Los dilemas de la etapa
Jueves 19 de abril de 2012, por Claudio Lozano *
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El presente material pretende aportar un conjunto de reflexiones sobre la coyuntura que en términos económicos estamos transitando. Se trata de un conjunto de aportes que no buscan otra cosa que compartir una determinada mirada sobre la coyuntura a efectos de someterlo al debate con todos aquellos compañeros deseosos de poner en cuestión el “relato dominante” y compartir una estrategia en pos de asumir los profundos desafíos que la coyuntura nos demanda.

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* Director del Instituto de Estudios y Formaciòn (IEF-CTA). Diputado Nacional

A tal fin, nos ha parecido propicio presentar nuestras reflexiones en base a una serie de puntos que consideramos relevantes. Sin embargo, estos puntos están puestos para hacer más esquemática la lectura y no son independientes los unos de los otros.

Por último, estas reflexiones fueron realizadas con anterioridad a la masacre ferroviaria del 22 de febrero, así como del discurso presidencial de la apertura de sesiones legislativas del 1ero de marzo. Se trata de dos eventos sobre el que o bien ya realizamos algún material (en el caso de la masacre ferroviaria) o que estamos en proceso de elaboración (discurso presidencial). No obstante, ambos eventos no solo no contradicen las reflexiones que nutren este material sino que en varios aspectos los refuerzan (lamentablemente en el caso ferroviario), y en la medida en que se ha podido, se ha incorporado referencias a los mismos en el texto que ponemos a su disposición.

I) CARACTERIZACION GENERAL DE LA ETAPA: FIN DEL CRECIMIENTO FÁCIL, INFLACIÓN Y CONGELAMIENTO SOCIAL

La etapa en la que estamos puede caracterizarse en términos económicos como la permanencia del agotamiento de las condiciones internas que permitieron realizar el crecimiento acelerado (o crecimiento fácil) vivido en los años que van de mediados del 2002 hasta finales del 2006. Desde el año 2007, una a una, las condiciones internas que permitieron aquel crecimiento muestran una clara modificación respecto al que exhibían en los años previos. Así, la brutal regresión del ingreso del año 2002, la elevada capacidad ociosa en las firmas, la disponibilidad de infraestructura económica que hicieron posible el rápido crecimiento económico, han mutado en una recomposición relativa de la distribución del ingreso (que permitió salir del infierno del 2002 pero sin llegar a los valores de 1998), en una utilización casi plena de la capacidad instalada, y en la constatación de significativos niveles de obsolencia y déficit en importantes segmentos de la infraestructura económica (transporte en primer lugar como fatalmente ocurriera en estos días, pero también en el sector energético en un lugar central). Hemos ya señalado en otros materiales que esto ha sido así porque el crecimiento “fácil” del período anterior se realizó sobre la base de aprovechar las condiciones expuestas antes que a plantear nuevas bases que supusieran un cambio estructural en el modo de funcionamiento de la economía argentina. Dicho de otro modo, frente a la decisión de no modificar las condiciones estructurales que definen la organización económica de la sociedad, el crecimiento facilitado por las condiciones internas mencionadas, fue paulatinamente agotando dichas condiciones. Es entonces el agotamiento de las condiciones internas las que ponen fin a la etapa de crecimiento fácil, y es esta nueva etapa, donde el crecimiento económico exhibe problemas significativos los que, con diversas intensidades, han recorrido la coyuntura económica desde el 2007 hasta nuestros días.

Entre las múltiples modificaciones económicas que presenta la nueva etapa, una de ellas sobresale por su importancia y significación: nos referimos a la emergencia de un persistente, estable y no menor proceso inflacionario que, negado por el gobierno, ha cumplido la función de congelar la tibia recomposición social vivida en el período anterior, a través de un mecanismo que tiende a diluir –y en algunos pocos casos a mejorar en el margen - los aumentos nominales obtenidos por los diversos componentes de los ingresos populares (salarios, jubilaciones, asignaciones familiares y en menor medida los planes sociales). Vale aclarar que este cuadro general es válido como situación media social, pero que en su interior esconde realidades tan dispares como la creciente mejora por encima de la inflación de los segmentos medio-altos y altos de la sociedad, así como el empobrecimiento material de los sectores más vulnerables cuyos ingresos no se actualizan (en el caso de los planes sociales) y si lo hacen están muy por debajo del aumento del precio de los alimentos (a los que este sector destina una porción significativa de sus ingresos).

 ALGUNOS DATOS DE LA ETAPA

El cuadro expuesto puede sintetizarse constatando que mientras el PBI (es decir la generación de riquezas) creció entre el 2006 y el 2011 en un 40% (estimación oficial) y un 25% (estimación propia), la pobreza se mantuvo prácticamente en el mismo nivel que en el 2006 (en torno al 30%) la indigencia (es decir las personas que pasan hambre) pasó del 11% al 15% (es decir un crecimiento del 40% en la tasa), la tasa de empleo prácticamente se estancó (en rigor creció apenas un 3% al pasar del 42,1% al 43,4%), y los salarios han tenido una evolución real del 10% (como consecuencia de un aumento nominal de salarios del período de 185% y un aumento de los precios del 170% y no del 60% como miente el gobierno a través de la intervención del INDEC). Resulta claro entonces, que en materia de desempeño económico, esta nueva etapa combina un menor crecimiento, con mayor volatilidad (esto es con años de caída del PBI como el 2009 y de menores tasas de expansión del nivel de actividad como el 2008), que ha congelado el cuadro social al tiempo que ha expandido los márgenes de desigualdad vigentes (por vía de la ampliación del excedente empresario y la mayor brecha entre las distintas franjas sociales).

II) LAS RAZONES ESTRUCTURALES DE LA INFLACION: MECANISMO DISCIPLINADOR DEL PODER ECONOMICO.

Lo expuesto corresponde con una primera mirada, que si bien es crítica sobre la etapa que transitamos, no deja de navegar en la superficialidad de los fenómenos económicos. Agregar mayor profundidad supone considerar que el fenómeno inflacionario, que congela el cuadro social, no es un acontecimiento ni natural (que no se puede modificar) ni extra-terrenal (que no se puede explicar). La emergencia del proceso inflacionario está íntimamente vinculada con el modo en que la estructura económica vigente responde frente al agotamiento de las condiciones que facilitaron el crecimiento acelerado de la etapa anterior. Dicho en criollo, es la particular conformación del poder económico vigente en nuestra sociedad la que utiliza el proceso inflacionario para resolver los dilemas que la nueva etapa le plantea al proceso de acumulación de capitales de la Argentina. La inflación es así el mecanismo que le permite al poder económico frenar la mejora en la recomposición social, al tiempo que impacta positivamente en las cuentas públicas para intentar resolver, vía subsidios y obras públicas, los déficits que en materia de inversiones e infraestructura se evidencian. Ahora bien, la inflación es el mecanismo que permite corregir en parte los problemas que presenta la acumulación del capital por parte de los segmentos más concentrados del mismo, por la sencilla razón de que todo el período vivido del 2003-2006 lejos de revertir los grados de concentración y centralización del capital los mantuvo y los profundizó. Este dato es el resultado obvio al que se llega luego de que transitada la etapa de crecimiento acelerado no se tomaron las definiciones que permitieran a la Argentina afrontar un cambio estructural que modificara la distribución del poder económico. En este marco el resultado obvio luego de un quinquenio de crecimiento a tasas chinas es que el poder de mercado de las principales firmas, en lugar de menguarse se acrecentara, permitiendo con ello sentar las bases para definir el movimiento de los precios por parte de estos actores.

III) LAS CONTRADICCIONES DEL PROCESO INFLACIONARIO

La inflación es un mecanismo de corrección para la acumulación del capital a todas luces insuficiente y portadora de conflictos a la vez. Esta doble cualidad indisolublemente ligadas del proceso inflacionario, o si se prefiere esta contradicción inherente al proceso en sí, opera porque en una economía que se orienta al abastecimiento de materias primas al mercado mundial y de productos importados para el consumo medio-alto y alto, la punción sobre los ingresos de los sectores populares que requiere el capital para mantener su proceso de acumulación no puede generarse sin al mismo tiempo producir un fuerte malestar social, latente o expresado en conflictos crecientes, que tienden a debilitar el consenso sobre el rumbo económico. Por ende la inflación no resuelve los problemas que presenta la etapa, sino que simplemente agrega recursos fiscales y también conflictos sociales a la nueva etapa. Es por esta doble cualidad, de mecanismo corrector pero insuficiente y conflictivo a la vez, que el fenómeno inflacionario se ha sostenido por largo tiempo a tasas que si bien son elevadas (en torno al 25% anual) no se han desbordado en un proceso inorgánico, sino que cumple principalmente la función de mantener a raya la recuperación de los ingresos populares.

IV) SOBRE LAS MEDIDAS “PROGRESISTAS” DE LA ETAPA

Frente a esta insuficiencia de la inflación para realizar la punción sobre los ingresos de los sectores populares en la magnitud que requiere la reproducción del conjunto social (y en primer lugar del proceso de acumulación de los principales agentes económicos que definen al poder económico de la Argentina) es que la etapa que transitamos es pródiga de una serie de “innovaciones de política económica de fuerte tinte progresista”. Nos referimos con ello a las medidas que impulsadas y definidas por la administración estatal remiten a las históricas banderas del movimiento popular pero que tienen por objeto servir como fuente de financiamiento para darle aire y perspectiva a una organización social donde prima la desigualdad. Así, medidas como la fallida “resolución 125”, la estatización de las AFJPs, el uso de las reservas del Banco Central (y el reciente proyecto de modificación de su carta orgánica), la reciente decisión de revisar los subsidios a las tarifas de los servicios públicos e incluso los planteos recientes que se enarbolan en torno de la discusión con las petroleras, todas ellas grosso modo necesarias pero no exentas de problemas por demás significativos (y no nos referimos solamente a la famosa “resolución 125”) han tenido más que ver con tratar de agregar recursos a la ecuación fiscal del Estado (frente a la insuficiencia del financiamiento inflacionario) antes que conformarse como parte de una estrategia dirigida a replantear de manera estructural la matriz distributiva (es decir el conjunto de relaciones sociales básicas) en la que se asienta la sociedad argentina. Esta claro que estas medidas han supuesto en la práctica una redefinición del pacto de gobernabilidad entre los sectores dominantes y el elenco gubernamental no exento de conflictos y tensiones entre los mismos. Sucede que en la nueva etapa ya no se puede articular crecientes grados de apropiación del excedente por parte del conjunto de los sectores dominantes con las cuotas de legitimidad y consenso en el que se sostiene la gestión gubernamental.

Por ende, todos los conflictos que se han derivado de la puesta en práctica de las “medidas progresistas” de la etapa han combinado un cierto enfrentamiento con algún fracción de los sectores dominantes por parte de la gestión de gobierno y al mismo tiempo una cierta alianza o acuerdo con otra fracción del bloque de poder (así la “resolución 125” ponía en pie de guerra a los productores agropecuarios sin distinción pero se articulaba con el acuerdo de las aceiteras; la estatización de las AFJPs eliminaba un pingüe negocio de corto plazo para algunos segmentos del sistema financiero pero a la vez suponía evitar el costo de mediano plazo de afrontar la deuda previsional de este sistema al tiempo que se vinculaba con los intereses de los acreedores de deuda pública ya que la medida buscaba y consiguió resguardar la capacidad de pago estatal ; del mismo modo, el uso de reservas del banco central encontró en el sistema financiero y en los acreedores sus principales defensores puesto que fue una medida destinada a garantizar los pagos de deuda). Cierto es que, aun con las imperfecciones e impurezas del caso, es mejor que las medidas tomadas se hayan realizado puesto que mejora la perspectiva para una estrategia que pretenda ampliar los márgenes emancipativos de la sociedad. Tan cierto lo dicho, como que la razón y la concreción de las medidas no tuvieron nada que ver con la puesta en marcha de un cambio estructural sino más bien con reproducir, en una coyuntura más estrecha, los factores de poder que, una y otra vez, rigen los destinos de nuestro país. Así de compleja, ambigua y rica es la coyuntura que atravesamos.

V) EL PUNTO NODAL DE LA ETAPA: DEFICIT DE INVERSION

Llegado a este punto corresponde situar lo que desde nuestra perspectiva constituye el punto nodal que organiza la coyuntura económica que transitamos: nos referimos a la evidente ausencia, en calidad y magnitud, de la inversión necesaria para sostener el ritmo del crecimiento económico. No otra cosa, sino la decisión por parte de las principales firmas de retacear, e inhibir un proceso de inversión es el que expresa el mantenimiento sostenido de una significativa tasa de inflación. Son razones estructurales las que definen este comportamiento, amén de la voluntad consciente de sus actores. Despejando la animosidad empresaria, siempre vigente y a todas luces complacidas con el crecimiento vivido (que le ha permitido ampliar en niveles inéditos sus excedentes), es el particular modo en que se reproducen los capitales en la economía argentina y la particular composición de los mismos, los que explican el comportamiento adverso al proceso inversor que demuestran estos actores. Dicho en criollo, porque el proceso de acumulación de capitales de nuestro país se desarrolla por medio de la captura de ganancias extraordinarias a través de la explotación-depredación de nuestro recursos naturales (agroindustria, minería, petróleo e hidrocarburos, pesca, etc); de un abaratamiento general de la mano de obra y de la conformación de mercados oligopolizados, es que la inversión, esto es, la decisión de los empresarios de destinar una porción significativa de sus excedentes a ampliar su proceso de acumulación, brilla por su ausencia, ya que los capitales en la Argentina, o mejor, los capitales dominantes, se acumulan sin demandar inversión (rasgo evidentemente sistémico del carácter capitalista que presenta esta formación económica)

VI) UN PUNTO SENSIBLE: LA CRISIS DEL SUPERAVIT EXTERNO

De este modo, a pesar del discurso “desarrollista” de la gestión, lo cierto es que este comportamiento ha tenido un resultado casi de espejo en materia de balanza comercial. En efecto, las pocas inversiones presentes (dominantemente destinadas a mantener las posiciones relativas y a evitar la obsolencia tecnológica de las principales firmas) han estado atadas a la evolución de las importaciones industriales, dando por tierra las lecturas oficiales que hablan del “proceso de sustitución de importaciones” . Sin embargo, este rasgo que estuvo presente a lo largo de toda la etapa de crecimiento acelerado, cobra vital importancia a partir del recrudecimiento de la fuga de capitales, que como una marca adicional de la nueva etapa, emerge con virulencia en el 2008, se atenúa pero a niveles aun significativos durante el 2009 – 2010, y recrudece en niveles prácticamente similares en el 2011 al pico del 2008. Así la fuga de capitales acaecidas en esta etapa, y principalmente en el último año, pone en jaque la capacidad de las exportaciones y su obtención de divisas, para hacer frente al conjunto de operaciones que se realizan en base a la moneda extranjera (compra de importaciones, pago de deuda en dólares, remisión de utilidades de las firmas extranjeras y la fuga de capitales de los residentes locales, entre otros). Es este cuadro de situación el que pone fin a una de las variables que en el discurso oficial se presenta como muestra de la “fortaleza” del modelo económico: el superávit externo, el cual ya no puede proveer los dólares necesarios que demanda el funcionamiento económico vigente, y amenaza por tanto en impactar modificando el valor de un precio clave en la economía argentina, como lo es el dólar.

VII) LA SINTONIA FINA, O ESTRATEGIA DEL SOPAPO, COMO RESPUESTA AL CAMBIO DE ETAPA

Frente al descalabro que supone en materia de organización económica la modificación de una variable clave como el dólar, que tiene impacto inmediato en el sistema de precios, en el nivel de actividad, en la situación social, entre otros múltiples aspectos que reflejan la composición extranjerizada de la estructura económica vigente, el gobierno ha impuesto una serie de medidas (obligación por parte de las petroleras y mineras de liquidar las divisas en el país, control sobre la compra de billetes y a la transferencias al exterior) que constituyen una estrategia dirigida a administrar y contener el conflicto cambiario. Esta estrategia de administración y contención no ha estado exenta de significativos discursos oficiales, principalmente de la Presidenta, denostado el comportamiento especulativo en relación con el dólar por parte de los demandantes de los mismos y principalmente de la firmas. Se ha bautizado a esta estrategia, en palabras de la propia Presidenta como “la etapa de la sintonía fina”, reconociendo con ello, tardíamente, el cambio en la etapa económica. Sin embargo, esta sintonía fina, también nombrada por parte de la máxima autoridad política del país, como “el fin de la Avivada” (a lo que corresponde interrogarse sobre las razones de que recién ahora, luego de 8 años de gestión se reconozcan las supuestas “avivadas”) tiene mucho más que ver con una estrategia donde a la par que se desacredita públicamente el comportamiento empresario, pretende cosechar comportamientos “virtuosos” por parte de los mismos sin alterar las condiciones estructurales que definen, más allá de la voluntad, la racionalidad de la toma de decisiones de estos actores. Dicho en criollo, esta estrategia, que también puede denominarse como “administración del conflicto a los sopapos” tiene la doble virtud de señalar, siquiera tangencialmente, las dificultades que en materia económica atravesamos en esta etapa, al tiempo que permite visibilizar a parte de los agentes concretos que están por detrás de los mismos; pero tiene el defecto de no modificar los contenidos que presenta la regulación pública, manteniendo por esta vía, la reproducción de las condiciones estructurales que definen el comportamiento de estos actores.

 A MODO DE EJEMPLOS: EL CASO DEL DÓLAR Y LAS PETROLERAS

En el caso del dólar, la estrategia de la “sintonía fina” realiza una denostación pública de la remisión de utilidades de las principales firmas extranjeras, así como al elevado coeficiente importador de las mismas, a la que se acompañan con medidas que si bien son importantes (como el control cambiario, la licencia por importación) no son de la envergadura para hacer frente al desafío que plantea esta problemática (por ejemplo, la discusión sobre la extranjerización productiva, la falta de un proyecto de reindustrialización, etc).

En el caso de la reciente discusión con las petroleras , la “administración del sopapo” se expresó en la denostación pública de los comportamientos anti-competitivos (caso de la denuncia a las petroleras por vender con un sobreprecio a las transportistas el combustible, la falta de inversión en las áreas de concesión, etc) que parece estar más atado al modo en que el sector encarará el abastecimiento interno sin presionar excesivamente sobre el balance de divisas antes que a modificar la regulación estatal sobre el sector (revisando los decretos menemistas que fijaron a los hidrocarburos como simples mercancías y no como bienes públicos de carácter estratégico para el desarrollo y la libre disponibilidad del crudo por parte de las firmas) que permitirían al Estado capturar una parte mayor de la renta petrolera (en tanto el precio del barril supera los U$S 70 y su costo está en torno de los U$S 12) garantizando el abastecimiento energético a precios acordes con el costo de producción local y concretando las impostergables inversiones en materia de exploración, distribución y transporte que demanda el cuadro energético vigente.

VIII) LA EXPLICITACION DE NUESTRA ESTRATEGIA: EL CAMBIO ESTRUCTURAL

Está claro que asumir los desafíos que plantean la nueva etapa supondría modificar la “sintonía fina” o “la administración a los sopapos”, tanto da, por una estrategia dirigida a replantear los aspectos estructurales que están por detrás de los problemas que atravesamos. En apretada síntesis, se trata de pasar de una economía motorizada por el mercado mundial y el consumo de altos ingresos por otra que haga depender el ciclo económico de la evolución del consumo popular como eje fundamental de la demanda, que permita a su vez construir una plataforma endógena para hacer posible un proceso de REINDUSTRIALIZACION en base al control público (Estado más Comunidad) del proceso de inversión. Resulta claro que la opción que le oponemos a la estrategia asumida por el gobierno requiere de un fuerte grado de cohesión política para hacer frente a la disputa con el Poder vigente. Estamos convencidos, que el respaldo popular con que cuenta la gestión, tanto en el reciente resultado electoral (54% de los votos) como en el consenso social que adquiere el discurso de denostación a la cúpula empresaria (es decir, el aval social al “sopapo” a las firmas), son muestras elocuentes de que se puede transitar este camino. También estamos convencidos que no hacerlo tampoco es gratis para la actual gestión, en tanto, la sola denostación pública es ineficaz para producir el cambio en los comportamiento empresarios que los desafíos económicos demandan (y en tanto no lo hagan transforman en vacías o carentes de efectos, las palabras presidenciales). Pero también somos conscientes que, avanzar en el cambio estructural, supondría una modificación abrupta de la base de sustentación política de la actual gestión, que incluye en un lugar privilegiado pero silenciado, por más que no se la quiera escuchar o se los pretenda negar, a los poderes económicos instituidos. Claro está, que aunque su base de sustentación política se ancle en el poder económico vigente, la actual gestión no es neutra, muy por el contrario, respecto al grado de consenso social que se muestra en cada coyuntura. Su condición de permanencia en la administración del aparato estatal es, como para cualquier elenco gubernamental, los grados de legitimidad política que en cada momento detenten. Es por esta razón, que frente a los atisbos de deterioro en la legitimidad política fruto del cambio de etapa económica, es que la actual administración demostró tener una capacidad de innovación de políticas económicas de elevado consenso para dar aire y perspectiva a la reproducción social (como ya lo señaláramos en el punto “sobre las medidas progresistas…”) y en la actual coyuntura pretende cosechar una mejor performance empresaria en materia de inversión sobre la base de la “administración del sopapo” pero sin modificar los aspectos estructurales que están por detrás de los problemas que expresa la coyuntura.

IX) LA SINTONIA FINA Y LOS SECTORES POPULARES: DE ANTECEDENTES, AMENAZAS, SOPAPOS Y FANTASMAS

Dada la complejidad de este punto nos ha parecido propicio subdividirlo en una serie de acápites específicos.

 SOBRE LOS ANTECEDENTES: LA RECONSTITUCION DEL VINCULO CON LA GESTIÓN

Resulta claro que el elevado consenso social cosechado por el oficialismo en la última contienda electoral tiene, entre otros factores, un importante componente económico que lo explica. En efecto, es la constatación de que la Argentina actual y principalmente la situación de los sectores populares no tiene nada que ver con la situación vigente en el infierno del 2002 (y que como es lógico se presenta como una situación anterior a la actual gestión). Hemos señalado en reiteradas oportunidades que si bien esto es cierto, es decir que Argentina salió del infierno, el proceso vivido no permitió que se alcanzara los grados de organización social que nuestra sociedad tenía previa a la crisis de la Convertibilidad (1998) y que al mismo tiempo, tanto esa crisis, como la salida abrupta y salvaje de la devaluación del 2002 son, en gran medida, las que parieron las condiciones internas (regresión brutal de la distribución del ingreso, capacidad instalada e infraestructura disponible) que permitieron el crecimiento fácil sobre el que se montó la actual gestión. Sin embargo, lo que interesa señalar en esta parte es que efectivamente los sectores populares salieron del infierno del 2002, y que ello aconteció a partir del 2003 con la actual gestión comandando el aparato estatal. Ahora bien, la etapa abierta a partir del 2007 también tuvo un importante efecto de deterioro en el consenso social por parte de los sectores populares. En efecto, frente al crecimiento de los precios a partir del 2007, conjuntamente con el estancamiento en nivel de empleo como parte del proceso de desaceleración económica del 2008 y recesión del 2009, en las elecciones legislativas anteriores (2009) el oficialismo vivió una importante pérdida de legitimidad política (perdiendo nada menos que en la Provincia de Buenos Aires, distrito clave para la permanencia a futuro en el aparato estatal). Fue en este marco, que emergieron importantes “novedades de política económica y social”(aludidas en el punto de las medidas “progresistas” de la etapa), en tanto se crearon mayores planes sociales (Argentina Trabaja); se decidió aplicar recién en ese momento parte de los recursos que se habían recuperado de la eliminación de las AFJPs para poner en marcha la Asignación “Universal” (el entrecomillado es para no perder de vista que la asignación no es universal en tanto quedan afuera 3,5 millones de pibes), acompañados por una ofensiva contra uno de los exponentes más visibles del poder económico (pero no por ello el más importante), como lo es la disputa con el Grupo Multimedios Clarín. A la recomposición material y simbólica con los sectores populares encaradas por las políticas de la gestión se agregaron los efectos positivos que se derivaron de la salida de la recesión del 2009 por medio del rápido crecimiento en el 2010 y 2011 que permitieron pasar de una destrucción de puestos de trabajo en el 2009 a un leve repunte del empleo en estos años (aunque manteniendo un virtual estancamiento respecto al 2007), en el marco de aumentos nominales sobre los ingresos de los sectores populares (salarios de convenio, jubilaciones, asignaciones pero no planes sociales) que son vividos como mejoras en el poder adquisitivo de carácter temporal (pero mejoras al fin) hasta que tienden a licuarse paulatinamente por la persistencia en la tasa de inflación (que diluye la mejora) produciendo una expectativa social respecto al siguiente aumento nominal.

 SOBRE LAS AMENAZAS: LA CRISIS FISCAL COMO ESPADA DE DAMOCLES DEL AJUSTE

Ahora bien, la recomposición del vínculo con los sectores populares supuso para la actual gestión tensar al máximo las cuentas fiscales en un contexto donde el menor crecimiento y la recesión estrechaban los márgenes de acción en esta materia. Así desde el 2007 las cuentas fiscales muestran un déficit que se ha cubierto con recursos extrapresupuestarios (ANSES; Banco Central, fundamentalmente) pero que paulatinamente se muestran insuficientes para hacer frente a la totalidad de compromisos fiscales (remuneraciones, jubilaciones, planes sociales, subsidios a sectores económicos, pagos de deuda pública, etc). Así, en el 2011 a pesar de todos los recursos extrapresupuestarios, estos no alcanzan para cubrir la totalidad de los gastos, presentando las cuentas públicas un déficit financiero (situación similar a la del 2009 con la diferencia que el déficit del 2011 triplica el de aquel año). La situación para el 2012 lejos de mejorarse empeora, toda vez que de mantener las tendencias actuales, el 2012 sería el primer año donde además de déficit financiero tendríamos una situación de déficit primario (esto es la totalidad de los recursos, incluyendo los extra-presupuestarios, no alcanza para cubrir los gastos internos - es decir sin computar el pago de intereses de la deuda pública). Es en este marco de deterioro progresivo de otra pata de las “fortalezas del modelo” (esto es del superávit fiscal) que la “sintonía fina” parece asemejarse a un “ajuste sobre los sectores populares” de manera de equilibrar las cuentas fiscales. En efecto, las voces oficiales que hace tiempo vienen señalando la necesidad de bajar la nominalidad en la discusión salarial (tratando de imponer un aumento escalonado del 18% frente a los aumentos anteriores en porcentajes cercanos al 25%), así como la eliminación de los subsidios en las tarifas de los servicios públicos (que amenaza con impactar en los ingresos populares) son señales que ponen en alerta y suspenso el consenso social de los sectores populares en esta coyuntura, en tanto implican que el reordenamiento de las cuentas fiscales se descarguen sobre los mismos.

 SOBRE LOS SOPAPOS A LA CGT Y A LOS DOCENTES: ¿TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA? SOBRE LA VARIADA SUERTE DE LA CTA DEMOCRATICA Y LA CTA INTERVENIDA

Es en este contexto que también hay que ubicar los “ruidos” que en la relación Gobierno–CGT parecen haberse instalado en esta coyuntura. Más allá de las cuestiones vinculadas con el liderazgo político y la hegemonía al interior del elenco gubernamental, lo cierto es que hay una base objetiva para que los chispazos entre los otroras socios tengan lugar. En efecto, el actual Secretario General de la CGT parece más un obstáculo antes que un promotor para transitar el déficit fiscal disciplinando dentro de los sectores populares al segmento de las asalariados privados formales. Cierto es que la CGT representa una parte minoritaria de los sectores populares pero significativa, tanto por su capacidad de movilización, como por el aporte que puede brindar a la erosión de la legitimidad política de esta etapa. Tan cierto, como que lo que hasta acá signó el comportamiento político de esa organización de trabajadores ha sido la reinvidicación gremial de sus afiliados por vía de la discusión salarial de convenios. Es en este punto, donde las criticas (de menor envergadura que respecto de los empresarios) oficiales respecto a la figura del Secretario General de la CGT se asemejan también a un “dispositivo del sopapo” tendiente a disciplinar el comportamiento de ese colectivo de trabajadores. De igual modo, se puede entender la reciente denostación presidencial a los maestros en el marco de la discusión paritaria del sector (la famosa frase presidencial en el marco de la inauguración de las sesiones ordinarias del Parlamento Nacional, “…trabajan 4 horas y tienen 3 meses de vacaciones...”) y la posterior decisión de la gestión estatal de cerrar por decreto la paritaria sectorial (con un aumento del 20%). Sin embargo, no es el mismo consenso social que tiene la denostación pública sobre los empresarios que sobre los representantes de los trabajadores, máxime para un gobierno que se presenta como “favorable para los trabajadores” y que ha elogiado en reiteradas oportunidades a los dirigentes que hoy cuestiona (tanto el titular de la CGT como a los representantes de los docentes) con el objeto de construir “moderación” en las demandas de estas organizaciones.

Un dato no menor que ha resultado como efecto de la práctica política desplegada por la gestión estatal es el acercamiento entre la CGT (conducida por Hugo Moyano) y la CTA conducida por Pablo Micheli (como resultado del voto democrático de sus afiliados en las pasadas elecciones), que si bien no lograron trascender de la mera enunciación de acuerdos en ejes básicos (discusión salarial, postura frente al impuesto a las ganancias, planes sociales, etc.) y no se efectuaron acciones en conjunto (donde la CGT no participó de la masiva Jornada de Lucha contra el Ajuste del 14 de marzo convocada por la CTA –conducción Micheli, La Corriente Clasista y Combativa y Barrios de Pie a pesar de que inicialmente trascendió que lo haría) ha puesto en pie de alerta a los otros representantes de la CGT que pretenden desplazar a la actual conducción de la misma como modo de evitar una mayor potencia en la organización de los reclamos populares. Por otro lado, otro efecto sobre las organizaciones populares es el desdibujamiento de la CTA –Intervenida (ya que es la de mandato vencido, prorrogada por el Ministerio de Trabajo y conducida por Hugo Yasky), que a pesar de su simpatía pública con la gestión gubernamental ha tenido que terminar validando el paro docente nacional con que los maestros expresaran su rechazo a los dichos presidenciales y a la decisión de cerrar vía decreto la discusión paritaria del sector.

 SOBRE LOS FANTASMAS: POSTERGACION Y CONTENCION

Dado el efecto inverso en la valoración social que surge de la aplicación del “sopapo” sobre los trabajadores más que sobre los empresarios, es que el disciplinamiento social que requiere la etapa para hacer frente a la crisis fiscal tiende a aparecer más como un fantasma (que se anuncia principalmente a partir de las medidas oficiales) que a una realidad concreta que impacta en la cotidianeidad de los sectores populares (por la postergación que aplican las propias medidas oficiales). Así, la quita de subsidios aún no ha impactado en ninguna tarifa de los sectores medios y populares, la discusión salarial en torno del 18% tiende a relajarse y ya se han homologado convenios con aumentos del 24% (aceiteros, aunque resta observar qué sucederá en el caso de los docentes ), el reciente aumento a los jubilados (del 17%) tiende a reproducir lo ocurrido en el 2011 antes que a plantear un aumento más estrecho; y por último el reciente anuncio de subir el mínimo no imponible tiende a dar aire a la discusión paritaria en curso (de manera que las bases representadas por la CGT, esto es los asalariados privados registrados, no pierdan en el pago del impuesto lo que ganan por el aumento). Se trata de una estrategia que tiende a sortear el ajuste que anuncia sobre los sectores populares para evitar la pérdida de legitimidad política que produciría un menor aumento en la nominalidad del proceso de recomposición de ingresos que caracteriza a esta etapa. Si bien esta estrategia logra suspender el ajuste tiene un doble efecto: a) por un lado, no remueve las condiciones del ajuste, solo logra sortearlo momentáneamente y este pende como una espada de Damocles sobre la situación de los sectores populares; y b) en tanto se busca evitar el ajuste tiende a contener las demandas populares en pos de satisfacer las necesidades aún presentes en nuestro pueblo, “naturalizando” (es decir, conformándose con) la situación social vigente.

X) NUESTRA PROPUESTA: REFORMA IMPOSITIVA, PISO DE INGRESOS Y DEMOCRACIA SINDICAL

Más allá de lo saludable que supone la postergación de medidas que tienden a ajustar el ingreso de los sectores populares, lo cierto es que en el marco del deterioro de las cuentas fiscales estas medidas intentan posponer lo máximo posible el ajuste que la ecuación fiscal demanda. Desde nuestra perspectiva, también es posible encarar una estrategia que suponga sortear las tendencias al ajuste sin que suponga una postergación que pende como una espada de Damocles sobre los sectores populares sino que dé respuesta eficaz, asumiendo los desafíos planteados. No otro es este desafío de la siempre postergada Reforma Impositiva de Carácter Progresiva. Esta Reforma Fiscal de carácter estructural es la única que permite agregar recursos al aparato estatal que permita que en lugar de disciplinar (conteniendo) a los sectores populares, estos puedan mejorar significativamente sus condiciones de vida. Unas pocas líneas generales, dado el desarrollo realizado en otros materiales y el objeto de este material, permiten precisar a los que nos referimos:

Sobre la Reforma Impositiva:  Restituir las contribuciones patronales para las grades firma al nivel de 1993.  Aumentar la tasa de imposición de las ganancias de los estratos más altos, al tiempo que adecuar el mínimo no imponible a la canasta de consumo necesaria para los hogares.  Aumentar la tasa de imposición sobre la remisión y distribución de utilidades, premiando la reinversión productiva.  Eliminar las exenciones a la renta financiera, a la renta minera y a las ganancias patrimoniales de las firmas  Eliminar los diversos regímenes de promoción a la inversión de los capitales más concentrados con férrea regulación pública para evitar el traslado a precios.

Sobre la Revisión de los Gastos

 Fijar el precio del barril del petróleo en base al costo de producción de manera de bajar drásticamente los subsidios a la energía y al transporte sin aumentar el valor de las tarifas de los usuarios.  Revisar las condiciones de legalidad y legitimidad de la deuda pública de modo de bajar drásticamente los compromisos de pagos de intereses y capital del presupuesto nacional.

Sobre las Políticas de Ingresos:  Universalización de la Asignación por Hijo y de la Jubilación Mínima a los excluidos de ambos sistemas.  Seguro de Empleo y Formación para todos los Jefes de Hogar Desocupados que permita garantizar un ingreso familiar por encima de la canasta de pobreza.  Adecuación del salario mínimo y del básico de convenio a la canasta necesaria de consumo.

Sobre la Democracia Sindical

 Libertad y Democracia Sindical para que los propios trabajadores decidan el tipo de organización que los representa.

Avanzar en esta dirección supone para la gestión de gobierno, por un lado un gran consenso social (que a nuestro juicio está en capacidad de convocar), pero al mismo tiempo implica alterar desfavorablemente contra las condiciones de reproducción de la base dominante de su sustentación política: los sectores más acomodados de la sociedad. También atenta contra el vínculo directo que la gestión gubernamental tiene con cada gobernador e intendente (con independencia del signo político) en tanto la ausencia de reforma fiscal nacional es consustancial con la permanencia de estructuras fiscales regresivas al interior de cada una de las provincias y municipios del país. Es por esta razón, que a pesar de la estrechez que muestran las cuentas fiscales, hasta ahora no se ha escuchado por asomo plantear una Reforma Impositiva Integral, ni en la Nación, ni en la mayoría de las provincias, ni en los municipios. Son los límites políticos precisos que tiene la actual gestión para resolver adecuadamente lo que en el plano fiscal y de ingresos de los sectores populares le plantea esta etapa.

Nuestra propuesta se completa con otros dos aspectos relevantes del tipo de sociedad que tenemos y sobre los cuales pretendemos modificar, a saber:

Sobre la cuestión Productiva: como ya lo señaláramos (ver punto VIII) el desafío en esta materia pasa por retomar el control público sobre el proceso de inversión, garantizando la puesta en marcha de un proceso de Reindustrialización que priorice el impacto ocupacional, el balance de divisas y el desarrollo tecnológico promoviendo a las unidades de menor tamaño (pymes), a las firmas estatales, la autogestión de trabajadores, a las cooperativas, etc. En la actual coyuntura, un modo práctico de empezar a transitar este camino es por la vía de la constitución con reservas de un Fondo para el Desarrollo, destinado a impulsar la reindustrialización, así como a reconstruir la red ferroviaria y de transporte marítimo, así como a la constitución de una petrolera estatal. Todas ellas medidas estratégicas para reorientar la composición y dinámica que presenta el actual esquema / modelo económica; y

Sobre la Representación Sindical: Se trata de garantizar la Libertad y Democracia Sindical para que los propios trabajadores decidan el tipo de organización que los representa, modificando la actual legislación interna que sobre la base del unicato sindical (fuente de verdaderos feudos de caciques que nada tienen que ver con la vida de los trabajadores que pretenden representar) tiende a obturar la participación plena de los trabajadores en la discusión de sus condiciones laborales.

Resulta claro que estos dos aspectos (reformulación productiva y democratización sindical) son también resistidos principalmente por la cúpula empresarial vigente, la que se erige (al igual que los gobernadores e intendentes en el plano fiscal) en un verdadero límite –que es necesario modificar- si se pretende transitar este camino. Cuestión a todas luces lejanas de las medidas hasta aquí expuestas por la actual gestión en esta etapa de “sintonía fina”.

XI) UNA CUESTION CLAVE: EL ROL DE LA CRISIS MUNDIAL EN LA COYUNTURA ARGENTINA

Ahora bien, hemos querido dejar para el final una cuestión significativa: nos referimos al particular papel que cumple la crisis financiera internacional en la coyuntura económica de nuestro país. Es cierto que desde mediados del 2008 la coyuntura mundial es otro de los factores que se modificó respecto a la coyuntura que atravesó nuestro país en la etapa del crecimiento fácil. Sin embargo, los efectos sobre la coyuntura económica no han sido necesariamente una reversión en los signos que se venían evidenciando. En efecto, previo al estallido de la crisis mundial, el escenario internacional constituía un marco propicio para el crecimiento económico de la Argentina por cuanto definía un escenario de bajas tasas de interés internacional (que inhibía la posibilidad de reeditar la valorización financiera como eje fundamental del patrón de acumulación local) y elevados precios internacionales para las materias primas que argentina exporta (soja y sus derivados, petróleo y derivados y commoditties industriales). El estallido de la crisis financiera mundial ha supuesto, en primer término para la economía argentina, la emergencia de un escenario internacional sumamente volátil (por ende modificable). A lo largo de los más de 3 años que transita la crisis mundial se han visto importantes movimientos en los precios internacionales de los commoditties, pero en direcciones disímiles. En primer lugar, el efecto inicial fue el de aumentar el precio de la soja y el petróleo por cuanto la sobreliquidez mundial derivado de la primera etapa de la crisis se dirigió a especular con el valor de estos bienes, que son percibidos como activos que pueden valorizarse por parte de los poseedores de la liquidez mundial. Por ende, hasta bien avanzado el 2008 (agosto) los precios del petróleo y la soja alcanzaron su máximo histórico. Con posterioridad, el mantenimiento de la crisis derivó en una fuerte caída de los precios de los mismos en el 2009, y posteriormente en el 2010 y 2011 los precios de la soja y en menor medida del petróleo han nuevamente tenido un significativo aumento (si bien por debajo de los picos del 2008, en ambos casos por encima del 2007, recuperando la pérdida del 2009). El efecto distinto respecto a otras realidades (especialmente Europa) de la crisis internacional es que nuestro país ya procesó un Ajuste brutal en el 2002, y en el marco del crecimiento acelerado, este inhibió, en lugar de potenciar, la acumulación financiera de capitales (característico de la Europa reciente como lo fuera de la Argentina durante la Convertibilidad).

Sin embargo, tampoco todo es color de rosa, por dos cuestiones fundamentales: por un lado, la elevada incertidumbre y volatilidad le agregan una elevada dosis de vulnerabilidad a nuestra inserción internacional (en tanto estamos dominantemente atados a la evolución del movimiento de los precios de la soja y petróleo que suelen tener bruscas modificaciones); y por otro lado, porque esta inserción internacional genera un tipo de crecimiento desequilibrado no exento de conflicto. El caso más reciente es el de la megaminería, que en el marco de un auge de los precios de los metales (fruto de la especulación sobre el valor de los mismos) está alentando la expansión desmedida de la explotación minera en nuestro país con elevada dosis de contaminación, depredación y por ende conflicto social.

Ahora bien, todo esto viene a cuento de señalar que la crisis mundial no es la madre de los conflictos económicos que atraviesa la coyuntura argentina. Muy por el contrario, los conflictos económicos locales no solo son previos a la crisis mundial, sino que ésta produce efectos de postergación de las tendencias recesivas que la coyuntura económica presenta. En efecto, es el sostenimiento e incluso el aumento de los precios de los productos que exportamos, los que permiten mantener el nivel de actividad (tal como ocurrió en el 2010 y 2011), incrementar la balanza comercial y aportar crecientemente a la recaudación fiscal. Está claro que no son todas las que aquí planteamos de nuestra inserción internacional sino la simple constatación de que la crisis mundial no ha descargado efectos negativos sobre la coyuntura económica que atravesamos, sino que por el contrario ha permitido darle aire al modelo económico vigente (a pesar de la debilidad de sus “fortalezas”) al precio de agregar tensión social a los efectos desequilibrantes que produce nuestra subordinada inserción internacional. No solo eso, sino que la crisis mundial ha tenido un importante rol en la reconstitución simbólica del vínculo entre los sectores populares y la gestión gubernamental. En efecto, al calor de la crisis que se observa en el mundo “desarrollado” donde la emergencia de los “indignados” ha puesto en cuestión el orden neoliberal presente (principalmente en el caso Europeo) se ha montado una eficaz estrategia comunicacional por parte del aparato mediático del gobierno para mostrar el paralelismo entre la crisis mundial y su impacto en Europa con la Argentina del 2001 de manera de sobre-ponderar la situación actual de los sectores populares. Esta operación de carácter simbólico también ha aportado lo suyo a la hora de valorar la situación argentina con lo que sucede en el mundo “desarrollado”. Por ende, lejos de agudizar las contradicciones internas, la crisis mundial ha cumplido el rol de postergar estas contradicciones (tanto en el campo económico como simbólico) dando oxigeno al actual ordenamiento económico como al elenco gubernamental que la gestiona.

Desde esta perspectiva, queda claro entonces, que ubicar los problemas en el afuera (la crisis mundial) como eje exclusivo de la interpretación de la coyuntura doméstica es un mecanismo poco eficaz para comprender los fenómenos que recorren la etapa que transitamos, es solidaria con la visión de no visibilizar los problemas internos y tiene poca capacidad de convocatoria para un proceso de movilización y activación política que estos tiempos nos demandan.

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