Entrevista con Cristophe Dejours
Producir más y más rápido
Viernes 21 de junio de 2019, por Inés Hayes *
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Invitado a Buenos Aires por la Editorial Topía y la Asociación Gremial Docente de la UBA (AGD-UBA que forma parte de la CONADU Histórica), el psicoanalista francés, especialista en el mundo del trabajo, Cristophe Dejours, habló sobre el sufrimiento y la sublimación en el trabajo y sobre cómo en la fase actual del capitalismo aparecen nuevas enfermedades psicológicas que tienen que ver con la pérdida de cooperación, solidaridad y trabajo colectivo.

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–Usted dice que no hay trabajo sin sufrimiento, pero también habla de la sublimación, ¿podría explicar ambos conceptos?

–Todo trabajo está organizado por un conjunto de prescripciones, lo que llamamos la organización prescripta del trabajo. Pero ya hace como unos 50 años que se demostró que los trabajadores nunca ejecutan exactamente las prescripciones al pie de la letra, porque si llegara el caso de que los trabajadores ejecutaran estrictamente las órdenes, no podría salir ninguna producción. Incluso en el ejército, si los hombres únicamente se contentan con obedecer, y eso que el ejército es una organización muy disciplinada y muy autoritaria, es un ejército que está vencido, porque también allí hay que interpretar las órdenes.

–¿Por qué existe ese desfasaje entre la organización del trabajo prescripto y la organización efectiva del trabajo?

–Porque siempre ocurren incidentes, disfunciones, bloqueos, que no han sido previstos. Entonces, las personas que trabajan se ven confrontadas con estos imprevistos, que en la teoría conceptualmente se llama “lo real del trabajo”. Y aun si los organizadores hicieron un excelente trabajo de organización y planificación, siempre ocurren incidentes y son incidentes que son muy penosos. Por ejemplo, si a algún paciente se le inyecta una medicación, según un protocolo que está perfectamente homologado, pero el paciente sufre una crisis, tiene un shock, no es nada divertido, nada agradable. Todo trabajo está expuesto a este tipo de problemas. Entonces, la confrontación con lo real, siempre se experimenta con una confrontación posible con el fracaso, se vive como un sufrimiento. El problema para los trabajadores no es únicamente sobrellevar esos incidentes, esos disfuncionamientos, sino que es tratar de estar por delante de ellos, intentar preverlos y para eso hay que desarrollar una inteligencia que es muy particular, a partir de lo cual uno reconfigura la organización del trabajo prescripto. Y es aquí donde se abre todo el panorama del campo de la inteligencia del trabajo, que es una inteligencia que está por fuera de las prescripciones y que depende de cada persona.

–¿Cómo se trabaja para eso?

–Para poder tener estos saberes, estos know how (saber cómo) hay que saber aceptar, sentirse invadido por ese trabajo. Y es en ese tiempo que uno descubre ayudas, astucias, pequeñas mañas, que no son simplemente maneras de saber hacer, sino que suponen la adquisición de nuevas habilidades. Es decir, que hay un primer tiempo del trabajo, que es trabajo de producción en la confrontación con lo real; pero para poder tener un trabajo de calidad, hay un segundo trabajo que está por fuera del primero, y que ahora está en el trabajo de uno mismo, sobre uno mismo. Las nuevas habilidades son formas de inteligencia que no existían antes del trabajo. Gracias al trabajo entonces yo no solamente produzco, sino que también me estoy transformando a mí mismo y cuando descubro esas habilidades, no solamente es una victoria sobre mí mismo, sino que es también un desarrollo en mí mismo, un nuevo registro de sensibilidades que antes no existían. Sin embargo, algunas veces es imposible lograr aquello y casi siempre esto se debe al tipo de organización del trabajo en sí mismo. En la actualidad, bajo las nuevas formas de organización del trabajo, se introdujeron dispositivos de control del trabajo, que han cambiado completamente el modo antecesor, que hoy se llama la Gobernanza por las Cifras.

–La falta de cooperación y de solidaridad en estas nuevas formas de trabajo hace que los trabajadores se enfermen, incluso de enfermedades psicológicas antes desconocidas.

–En esta Gobernanza de las Cifras, por los números, siempre se le da el privilegio al rendimiento cuantitativo llegando incluso a que se deteriore el crecimiento cualitativo y es por eso que muchas profesiones y oficios, incluso en las profesiones más calificadas y prestigiosas, los profesionales ya no pueden trabajar de manera conveniente, porque siempre hay que producir más rápido y poder brindar indicadores de rendimiento que sean cuantitativos, entonces los jueces llegan a juzgar demasiado rápido y dan sentencias que no están debidamente justificadas o detalladas. Para decirlo de otra manera, tratan de hacer rápido su trabajo y de alguna manera los arruina: por ejemplo, el cirujano que trabaja demasiado rápido ejerce una brutalidad sobre el cuerpo del paciente para poder dar rendimiento y alcanzar los números. Y entonces aquí nuevamente se arruinan las bases de la sublimación, que es eso por lo cual uno transforma el sufrimiento del trabajo en placer. Pero estas nuevas formas de organización efectivamente rompen la formación de los colectivos, sobre todo las evaluaciones individuales de rendimiento, de la performance, que ponen en competencia a los trabajadores entre ellos y esa evaluación al mismo tiempo funciona como una amenaza, porque si mi evaluación fue peor que la de mi vecino, me veo amenazado con un despido o una rebaja.

–¿Es la nueva forma de la competencia?

–Sí, es una nueva forma de competencia. Esta evaluación individual se volvió posible a través de las tecnologías, de las computadoras, del mundo informático. Es algo muy poderoso: todo lo que yo hago está siendo grabado, y lo que no hago, también; todos mis errores están siendo grabados y eso antes no existía. Es más poderoso que tener un capataz en la obra, porque uno siempre puede volver a encontrar lo que hizo, así como lo que no hizo. Esto, que lleva el nombre de trazabilidad, es una amenaza más. Antes, en un equipo, se trabajaba en forma conjunta. Cuando había un premio, una distinción, era uno que alcanzaba esa distinción, pero era todo el equipo el que se sentía poderoso: eso se terminó. Si a mi vecina le va demasiado bien, es malo para mí, entonces me conviene que a ella no le vaya bien, que no tenga éxito y si pide ayuda, le voy a dar una manzana podrida. Y cuanto más se sube en la jerarquía esto se vuelve más verdadero: los altos cargos en los bancos están todo el tiempo vigilándose porque los colegas son los principales enemigos, entonces desaparecen los colectivos, la cooperación y las personas se encuentran en una relación de desconfianza y de desolación.

–¿Y eso no afecta a la producción?

–Sí, afecta de manera muy importante a la producción. En la realidad, lo que ocurre es que hay una pérdida de la calidad de la producción. Pero los patrones de hoy están dispuestos a perder en calidad y hay muchos ejemplos de eso, si en contrapartida ellos pueden aumentar su poder de dominación. Esto es un giro, un desvío que estamos experimentando en los últimos años. La patronal no quiere que haya actos solidarios y entonces rompe y destruye esos ámbitos, esos nichos. Es algo que se ve mucho en Francia, creo que debe ser lo mismo acá, pero también lo vi en Brasil, donde pude hacer una encuesta y globalmente hay una degradación de los servicios de cuidado, por ejemplo en los hospitales, en la calidad de enseñanza en las escuelas, en el funcionamiento de las universidades y entonces vemos que en muchos lugares existe un deterioro de la calidad del trabajo, pero el poder de los directivos aumenta.

–Es una nueva forma de capitalismo, pero que en realidad juega en su contra.

–Este tipo de capitalismo destruye muchas empresas, pero los ricos continúan enriqueciéndose. Las multinacionales hoy tienen más poder que los Estados, entonces es un capitalismo particular, en el que el crecimiento de las riquezas nacionales, el bien común y la organización de la sociedad no les interesa más. Es un capitalismo extremadamente duro, donde la calidad de la producción disminuye, la población se empobrece cada vez más, pero ellos sí pueden captar las riquezas, y el resultado es catastrófico. En Francia, por ejemplo, hay una pobreza que no se había conocido nunca antes: de una población de 60 millones de habitantes, hay nueve millones de pobres que están debajo del umbral de la pobreza, cuando en realidad es un país extremadamente rico. Hay una destrucción de la sociedad civil.

Fuente: Revista Ñ

* Periodista, docente universitaria y directora de la Secretaría de Comunicación de la CTA Autónoma

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