Informe sobre el CONICET
¿Ciencia al servicio del pueblo o a favor de las corporaciones?
Miércoles 28 de marzo de 2012, por Prensa Agrupación Germán Abdala *
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Delegados de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA) del CONICET, elaboraron un informe que cuestiona el lugar y el rumbo del desarrollo científico en el marco del actual gobierno.

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Denuncian los convenios entre el Estado, las Universidades y las corporaciones, que “dejan en manos del mercado capitalista la definición de las prioridades en materia de Ciencia y Técnica”; y advierten que “el modelo de desarrollo basado en los agronegocios solo genera riquezas para unos pocos, incrementa la brecha entre ricos y pobres, genera dependencia tecnológica, aumenta la contaminación con productos de toxicidad crónica, y anula las posibilidades de alcanzar una verdadera soberanía alimentaria”.

Para los trabajadores se corre el riesgo de que “ese desarrollo científico no solo no sea de utilidad sino que por el contrario incremente las problemáticas y necesidades que sufren nuestros compatriotas. Así, por ejemplo, la pobreza estructural y la degradación ambiental serían algunas de las tantas temáticas de investigación que el Estado debería fomentar. Pero eso no es lo que ocurre en nuestro país, la política científica Argentina está fuertemente orientada a generar ganancias económicas para las corporaciones económicas, sin tener en cuenta las consecuencias que ello puede traer aparejado sobre nuestra sociedad y el ambiente”.

En el documento, se indica que “la distribución de recursos y prioridades de investigación por parte del Ministerio de Ciencia y Técnica se enfoca al fortalecimiento del sector privado, sobretodo en materia de agrobiotecnología. Por su parte, todas aquellas investigaciones que se orienten a la generación de ganancias por parte de empresas son apoyadas fervientemente y presentadas como “ejemplos a seguir”, en tanto que se resta importancia y ningunean aquellas líneas de investigación que pongan en tela de juicio los beneficios del actual “modelo de desarrollo” o muestren consecuencias negativas del mismo”.

La semilla de la discordia

Para graficar esta situación, se denuncian los intereses detrás del reciente anuncio del gobierno nacional a cerca de un nuevo desarrollo tecnológico argentino: una semilla transgénica que permitiría obtener cosechas en condiciones de sequía, que serviría para paliar hambrunas o como elemento que limite los riesgos de factores climáticos de pequeños productores.

Sin embargo, se preguntan si su creación fue orientada para los fines que se difunden ya que “hasta el momento la mayoría de los desarrollos biotecnológicos aplicados a la producción agropecuaria en nuestro país sólo han servido para incrementar la riqueza del sector privado”. Y esta sospecha toma volumen cuando este nuevo desarrollo tecnológico está vinculado a las corporaciones de los agronegocios como Bioceres, empresa asociada la Universidad Nacional del Litoral y el CONICET en desarrollos de biotecnología, parte del grupo Grobocopatel, con conocidos intereses oligopólicos.

En el informe elaborado por ATE CONICET, se pone bajo la lupa este nuevo anuncio y señalan que en realidad “lo que se pretende es la expansión de las fronteras agrícolas a ámbitos hoy poco relevantes desde un punto de vista economicista. La mencionada ampliación de la fronteras agrícolas, lejos de combatir el hambre y la desocupación, como van de la mano de explotaciones a gran escala, con uso intensivo de agroquímicos y capital, terminan incrementando el nivel de migración interna desde zonas rurales hacia urbanas por la falta de trabajo y la expulsión (violenta en la mayoría de los casos) de la residencia original de pobladores. También modifica ecosistemas al eliminar bosques nativos y cultivos autóctonos y reemplazarlos por cultivos con o sin rotación; al matar directa e indirectamente especies por el uso de los agroquímicos (en general, sin siquiera respetar las condiciones que la ley establece)”.

Además de las consecuencias en el plano social, “el uso de estas tecnologías conlleva una mayor dependencia económica del país dado que, en su gran mayoría, los agroquímicos son importados o se pagan royalties por ellos; se debe adaptar tecnología nacional a este tipo de funcionamiento (siembra directa) que limita la matriz tecnológica, y cuya producción es utilizada principalmente para la venta sin procesamiento (como semilla) o con bajo nivel de procesamiento (aceites, harinas) a las metrópolis (Europa, Estados Unidos, China)” señala el documento. Estos argumentos se fundamentan con sendos estudios demostrando que el modelo de desarrollo basado en los agronegocios “solo genera riquezas para unos pocos, incrementa la brecha entre ricos y pobres, genera dependencia tecnológica, aumenta la contaminación con productos de toxicidad crónica, y anula las posibilidades de alcanzar una verdadera soberanía alimentaria”.

Reorientar la política científico- tecnológica

“Repudiamos desde ATE CONICET los convenios firmados por el organismo, por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y por las Universidades Nacionales con empresas oligopólicas cuyo único fin es realizar investigaciones a expensa del Estado y la sociedad toda, acaparándose éstas del rédito económico que producen nuevas tecnologías carentes de rédito social alguno” señala el documento y agrega: “se da prioridad a la producción de conocimiento y tecnología para incrementar el poder del mercado capitalista y no de las reales necesidades de su pueblo. Esto se hace evidente en materia de agrobiotecnología, donde se beneficia a grupos monopólicos, sin tener en cuenta las consecuencias que ello puede tener sobre las poblaciones rurales o periurbanas, o el efecto indirecto que esos “desarrollos científico-tecnológicos” generen en el mediano y largo plazo en nuestro ambiente y la calidad de vida”.

Los trabajadores agregan: “no estamos en contra del desarrollo científico en materia de biotecnología o cualquier otra área del conocimiento. Pero consideramos fundamental orientar esas líneas de investigación para la obtención de productos científico-tecnológicos que beneficien a los sectores menos favorecidos de nuestra sociedad. Es muy diferente investigar como mejorar la producción agroecológica a pequeña escala que generar una semilla transgénica para el usufructo de un grupo empresario. Los beneficiados y perjudicados en cada caso son evidentes, y las consecuencias socio-ambientales también. Sostener la teoría neoliberal del “derrame” en materia de Ciencia y Técnica, es decir considerar que si los sectores capitalistas monopólicos incrementan su riqueza el resto de la sociedad verá mejorada su calidad de vida, no solo es un gran error, sino que a la luz de lo ocurrido en nuestro país en la década de los 90’ implica profundizar la brecha entre ricos y pobres y la destrucción de nuestros recursos naturales”.

Finalmente el documento señala: “Nuestros gobernantes, y sus funcionarios, deberían saber que están obligados a orientar su política científica al servicio de toda la sociedad (que es la que sostiene la formación de recursos humanos y el trabajo de sus investigadores y técnicos), en particular de los más sectores más desposeídos o perjudicados por el actual modelo económico extractivista. Asimismo, convocamos a nuestros colegas a profundizar el debate sobre cuáles deben ser las prioridades de investigación para el país, que nos permitan devolver a nuestro pueblo todo el esfuerzo que hace en sostener nuestro trabajo”.

Fuente: www.germanabdalacta.org

* Equipo de Comunicación de la Agrupación Germán Abdala de la CTA de la Provincia de Buenos Aires

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