Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan
Lunes 26 de octubre de 2020, por Juan Carlos Giuliani *
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Mientras el Gobierno oferta un magro 7 por ciento de aumento salarial, la lucha universitaria no se detiene. A 102 años de la Reforma, la Universidad Pública reclama más Presupuesto Universitario y mejores salarios.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

La Federación Nacional de Docentes, Investigadores y Creadores Universitarios (CONADU Histórica-CTA), decidió este viernes un rechazo unánime al techo del 7% y resolvió un nuevo Paro Nacional este 27 y 28 de octubre con apagón virtual, desconexión total y acciones de visibilización.

El Plan de Acción es continuidad del Paro Nacional de 48 horas de la docencia universitaria y preuniversitaria que concluyó el 15 de octubre en reclamo de una urgente recomposición salarial ante la evidente pérdida del poder adquisitivo de los ingresos. La medida de fuerza -convocada por la CONADU Histórica y la CONADU- tuvo una importante repercusión en las Universidades Nacionales.

“Este techo de 7% es un ajuste muy fuerte sobre los salarios, injustificado, injusto, y significa la decisión del Ministerio de Educación de descargar la crisis sobre las espaldas de la docencia que justamente desde el inicio de la cuarentena (hace siete meses) se mantuvo trabajando garantizando la enseñanza de un millón setecientos mil estudiantes, desde el aislamiento en nuestras casas y con nuestros recursos, cuando las Universidades permanecen cerradas”, denuncia la CONADU Histórica.

La Reforma Universitaria fue parida en Córdoba en 1918 para extenderse luego como un legado libertario por América Latina y casi todo el mundo. Durante los cuatro años de la pesadilla macrista la Educación Pública estuvo amenazada por las políticas neoliberales que acecharon todo el tiempo para desmantelarla, empobrecer los salarios de sus docentes, dejar sus edificios en ruinas, desprestigiarla y cacarear que los responsables de todo este desastre eran los Trabajadores de la Educación que cometen el imperdonable pecado de denunciar estos ataques y luchar por sus derechos.

La respuesta del pueblo fue ejemplar: Al igual que cuando Macri quiso retroceder en materia de Derechos Humanos o implantar una Reforma Laboral reaccionaria, las calles y plazas de las ciudades de todo el país se inundaron de docentes, estudiantes, graduados, trabajadores universitarios y de todos los oficios para plantar bandera, poner el cuerpo, y decirle al poder que con la Educación, el Trabajo, la Salud, y la memoria de nuestros 30.000 desaparecidos no se jode.

Hoy en día la pandemia trajo aparejado un malestar por las condiciones de trabajo. Los docentes debieron convertir su hogar en el aula, además de complementarlo con otras tareas de cuidado, falta de herramientas. Todo esto produce un rechazo porque se ha pedido a las autoridades las compensaciones necesarias para que puedan mejorar estas condiciones con conexión, pizarrones, webcams, pero nada ha sido respondido por los rectores y el Gobierno Nacional.

La nueva huelga de 48 horas de la docencia universitaria en respaldo de sus demandas laborales y salariales tiene por finalidad que las autoridades del Ministerio de Educación tomen nota de este descontento y hagan una propuesta que al menos permita que los haberes de los trabajadores puedan empatar con una inflación que no se detiene. Es una exigencia, además, del reconocimiento de los gastos económicos que implicaron enseñar desde sus casas todo este tiempo, y también la regularización e ingreso a la Carrera Docente de las y los docentes interinos y contratados.

Durante los diez años más felices del pueblo argentino, a mediados del siglo pasado, se pusieron en práctica planes de reivindicación del trabajador en el plano de su capacitación profesional con la creación en 1948, y su efectiva fundación en 1952, de la Universidad Obrera Nacional (UON). Lo que posteriormente se va a transformar en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) consistió en un proyecto que destacaba la idea de que la industria nacional debía ser dirigida por técnicos argentinos y desarrollada por obreros argentinos, lo cual posibilitaría a los trabajadores ser protagonistas de la movilidad social ascendente que rigió en esa época de nuestra historia política-institucional.

La unidad obrero-estudiantil que se forjara al calor de las luchas populares de las décadas del 60 y principios de los 70 del siglo pasado, se reactualiza con más vigor en esta etapa signada por la crisis sanitaria y económica, cuando los factores de poder pugnan descaradamente por imponer políticas de un claro sesgo destestabilizador, como la megadevaluación que propician a partir de la presión cambiaria.

El golpe de mercado está a la vuelta de la esquina.

El conflicto social también.

Derrotado en las calles y en las urnas el Gobierno de Macri, fiel representante del poder hegemónico, cuando el COVID-19 sigue causando estragos y crecen la pobreza, el hambre y el desempleo, la actual coyuntura impone, más que nunca, volver a las fuentes y recuperar la mística libertaria. Como bien señalara el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918: “Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”.

Es hora de dejar de lado cuestiones secundarias y promover la unidad popular necesaria y suficiente para romper las estrategias del bloque oligárquico tendientes a reimplantar los instrumentos de dominación; impulsar el desconocimiento de la Soberanía Popular; y pretender que el pueblo trabajador pague los costos de la crisis que ellos mismos provocaron y que se profundizó con la peste.

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