque la lucha sea diaria siempre por y para las víctimas.

Mi experiencia con género y con el “feminismo” no viene de muchos años. Comencé con la Internacional de Servicios Pùblicos (ISP) en el Comité de mujeres hace más de 13 años. Inicié un camino ininterrumpido que me ha llevado a representar a ISP en Ginebra como “trabajadora“ en el debate crucial sobre “Violencia y acoso” en el mundo del trabajo”. Un debate con final abierto que esperemos se resuelva en la próxima reunión de OIT en 2019.

En este camino sigo construyendo un proceso personal, ideológico y cultural, de transformación, que me ha llevado en este momento a hablar de las mujeres, de los género(s) y de la fuerza colectiva capaz de terminar con el patriarcado que no es más que el modelo extractivista, de explotación, de despojos que nos oprime.

¿Cuántas violencias y acoso sufrimos?

Física, psicológica, sexual, económica, obstétrica, reproductiva, mediática. ¿Quiénes determinan que no somos iguales? Que no podemos decidir sobre nuestros cuerpos, que no podemos “desear”, qué debemos cuidar y reproducir a la fuerza de trabajo que también es usada y explotada por este mundo capitalista.

¿Los hombres, Dios, las religiones, la cultura, la heterosexualidad binaria, el capital, la explotación, la división sexual del trabajo? ¿Los esteriotipos de género(s)?

Las violencias y el acoso son un continuo de acciones y son la herramienta clave de este mundo desigual para oprimir, controlar y dominar.

La eliminación de estereotipos y prejuicios de género requiere transformaciones en las creencias sobre las formas de ser, actuar y pensar de mujeres y varones. Estas transformaciones involucran especialmente a lxs varones: si bien lxs mujeres son las que padecen la desigualdad y la discriminación, los varones son en general quienes las alimentan. En este marco el empoderamiento es fundamental, si bien no suficiente. Las mujeres deben poder elegir libremente un acceso pleno a todos los ámbitos de la vida Es decir, poder erradicar el doble estereotipo –la división sexual del trabajo al interior de los hogares y al interior de sus instituciones– sin sesgos que determinen sus funciones simplemente por ser mujeres.

Un paso fundamental para romper estereotipos sobre las capacidades asociadas a lo masculino y lo femenino es visibilizar contextos institucionales y formativos en los cuales los estereotipos se construyen, reproducen y visibilizan.

¿Cómo lograrlo?

Seguir construyendo colectivos feministas y colectivos feministas de trabajadorxs.

Lxs mujeres sufrimos todo tipo de violencia siendo la violencia doméstica y la de la libertad sexual las que más víctimas produce, pero también tenemos que consolidar el reclamo de la violencia y acoso en el mundo del trabajo para que ese espacio nos dignifique y nos iguale. Lxs empleadores (tanto privados como públicos) deben reconocer, proteger, promover a todxs lxs grupos vulnerables (mujeres, LGTBQI, migrantes, afrodescendientes) por un mundo del trabajo de violencia “cero”.

Los sindicatos debemos proceder de la misma forma, siendo conscientes de que debemos incidir, con políticas, con cambios al interior de los sindicatos para construir, co-construir un colectivo de trabajadores donde haya respeto, donde reconozcamos que somos otrx, y que hay un legítimo otrx al que hay que reconocer y respetar. En la medida en que yo reconozca al otro, a mi compañerx, a mi par, es la única forma que tengo de que nos reconozcamos juntxs, de que co-construyamos juntxs, que hagamos visible lo invisible, que denunciemos.

Las mujeres, los grupos LGTBIQ sabemos articular colectivos, tenemos una gran experiencia. No podemos dejar esta gran ola de movilización que hay en el mundo, este “movimiento de mujeres”. la “marea verde” de jóvenes que sea aplastado ¡Hay que seguir y seguir!

Saquemos el patriarca que tenemos desde hace miles de años, el patriarca propio, que es nuestro peor enemigo; democraticemos nuestros espacios comunes respetándonos en las diferencia, estando en la calle, y construyendo la masa crítica que va a lograr la diferencia y cambiar este mundo por otro mundo mejor, otro mundo posible y un mundo justo. Un mundo del Buen Vivir o del Vivir Bien.

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