Ponele la firma a la movilidad de los jubilados
¿Viejo? ¡Las pelotas!
Miércoles 13 de agosto de 2008, por Arturo M. Lozza *

Son la generación de jubilados más castigada, dieron ejemplos en la resistencia y continúan movilizados. Hoy están ante otro desafío: la campaña nacional por las 450.000 firmas para la movilidad de los haberes. Es una lucha de todos.

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Cuando los jubilados hacen balances acerca de sus vidas, les aprieta esa aguda sensación de que los años van pesando más; que los tiempos pasan demasiado rápido, muy rápido, y que, en cambio, los ingresos no se mueven, ajustan fuerte el cinturón, ahogan estómagos y desesperan. No es muy distinto lo que perciben los veteranos que están en actividad. En ellos, la ilusión de jubilarse ¿en qué esquina quedó perdida?

Hoy, castigados por años con salarios en negro y con aportes que no se hicieron porque quedaron en los bolsillos de la patronal, existen millones que no quieren jubilarse porque la asignación que percibirán será la soga al cuello que los precipitará a una pobreza mayor. Y cuando ven a los que ya están jubilados, no encuentran motivaciones que alienten esperanzas porque más del 60% de ellos deben sobrevivir con veinte pesos diarios, veinte pesos de los cuales deben salir el sustento, los gastos de medicamentos, el pago de servicios…

Luis Cortadi, aquel que fuera uno de los líderes de la resistencia a la liquidación de los ferrocarriles, y ahora presidente honorario de la Mesa Coordinadora de Jubilados, se queja porque –dice- la jubilación mínima se ubica “por debajo de la línea de pobreza. Es una vergüenza, ese dinero no alcanza ni para diez días, y para vivir hay que pedirle a los hijos o a los vecinos, cuando el Estado, mientras tanto, tiene recursos, tiene superávit para mejorar la situación”.

Estamos hablando de la generación de jubilados más castigada de la historia argentina, es la que atravesó los golpes y contragolpes de Estado, la que vivió las represiones de los genocidas, la que fue flexibilizada, la que sintió la angustia de la desocupación, la que vio el saqueo al PAMI, la que fue convertida en “inversores” para ser víctima de la mayúscula estafa de las AFJP. ¡Cuántas vicisitudes en medio siglo!

Miran a su alrededor y comprueban cuánto se ha perdido de aquella cultura del trabajo, ven familias destrozadas por las migraciones del hambre, ven nietos con desnutrición y bajos niveles de aprendizaje. En fin, dan testimonio de lo que ha dejado el neoliberalismo. Pero ¡cuidado! “no somos los abuelitos, no somos los viejitos tiernos, ¿viejitos?, ¡las pelotas! Somos los trabajadores que hoy estamos como jubilados. Podemos y debemos seguir luchando porque somos parte de la historia y porque queremos vivir con un sentido antiimperialista, con un sentido de soberanía y con un sentido de dignidad. Con algo que nunca vamos a perder, que es la fuerza de los que no se resignan, para lograr ese país distinto que todos queremos”, nos advierte Elías Moure, de la Federación de Trabajadores Jubilados (FeTraJub-CTA).

Con ese espíritu, protagonizaron ochocientos marchas los miércoles durante más de quince años exigiendo justicia, y son los de la resistencia que hoy, con años a cuestas y con una fuerza digna de ser imitada, siguen movilizados.

Ahora estamos ante un nuevo desafío: conquistar la movilidad en los haberes para los jubilados. Para ello, la CTA y el conjunto de organizaciones que conforman el Foro en Defensa de la Seguridad Social nos convocan a juntar 450.000 firmas para lograr el tratamiento de la movilidad en el Congreso, de acuerdo al artículo 39 de la Constitución.

Los diputados Claudio Lozano –miembro de la Mesa Nacional de la CTA- y María América González presentaron en esa dirección un proyecto en la Cámara Baja con el propósito de que se trate dentro del año, Aunque las organizaciones de la CTA tienen en sus plataformas reivindicativas el 82% móvil para los jubilados, no se trata sólo de una lucha parcial de un gremio o de un sector, no se trata de una mera cuestión de Presupuesto, es parte de la lucha de todos los trabajadores por una justa distribución de los ingresos.

Y así lo señaló la CTA cuando llevó el tema hace pocos meses a la Corte Suprema de justicia: “Consideramos que la movilidad jubilatoria -remarcó- no puede depender de los recursos que en más o en menos se asigne en el Presupuesto Nacional cada año, debe fijarse sobre la base de criterios permanentes, consistentes en un coeficiente de actualización de los haberes que permita mantener el valor de las jubilaciones, asegurando su proporcionalidad con las variaciones salariales de los trabajadores activos”.

“En este sentido –puntualizó el escrito- es imprescindible recomponer los derechos vulnerados por las sucesivas leyes que en honor a la emergencia económica arrasaron derechos adquiridos violentando el texto de la Constitución Nacional e innumerables tratados internacionales sobre derechos humanos incorporados en la reforma Constitucional de 1994”.

Según el Foro en Defensa de la Seguridad Social, actualmente, la Argentina tiene más de 2 millones de jubilados que perciben $640 pesos, cantidad que no les alcanza para vivir dignamente si se toma en cuenta el incremento de los insumos que conforman la canasta familiar y de los productos farmacéuticos. Ante tal panorama, no existen soluciones parciales ni casos aislados. La cuestión es política, es parte de una puja distributiva y el Estado debe y puede tomar las medidas para que el derecho a la movilidad sea una práctica permanente.

La convocatoria a conquistar esa movilidad es urgente. Cada uno debe estampar su firma y su documento, y no solo para sobrepasar las 450.000 firmas necesarias, sino para indicar que el de la movilidad jubilatoria tiene que ser una de las prioridades políticas del momento y hay que instalarlo en el centro del debate publico.

Para esta gran Campaña Nacional por las 450.00 firmas se tomó la iniciativa de aunar la lucha y formar un comité para el seguimiento en todos los distritos de las planillas con las rúbricas. Raquel Márquez, coordinadora del Foro, llamó a instalar en todas la organizaciones de la Central el tema de la Movilidad Previsional y a “concientizar a todos los compañeros trabajadores activos sobre la necesidad del apoyo a esta lucha que llevan los jubilados durante tantos años”.

¿Cómo implementar la movilidad? El haber debe ser sustituto del salario, o sea el 82 % móvil con referencia a los convenios colectivos de trabajo, y en su reglamentación debe incorporarse a los trabajadores y jubilados, con presencia del Estado, para que establezcan la movilidad, asegurando así la no manipulación de datos.

Esta medida debe ser parte de una política que modifique la concepción del sistema provisional imperante en nuestro país, sistema que está signado por la improvisación más absoluta. Se partió con leyes –como la 24.241 y la 24.463- que son la negación de la seguridad social y se las quiere remendar con parches para que, en el fondo, no cambie nada.

Explica el doctor Horacio Ricardo González, asesor de la CTA y miembro de su Observatorio del Derecho Social- que “el artículo 7 de la ley 24.463, que ha sido el mecanismo utilizado por los gobiernos para vaciar de contenido al sistema de movilidad de las jubilaciones y pensiones garantizado en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, prohíbe taxativamente que la movilidad pueda consistir en una determinada proporción entre el haber de retiro y las remuneraciones de los activos”.

“La movilidad de las jubilaciones y pensiones –agrega- debe ser reglamentada a través de mecanismos de actualización permanente y objetivos que mantengan el valor adquisitivo de las prestaciones previsionales y permitan participar a los trabajadores jubilados en el crecimiento económico del país”.

Las citadas leyes, por el contrario, resultan instrumentos que priorizaron el negocio, la ganancia y olvidan que la seguridad social debe ser universal porque es un derecho humano fundamental, correspondiendo al Estado, por lo tanto, garantizar su cumplimiento. Nuestra Constitución Nacional no admite ninguna forma de previsión privada en el marco de la seguridad social. Debe ser integral y de alcance a todos los habitantes. Sus recursos son de naturaleza pública, cuyas recaudaciones tienen un fin determinado y solo deben ser utilizados para contraprestaciones actuales o futuras de los beneficiarios aportantes. Y así debe ser. Hacia esa dirección, estamos, pues, ante un nuevo desafío: lograr que la movilidad sea un hecho. Para eso, hay que ser parte: estampá tu firma.

La salud no es un negocio

El Foro en Defensa de la Seguridad Social convocó con urgencia a desplegar la Campaña por las 450.000 firmas por la movilidad, pero además pidió que se termine con el concepto de que la salud es un negocio y con la ineficiencia de las prestaciones médicas asistenciales y sociales. Hay que acabar –sostuvo- con la falta de camas en los hospitales públicos y en las terapias intensivas, basta de deambular para poder recibir la atención médica de especialistas, basta de demoras en los servicios de traslado ambulatorio y con la falta de entrega de insumos y prótesis en tiempo y forma, basta de demoras en las solicitudes de consulta para especialistas e intervenciones quirúrgicas.

Para Marcos Wolman, secretario general de la Mesa Coordinadora de Jubilados, “estamos atravesados por una política criminal por acción o por omisión. Los servicios médicos asistenciales no se efectúan por normas preestablecidas, cada uno procede a voluntad y en la mayoría de los casos solo transcriben recetas, y hasta los hay que cobran copagos; los turnos y las internaciones se consiguen peregrinando. No queremos expresar lo que pasa en los geriátricos, en las crónicas de los diarios se reflejan solo algunos casos del abandono que son objetos nuestros viejos. Los medicamentos sin cargo que debiera ser una norma, se consiguen apelando a los jueces. Y las ambulancias se parecen a los bomberos, llegan cuando el fuego ya lo destruyó todo”.

* Periodista

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