El “Cordobazo” visto y vivido en Río Cuarto
Miércoles 29 de mayo de 2019, por Omar Isaguirre *
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Una rancia concepción burguesa y mercantil hizo de Río Cuarto una plaza renuente y reactiva a cualquier manifestación de reclamos gremiales, adhesiones a paros o movilizaciones huelguistas.

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* Periodista, Historiador

Quizá una excepción por entonces fue la épica lucha de los bancarios en tiempos del Plan Conintes. Por eso, no dejó de llamar la atención que en vísperas del paro general del 30 de mayo de 1969 hubiera una masiva determinación de los sindicatos riocuartenses de acatar la medida de fuerza ordenada por sendas Confederaciones de trabajadores (Paseo Colón y Azopardo en cada caso).

Los cruentos sucesos del jueves 29 desarrollados en Córdoba fueron sorprendentes e impresionaron de sobremanera a los habitantes locales que se iban anoticiando casi exclusivamente por las radios, puesto que no aparecerían los diarios -ni “El Pueblo” ni “La Calle”- porque los Gráficos estaban plegados. Sólo existía el canal de cable con un precario “Teledos” de noticias. Vale decir, mientras Córdoba ardía el 29 en medio de los disturbios, en Río Cuarto reinaba la calma absoluta ante el desconcierto y la preocupación de quienes tenían hijos estudiantes en la capital provincial. “En Córdoba hubo un clima subversivo y planificado” razonará después en ministro del Interior, doctor Guillermo Borda, responsabilizando al marxismo-leninismo.

La decisión del Centro Comercial e Industrial, aconsejando a sus asociados el cierre de los negocios quebró una larga tradición de sempiternos rompehuelgas, en cierta forma mantenida hasta tiempos recientes. A la par, un grupo de abogados de cierta notoriedad en el ambiente, manifestaron su adhesión al paro, llamando a sus pares a igual acción.

Viernes de inactividad

La respuesta al paro del viernes 30 fue de un alto acatamiento en la ciudad, con alguna disparidad en sectores como bancos, municipalidad y tribunales. Pero, la falta de transporte urbano, comercios cerrados y servicios disminuidos hizo del centro un virtual desierto.

Los trabajadores de Río Cuarto estaban divididos en dos sectores desde días antes. Por un lado; con las firmas del Delegado Regional, Víctor Barrios de la UOCRA, y Juan Antonio Díaz, ferroviario y Secretario de Actas, desde el secretariado local de la C.G.T. de los Argentinos (liderada por Raimundo Ongaro), dieron a conocer un comunicado dirigido “a los trabajadores, estudiantes y al pueblo todo para felicitarlos calurosamente por la magnífica demostración y unión realizada en el paro nacional dispuesto por ambas Confederaciones (…) Agregaba: “Este 30 de mayo de 1969, jornada heroica, pasará a la historia del movimiento obrero argentino como el día 0 de la liberación nacional y popular..”. Por aquí se alineaban: ATSA (Ramón Varela), La Fraternidad (Reinaldo Correa), Municipales (Agustín Bosch).

Por otro costado, la masivaCoordinadora de Asociaciones Gremiales apenas reportó las decisiones de cada organización sindical sobre obedecer la huelga. Así los casos de: Cartoneros (Juan H. Rosales), Luz y Fuerza (Carlos Héctor Kohler), UOM (Egidio Gelain), AGEC (Miguel A. Ponzio), fideeros, panaderos, vestido, molineros… y demás.

“Los empleados de las ramas Ejército, Aeronáutica, Salud Pública, Agricultura, afiliados a la ATE acataron la medida en forma total llegando al ciento por ciento el ausentismo.” Es decir, ese día los cuarteles se quedaron sin civiles. ¡Una situación impensada e inédita..!.

Si bien no estaba prevista ninguna movilización, algún pequeño grupo de trabajadores y dirigentes se acercó al centro quizá más llamado por los rumores y la curiosidad, todos bajo discreta vigilancia de uniformados.

Algunos estudiantes también

Sí, volvió a llamar a la curiosidad, una movilización estudiantil que batía palmas y cánticos transitando por algunas calles y la Plaza Central. Aunque, la experiencia de la “Marcha del Silencio” de una semana atrás no se repitió. Ese viernes “Los establecimientos públicos abrieron sus puertas; en la Escuela de Comercio, la Escuela Normal y el Colegio Nacional Nº 2 el ausentismo fue elevado, llegando a un setenta por ciento, en cambio, el personal administrativo, docente y profesores concurrieron con asistencia casi perfecta”, decían los diarios.

El jueves 29 había circulado un panfleto, hecho a mimeógrafo, en la que el Centro de Estudiantes Secundarios proclamaba: “Defendamos nuestro derecho al estudio”, en tanto, acicateaba a los profesores: “Nuestro problema, es el vuestro”.

En otro perfil, las escuelas privadas: Cristo Rey, del Carmen, San Buenaventura y Escuelas Pías, quedaron sujetas al asueto previamente dictado por sus directivos, de modo que allí no hubo clases. No percatados de la noticia, algunos pocos alumnos del San Buenaventura se aproximaron a la puerta entornada del colegio. En eso estaban, cuanto apareció la figura del alumno Víctor Jesús Dama, del Colegio Nacional Nº 2 Remedios Escalada de San Martín, arengando para que se sumaran a la marcha que habría de cumplirse un rato después. No cosechó muchos adeptos. Apenas tres o cuatro alumnos de cuarto y quinto año.

La muerte del joven mecánico Máximo Mena, en Boulevard San Juan y Arturo M. Bas de la ciudad de Córdoba debido a la represión policial, fue un acto de máximo repudio y a la vez de exacerbación popular. En un primer momento se pensó que era un estudiante, después se aclaró que era militante radical, afiliado al SMATA y trabajador de la IKA en Santa Isabel.

En la movilización de medio centenar de estudiantes de la Escuela Normal a la plaza: “Sólo se registró un incidente sin importancia, alrededor de las 11, cuando en oportunidad que el director y la vicedirectora de la Escuela Normal se encontraban en la escalinata de entrada, uno de los dos únicos jóvenes –que luego fuera identificado- que se habían detenido en la vereda de enfrente, cruzó la calle y arrojó un petardo de relativo poder, que estalló en el hall de la escuela, no ocasionando sin embargo, nada más que un pequeño susto”, narraba el diario.

Inédita “Marcha de Silencio”

Más arriba citamos la “Marcha del Silencio”. Sucedió el miércoles 21 de mayo, llevada a cabo por un informal Centro de Estudiantes Secundarios de Río Cuarto, e incitada por la Escuela de Comercio, el Colegio Industrial y el Bachillerato Agro Técnico, como activo repudio por la muerte de los estudiantes: Juan José Cabral en Corrientes y Ramón Adolfo Bello en Rosario y frente a la generalizada agitación estudiantil también en Santiago de Estero, Buenos Aires, Córdoba. “Todo lo que altere la vida de las aulas será enérgicamente reprimido”, prometió el doctor Guillermo Borda, Ministro del Interior.

La juventud de todas las edades marchó en gran número desde las 5 Esquinas a la Plaza Roca, acordonada por “un formidable aparato policial desplegado por la Jefatura”. A ello su sumó el paro estudiantil del día siguiente, sin concurrencia a clase, generándose amenazas y amonestaciones por doquier.

El estudiantado y los jóvenes parecían despertar a una nueva realidad. Era otra generación de riocuartenses. Al paso de los meses, las fenomenales marchas reclamando por la Universidad Nacional ratificarían con creces ese concepto.

Es de recordar que Río Cuarto, tenía la Universidad del Centro, de carácter privado. En toda esta pueblada tuvo un riguroso y pérfido “mutis por el foro”.

Epílogo

El periodista Carlos Favre, columnista de “La Calle”, escribió: “No fue un capricho que los sectores populares cordobeses -aun aceptando que fueron incitados por la minoría extremista aludida por el Ministro del Interior- se lanzó a una acción de magnitud como la que se comenta (…) baste, solamente, tener en cuenta que en Río Cuarto, ciudad tradicionalmente calma y poco afecta a los movimientos de fuerza, el paro del viernes fue casi total -como no lo había sido nunca en muchos años- y que hasta el Centro Comercial e Industrial (la entidad madre, opuesta a las huelgas obreras por razones obvias), llegó a aconsejar el cierre de los negocios a sus asociados. Es que había un clima de resistencia, una profunda disconformidad popular con el gobierno, un disgusto que fue aprovechado por los heraldos de la violencia cuya tarea de incitación resultó por demás fácil. El mismo pueblo pacífico, que en anteriores ocasiones se había negado a transitar esa experiencia dura y peligrosa, entendió que había llegado el momento de hacerlo, irremediablemente, al quedar cegados todas las otras vías disponibles para canalizar sus justificadas inquietudes…”

Una pinturita el comentario. Así vivía y pensaba el riocuartense medio de entonces. Difícilmente un periodista pudiera escribir algo diferente.

Fuente: www.retruco.com.ar

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