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Nafta de ayer ...sacándosela a Repsol...
Miércoles 25 de abril de 2012, por Alfredo Grande *
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“En una exposición ganadera, un señor se acerca a un corral, interesado en comprar dos vacas lecheras. Le pregunta al paisano que cuidaba. –Disculpe, estas son vacas lecheras? –Cuál de las dos: la de la derecha o la de la izquierda?-responde el paisano. La de la derecha".

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* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

"–Sí, la de la derecha sí. –Y la de la izquierda? –vuelve a preguntar el futuro comprador. –También es lechera. Un poco sorprendido, el comprador pregunta: - Y dan buena cantidad de leche? –Cual, la de la izquierda o la de la derecha? -La de la izquierda. –Sí, esa da buena cantidad de leche. –Y la de la derecha? – vuelve a preguntar el comprador.- -También da buena cantidad de leche- responde impasible el paisano. Este tipo de respuesta se repite varias veces hasta que cansado el comprador pregunta al paisano. –Se puede saber por qué con cada pregunta usted me pregunta si la de la derecha o la de la izquierda y al final siempre es la misma respuesta?- Atento, el paisano responde. –Le explico, don. Lo que pasa es que la vaca de la derecha es mía. –Ah, y la de la izquierda? pregunta la paisano– También es mía”.

Me contaron este chiste hace más de 30 años y en ese momento me causó mucha gracia. Reconozco que ahora menos, pero su recuerdo tiene que ver con que muestra claramente lo que podríamos llamar “la lógica paradojal”. O sea: en forma simultánea, dos situaciones opuestas, que terminan siendo más de lo mismo. O sea: la vaca de la derecha (privatización) y la vaca de la izquierda (expropiación) son del mismo dueño. Entonces la pregunta “cual de las dos vacas es”, no importa. En el nivel fundante, la vaca es una sola. Única. Desde mi horizonte cultural y político, esa única vaca es la cultura represora. Y la matriz económica de la cultura represora son los negocios. O sea, el lucro. La ganancia. La apropiación de las diferentes plusvalías que el trabajo social genera. Como dice un aforismo implicado “en una cultura no represora una golondrina hace verano”.

Gas del Estado se privatizó con el voto de un diputrucho, el recordado ciudadano K-enan. Ya fallecido, supongo que ahora será un angel trucho. Pero lo más trucho no fue ese voto, sino que el dictamen legislativo nunca fue revocado, siendo un acto nulo de nulidad absoluta. Cada vez que se me vence la factura de Metrogas, recuerdo ese lamentable episodio. Por mucho menos, Lisandro de la Torre se suicidó. Por lo tanto, al igual que Claudio Lozano, yo celebro. Pero brindo con agua sin gas. La sola presencia de De Vido, responsable impune de la masacre de Once, me pone en alerta naranja. Y la invisible presencia de Dromi, el señor de los anillos privatizadores, me pone en alerta roja. Y esa alerta no deja de activarse por la recuperación de soberanía. Simplemente porque no es lo mismo recuperar soberanía que restituir un paquete accionario al Estado.

La soberanía es una concepción de la totalidad. No hay soberanía por pedazos, cachitos, fetas, trozos. La soberanía no es una picadita con ingredientes varios, incluyendo salamines menemistas convertidos. Y no hay en la actualidad de nuestra cultura un discurso de la totalidad. Por eso lo habitual es escuchar: lo bueno se aplaude y lo malo se critica. O sea: la política partida, además del soberano corazón partido…Como no se quiere abarcar el todo, porque eso implica molestas tareas de memoria cercana y democrática, se prefiere sostener la teoría del autoengendramiento. Nada tiene pasado, hacemos mucho borrón con algunas cuentas nuevas. Lo pasado, pisado. Con la repugnancia de los genocidas de la dictadura (leer declaraciones pestilentes de J R Videla) y de los fascistas de consorcio (leer declaraciones pestilentes del Jefe del Operativo “Deshaciendo Buenos Aires” ingeniero sin ingenio M Macri) es suficiente para construir el consenso de la evidencia electoral sobre la voluntad popular. El esfuerzo de disociar la restitución accionaria de Repsol, de la catástrofe del transporte, o de la lacerante humillación de los originarios, precarizados, hambrientos, es un arte que necesita de los panegíricos de varias generaciones.

El arte se llama: construcción del fetiche. Un fetiche es justamente la “parte por el todo”. La parte, por importante, trascendente, determinante que sea, no es el todo. ¿Pero hay un todo? Alguna vez a ese todo se lo llamo “metarrelato” y mucho antes… ideología. Si el presidente del concejo deliberante de Candelaria agarra a trompadas a un periodista, yo no puedo decir que no hay libertad de prensa en la provincia. De hecho, fue filmado. O sea: la parte, nunca es el todo. El genocidio se constituye no por la parte (asesinatos, secuestros, torturas) sino por haber sido un plan sistemático y planificado. Una totalidad que tuvo nombre y apellido: doctrina de seguridad nacional. Entonces no me importa cuantos mataron (me importa pero en otro nivel de análisis) sino que los mataron como parte de una totalidad mayor: la restauración conservadora, reaccionaria, fascista en la Argentina. La triple A fue necesaria, pero no suficiente. Era necesario el genocidio.

Por eso el Nunca Más es nunca más a esa totalidad. El menemismo es una totalidad que tuvo su nave insignia: la convertibilidad. La devaluación duhaldista, llamada pesificación asimétrica, fue la continuación del liberalismo por otros medios. Ya sabemos: el neoliberalismo llora, el capitalismo ríe. Cuando llega lo que luego se conocerá como kirchnerismo, se instituye la paradoja fundante: capitalismo serio + derechos humanos. Por supuesto: no es serio que Repsol mande ganancias afuera y no genere inversiones adentro. Pero fue tolerada hasta ayer no más. Elogios no faltaron para el dios caído. Ni el archivo, ni Google, ni youtube, perdonan. En la sesión del Senado, un consultor hablaba de “nuevos actores” a los que se les había dado la exploración de áreas. Ante la pregunta de una senadora, los nombres que aparecieron, entre otros, fue Vila Manzano. Y quedó claro que se había generado una intermediación parásita que recibía áreas solamente para luego venderlas/pasarlas a…YPF. Ataque brutal a la soberanía pensada como totalidad. Pero la lógica de la parte que se desentiende del todo podrá hacer creer que muerta Repsol se acabó la rabia y la rapiña.

Cuando estaba por creerlo, después de todo soy humano, lamentablemente humano, apareció la sombra de Eskenazi. El apellido me inquieta sobre todo si lo separo en sílabas. Pero sé por experiencia propia que nadie es responsable por portación de apellido. Pero de otras portaciones, si. Contactos, prebendas, favores, nepotismos varios.

Por eso esperaré, aunque nunca sentado, que alguna vez la polémica sea por el todo, y no por cada parte que aparece, incluso sorpresivamente. La presidenta lo tiene, obviamente, más claro que yo. La lectura labial permite escuchar claramente: “vamos por todo”. Paso a paso, según el evangelio de mostaza merlo. Pero todo no es la totalidad.

En el todo del capitalismo queda afuera una mayoría que, ahora así, nunca más tendrá soberanía sobre su propia vida. La nafta de ayer que se la saquen a Repsol. La de mañana, será del pueblo o no será.

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