Narcotráfico en Río Cuarto, Córdoba
Un castillo de naipes que empieza a derrumbarse
Viernes 8 de febrero de 2019, por Corresponsalía Río Cuarto *
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Drogas, un narco muerto y las pruebas del sicariato. Lavado y protección de las fuerzas de seguridad. Un jefe policial detenido. Pasillos y oficinas, incendiados. Las sospechas de la participación sindical. Todo eso, en una ciudad de 170.000 habitantes.

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La ciudadanía comienza a conocer la trama que rodea a un negocio mortal, ese que sólo se ve en películas o series de TV. Tal vez, lo que escapa de la atención, es aquel mensaje que nos propone que las historias están “basadas en hechos reales”. Si bien el narcotráfico existe, no se lo observa ni expone. Nos preguntamos por qué sabemos detalles de la vida de Pablo Escobar y no sobre los jefes narco que circundan los ámbitos más públicos de nuestra ciudad. Eso sí, están en las sombras y saben cómo protegerse. Pero el giro en esta realidad oculta sucedió hace dos semanas, cuando Claudio Torres fue acribillado frente a su casa. Allí se encendieron las alarmas.

Era el momento de actuar, para la Justicia Federal, con casi 50 allanamientos en pocas horas. Detenidos por doquier y con una larga lista de nombres sospechados de participar en lo que se ha definido como “narcolavado”, drogas y dinero, un imperio de droga en el “Imperio del Sur Cordobés”. Podríamos describir uno por uno a estos personajes, quienes se encuentran detenidos a disposición de un juez que otorgue su libertad o firme su sentencia. Pero vamos a concentrarnos en quienes consideramos partícipes claves de una historia que encuentra muy de cerca a los dos extremos de la ley.

Andrés y Mariano. Los hermanos Rivarola. Dueños de un negocio de comidas, más precisamente una pollería. Allí se dedicaban a lo que puede marcarse como “actividad lícita”. Sin embargo, al hablar de causas que los investigan por lavado de dinero, suena familiar que su negocio hubiese actuado como fachada de acciones vinculadas al otro delito que motivó su detención: narcotráfico. Suena hasta gracioso el grado de coincidencia con la ficción, de aquella serie tan popular llamada “Breaking Bad” y el negocio de un narco cuya fachada era una pollería llamada “Los Pollos Hermanos”. Pero los Rivarola construyeron un imperio, a su manera, haciéndose lugar entre la competencia, con un negocio que -según datos de la investigación- llegaba a recolectar 1 millón de pesos a la semana. Los Rivarola, por un lado, posicionándose entre un mercado que ya tenía a varios participando. Como se dijo antes, compitiendo. La justicia espera esclarecer la sucesión de hechos que conectan a los Rivarola con la muerte de Claudio Torres. ¿Complicidad?¿Territorio?¿Limpieza? Varias son las hipótesis.

Johnatan Montserrat, mantenía una relación con la hija del ex jefe de la Policía Federal Delegación Río Cuarto, Sergio Almerich. Montserrat mantenía un negocio de venta de automóviles, una concesionaria. Sus negocios eran publicados a través de las redes sociales, con publicidades de los vehículos que ponía en venta. Una de sus últimas publicaciones en redes sociales fue un “quiz”, esas páginas que definen tu personalidad en base a datos ficticios. En la publicación, el sistema detectaba a Montserrat como autor de “106 pecados” y una bondad del 143%. En el ambiente nocturno de la ciudad, se lo conoce como un “aparecedor”. Es decir, aquel que está siempre pero aparece de vez en cuando. El vínculo con su actual pareja queda evidenciado en diferentes fotografías que ambos publicaron en redes sociales. Puede que su rol en la estructura criminal no sea el de jefe narco, pero la investigación de la Justicia apunta a sus negocios y las sospechas son las de lavado de dinero.

Montserrat

Un nombre que ha pasado desapercibido, pero que exige mayor atención, es el de Samuel Mansilla. Su detención resonó fuerte incluso en el ámbito del poder político y sindical. Pues Samuel, según publica el portal periodístico Otro Punto, es “un trabajador de la empresa recolectora de residuos y sería la mano derecha del secretario General de Surrbac, Jorge “Coco” Mercado. Según el sitio periodístico que sigue de cerca la investigación, Mansilla trabaja en un sector del sindicato que lo encuentra muy próximo de la juventud, incluso del trabajo social en copas de leche, entre las que destacan algunas instaladas en barrio Oncativo. Aún no ha sido confirmada su conexión con la causa Torres, pero las noticias generaron múltiples reuniones en las oficinas de Cotreco, empresa en la cual trabaja.

Por último, la “pata” policial: Gustavo Oyarzábal, ex jefe de investigaciones de la Unidad Departamental Río Cuarto. “Ex”, porque hasta hace algunos días continuaba en su cargo. Pero el pedido llegó desde arriba y debió iniciar su pase a retiro de la fuerza. En principio el policía pensó en que se trataba de una confusión, que no podía ser él. Con el pasar de los días, tomó conocimiento de que su nombre era manejado por la Justicia Federal. Su casa fue allanada y quedó detenido, dejando al descubierto su vínculo con alguno de los sospechosos. Sin embargo, su aparición podría relacionarse con lo ocurrido en 2011, cuando fue denunciado por connivencia con los Vargas Parra en la causa por la desaparición de Nicolás Sabena. Es posible especular, sin embargo, es más certero apelar a la lógica: si un jefe de investigaciones actuaba con vínculos hacia delitos como el narcotráfico, encima suyo debía haber superiores que estuvieran al tanto de los actos. Al parecer la rueda no ha frenado y la Justicia apuntaría a confirmar esto con la detención o imputación de ex jefes policiales.

Gustavo Oyarzábal

En estos nombres, junto con el de una decena más, reside quizá el caso más grande y escandaloso en años. Quizá este sea un hecho inusitado para una ciudad de 170 mil habitantes. Pero que quede claro, esto no es cosa del presente. Un “negocio” como este tarda años en hacerse efectivo, un imperio no se construye en un sólo día. Esta realidad se presenta ante nuestros ojos, día tras día, solo que no prestamos atención. Quizá tampoco salimos a ver lo crudo del presente, y desde nuestros televisores nos escandalizamos con los pibes que se matan entre ellos, explicándonos que pasa porque “son violentos y drogadictos”. La droga está a metros de cada uno de nosotros y es tiempo de ser conscientes de ello. Pero también, debe despertar a una sociedad adormecida que exija a sus representantes las respuestas y acciones necesarias, que pida explicaciones al porqué todavía la cúpula policial departamental sigue intacta, a excepción del área de investigaciones. Las vendas ya fueron quitadas de nuestros ojos. Quizá es momento de removerlas de nuestras bocas.

Fuente: www.retruco.com.ar

* Equipo de Comunicación de la CTA Río Cuarto

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