Astilleros, un libro y el nombre de un sentimiento
Martes 8 de mayo de 2012, por Hugo "Cachorro" Godoy *
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La Feria del Libro es uno de los hechos que, año a año, congrega la movilización de miles y miles de argentinos que tradicionalmente recorren los distintos stands en ese evento, que demuestra la enorme capacidad de nuestro pueblo de construir conocimiento y proyectarlo en el afán de ser mejores como pueblo y como sociedad.

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* Secretario Adjunto de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA)

Porque el libro, de alguna manera, contiene esta capacidad creadora del ser humano de recorrer historias, de recoger pensamientos, de hilvanar sueños.

Tuve la oportunidad de visitarla en un evento que de alguna manera fue la contracara de muchos momentos vividos por los mismos compañeros y compañeras que nos llevaron a la Feria del Libro: la presentación de “Un sentimiento llamado Astillero”. Un libro donde Raúl Corzo, un trabajador de este Astillero Río Santiago ubicado en la ciudad de Ensenada, provincia de Buenos Aires, recoge la historia desde su fundación en 1952.

A lo largo de estos 60 años el Astillero fue protagonista de muchas historias. Algunas gloriosas, como creador de muchos de los barcos de la flota mercante nacional, de los barcos petroleros de cuando YPF era 100% estatal, de barcos e insumos para la defensa nacional. Y otros momentos de enorme angustia, dolor, cuando ya en los años de la dictadura se dejaron de proyectar nuevos barcos. Cuando inmediatamente después de ella, en la segunda década infame de los años ’90, fue incorporado el Astillero como la fábrica nro. 1 entre el largo listado de empresas del Estado que, de manera vergonzosa, el Congreso de la Nación aprobó una ley para ser privatizadas.

Pero en esos mismos tiempos de angustia fue cuando afloró la enorme capacidad de los trabajadores para defenderla. Para defenderla como un espacio laboral, pero también para defenderla como un hito de soberanía.

En la presentación de este libro acompañamos desde la conducción nacional de ATE Julio Fuentes y yo a todos los compañeros y compañeras del Astillero Río Santiago, y de la seccional Ensenada de ATE. De alguna manera este libro que recoge toda su historia, la de sus hombres y mujeres, la de haber sido, con 42 asesinados y desaparecidos, la planta industrial con mayor cantidad de caídos en proporción a la cantidad de trabajadores en los tiempos de la dictadura militar. La historia del intento menemista de cerrarla, militarizándola con la ocupación de los Albatros, que fueron desalojados por los propios trabajadores a fuerza de empeño, decisión y coraje, con la convicción de que el Astillero Río Santiago era un hito de soberanía como todavía lo sigue siendo.

Y en este momento en que, al mismo tiempo que se desarrollaba la presentación de este libro, en el Congreso de la Nación se estaba aprobando por absoluta mayoría la estatización del 51% de las acciones de YPF, necesariamente se dispara un debate pendiente que los trabajadores del Astillero tienen muy presente en su accionar cotidiano: cómo garantizar que esta planta industrial que reúne a 3200 trabajadores, que contiene una infraestructura y una capacidad de producción extraordinaria y hoy funcionando por debajo de sus capacidades potenciales, siga siendo un hito de soberanía y se proyecte como fuente de trabajo y como fuente generadora de riqueza para nuestra Nación. La única manera, decían y afirmaron reiteradamente los distintos compañeros que hicieron uso de la palabra, es garantizando que la industria naval sea un eje promovido y garantizado desde el Estado, como parte fundamental de un proyecto de Nación desarrollada y con autonomía.

Esto solamente será posible si el Estado garantiza la aprobación de dos leyes que fueron los propios trabajadores, no solamente con su fuerza trabajo a través de la experiencia acumulada, sino a través de su inteligencia, su conocimiento, quienes las elaboraron: una la ley de financiamiento de la Industria naval, con la idea de recuperar la marina mercante en nuestro país; y una ley de reserva de cargas, para garantizar que el enorme comercio exterior que se realiza en la actualidad a través de flotas extranjeras vuelva a manos del Estado nacional y del pueblo argentino.

Era una contracara de lo que fue: muchos de los que participaron en el relato de las historias del libro recordaban esos tiempos de los años ‘90 cuando se ocupaba la Bolsa de Valores, las movilizaciones en las calles, para resistir de cualquier manera.

Hoy, un libro que recoge esa historia se presenta en la Feria del Libro. En uno de los hechos más trascendentes de la vida cultural de nuestro país. Convencidos de que fue esa resistencia lo que alimentó esta capacidad de seguir produciendo futuro a nuestra sociedad, y de que los trabajadores, orgullosamente, somos capaces de defender lo nuestro y de proponer un futuro mejor para el conjunto de los argentinos.

Fue una verdadera flor en los jardines de Palermo.

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