Maldita memoria
Martes 17 de abril de 2012, por Alfredo Grande *
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Hacía bastante que no lo veía. Ni lo escuchaba. El avance incontenible de los mails primero, y los mensajitos de texto después, le arrebató a nuestra charla la complicidad de los tonos, el ronquido retumbante de un rezongo, el vientito agudo de un suspiro.

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* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

Reconozco que por un tiempo intenté reemplazar, sustituir esa sinfonía que le daba dimensión a nuestras palabras con ridículos emoticones. El resultado fue desastroso, porque lo consideró una burla imperdonable. Y así, en cuotas largas y pequeñas, como los créditos de antaño, la amistad se fue borroneando. No es lo mismo ser amigo que estar amigo. Y los amigos que no están, terminan muchas veces, casi siempre, bueno, siempre, no siendo más. Por eso verlo por ese espejo agujereado que es un vidrio sucio, me colmó de entusiasmo y alegría.

Me acerqué con cuidado porque nada me agradaba más que sorprenderlo. Era tan difícil sorprenderlo en otras situaciones, que jamás pude renunciar a esta pequeña satisfacción. -Goyo querido!!! Tanto tiempo…Nos abrazamos fuerte, para lograr que en muy poco tiempo, como en los acelerados de partículas, el torrente de amistad contenida se reactivara con rapidez. Nos sentamos al mismo tiempo, sin permitir que nuestros brazos abandonar nuestros hombros. -Estás igual..-me dijo con una sonrisa cómplice. Recordé que alguna vez había dicho que si en un reencuentro de más de 20 años alguien te dice que estás igual, no hay duda de que te convertiste en una momia. -Y bueno… puede ser… a veces me cuelgan las vendas..Reímos, quizá con un poco de exageración. Necesaria cuando la carcajada sirve para tapar algo de angustia.

- Que estás tomando? -le pregunté porque mentalmente estaba pensando qué excusa emplearía para justificar llegar tarde a la cena. -Coca con Fernet…bueno…Fernet con coca… Le pedí al mozo algo similar, simplemente para empezar la charla por lo menos cero a cero. Su mirada era similar a la de Rocky en el anteúltimo round. Golpeado por todos lados pero todavía espiando la victoria. -Viste que se fue? Preguntó sin preguntar y con ese tono de remolcador que tiene que dar todo para arrastrar al buque más adentro. -Se fueron muchos…¿A quién te referís? Su mirada fue respuesta. -Vos sabés que toda la semana me estaba acordando del pelado, de un artículo que publiqué en Militancia Peronista para la Liberación. Cuando lo acribillaron, tuvo algo que después dijeron que era ataque de pánico. En esos tiempos era solamente cagazo. ¿Podés creer que quemé todas las revistas? Miró a un vacío exterior que era mucho más chico que su vacío interior. A Eduardo lo conocía muchos menos…En realidad no lo conocía.

El Pelado me lo iba a presentar…pero…Llegó el mozo y me dejó el vaso con mi pedido. Lo tomé disimulando el sabor amargo del largo trago. -Como será morirse como secretario de derechos humanos? Paraíso o Infierno? Mucho mas rápido que antes, llegamos a ese momento donde Goyo me preguntaba con la convicción absoluta que yo no tenía respuesta. Con tal de estirar el próximo trago, murmuré: -Un poco y un poco…Como el fernet y la coca…Me miró con lástima y ternura. -Es posible…vos sabés que yo siempre me burlé de Freud y esas cosas del Edipo. ¿Te acordás cuando decía que el Edipo se cura como el hipo, con un buen susto?-. No quise dejar de reíme, porque la verdad, nunca se lo había escuchado. -Sin embargo- agregó Goyo- un sobrino me dijo que Freud escribió: “cuando el estado se opone a la violencia no es para eliminarla sino para monopolizarla”. Me parece extraordinaria…Y entonces…-musitó Goyo con la misma expresión que seguramente tuvo Pasteur al diseñar sus experimentos que demostraron que no hay generación espontánea de vida - cuando el estado defiende los derechos humanos no es para protegerlos sino para monopolizarlos.

Reconozco que me fastidié, no mucho, pero me fastidié. -Que un troscazo como vos recurra a Freud para atacar al gobierno, me parece patético! En realidad no me parecía nada, pero intentaba recrear nuestras maratónicas discusiones. -No lo creo…La subjetividad es el decantado identificatorio de la lucha de clases… Me sonrió desafiante. -Y eso qué quiere decir…?- pregunté confundido, fernet mediante. Goyo suspiró intenso, ya haciendo límite con el bufido. “La verdad, no lo entiendo. Pero me gusta como suena. Mi sobrino me dijo que lo escribió un tal Alfredo Grande, que ya por el apellido me cae simpático”.

No supe qué contestarle. Goyo no necesitaba de citas, más allá o más acá de su dudosa celebridad. Lo hacía para ganar tiempo, para no llegar a ese lugar terrible donde la garganta se hace nudo. “El que también se fue es Esteban. -Al menos no está muerto - le dije para contemporizar al pedo. -¿Estás seguro? - me preguntó sin preguntar. No le contesté, pero no lo estaba. Me acuerdo cuando le dijo a la policía federal “¿cómo vamos a reprimir al pueblo si éste es su gobierno?”. Después amnistió a todos los presos políticos que lucharon contra las dictaduras de Onganía, Levingston y Lanusse, quemó todos los antecedentes que tenía la Side de militantes y guerrilleros. No soporto que se haya ido de esta manera…corrido por un aventurero que vive en la Gran Manzana de Puerto Madero y que era integrante de UPAU….¡liberales de mierda!.

El grito de Goyo sobresaltó a los usuarios, parroquianos, clientes, como se diga, del bar. No le dije nada, porque enseguida Goyo se quebró. Lloraba para adentro, y sus lágrimas lo ahogaban.

- La sangre derramada, no puede ser negociada…Y se está negociando en cuotas”. La pregunta que le hice fue tonta. -¿Hubieras preferido una negociación en cuotas?. Me miró con bronca, pero apenas. Mugió, porque eso que exhaló no podía ser un suspiro.- Marx dijo que el peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos- Me miró. -¿Sentís oprimido tu cerebro?

- La verdad que no…Disculpame. - No está bien..-me dijo Goyo, casi con ternura. - A mi sí… Y sobre todo cuando pienso que tenemos a La Cámpora pero no tenemos camporistas. Y le escuché el último rezongo. ¡Maldita memoria!.

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