Gorilopolio
Lunes 18 de junio de 2012, por Alfredo Grande *
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Cuando el destino se aparta, se extravía, se desvía del origen, algo huele a podrido y no sólo en Dinamarca. Jesús predica la buena nueva de la religión del amor. La Iglesia Católica en Argentina hace un pacto perverso con genocidas y torturadores. Del amor al terror, un extravío sin retorno.

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* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

Desde ya, el destino no puede copiar al origen. Si lo hiciera, estaríamos ante la evidencia de que no solamente segundas partes nunca son mejores, sino que sólo la eterna repetición es posible. Un más de lo mismo literalmente letal. Entonces, en una cultura no represora, el destino mantiene siempre la esencia del origen, y lo expresa de una forma renovada. Diferente. Creativa. Singular.

Por eso, la celebración inalterable del origen es siempre reaccionaria. Apelar a un origen sacro, natural, divino, es el mandato que prohíbe cualquier desvío, que será sancionado con el anatema de la herejía. Y prolija y cruelmente castigado. En estos casos sería imposible la necesaria “revolución dentro de la revolución”, para impedir los mecanismos de burocratización y nivelación para abajo de todo tránsito institucional.

En su origen, “gorila” señalaba a la derecha aristocrátrica y no tanto, enemiga brutal de todo intento de lucha popular. “Deben ser los gorilas, deben ser” que popularizó Delfor en la Revista Dislocada. Los gorilas eran la marca del anti pueblo, y no es casual que se multiplicaran después de la Contra revolución Libertadora/Fusiladora. El antiperonismo fue el camouflaje de todos los que querían, aunque quizá de diferentes maneras, aniquilar y arrasar toda forma de poder popular.

Ese fue el origen. O sea: claramente combativo, no necesariamente clasista, y con una lectura emocional y racional que podía identificar al enemigo. Cuando la Tendencia Revolucionaria cantaba “que pasa general, que está lleno de gorilas el gobierno popular” o “conformes, conformes general, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar”, ya se producía un extravío. Porque gorila era la esencia del antiperonismo. Y esos cantos, llevados a su extremo límite, debían concluir que el general Perón también era gorila ya que de gorilas se rodeaba. O sea: “gorila” de 1974 no era el “gorila” de 1955.

Se podrá decir: todo cambia, todo cambia, también cambian los gorilas. El tema a pensar es qué tipo de cambio es ese cambio. ¿Espiral dialéctica o derrape y vuelco? En la espiral dialéctica, retrocedemos para avanzar. En el derrape, avanzamos pero en la dirección contraria. Aunque nos aplaudan, sólo nos espera el precipicio. El abismo. La última voltereta, sin red y con el trapecio roto. Y a veces el tiro del final puede salir.

En la actualidad kirchnerista, el diagnóstico, calificación, vituperio, de “gorila” se está usando tan, pero tan, pero tan, pero tan alejado de su origen que ya nadie en su sano y honesto juicio, puede reconocer al enorme simio. Que, exceptuando la Argentina, está en extinción. Estoy por escribir una versión actualizada del tango Malevaje del eterno Discépolo. Lo re bautizaré como Gorilaje, y por supuesto APE tendrá la exclusiva. El que quiera cantarlo, me avisa. Voy a decirlo con la mayor precisión que pueda, que no es demasiada. “Gorila” hoy no quiere decir nada, o sea, nada importante.

¿Qué pueden tener en común Biolcatti con Bayer? Caramba, no lo había pensado. La B. Bueno, además de eso. Con precisión de la que yo carezco, que alguien me diga: ¿qué tienen en común? Lo único que yo veo que tienen en común es que nada tienen en común. Por eso hay diferentes especies de gorilas, con lo cual habría que adjetivar el sustantivo. Por ejemplo: “gorila ruralis”; “gorila anarquicus”; “gorila psicoanaliticus”. Como siempre, el humor es el espejo en el que nadie quiere mirarse.

Señalar como gorila hoy ha perdido toda consistencia. No es que no haya, porque algo de lo viejo siempre queda, como decía mi abuela y metía en un cajón el sombrero de pana. Pero en un debate político, institucional serio, señalar como gorila al adversario es…(lo escribo aunque no quiero, porque hago muchas cosas que no quiero) gorila. O sea: arrasar con el otro, aniquilar pensamientos, erradicar opciones, decretar su muerte en vida, limpieza intelectual, proponer manipulación genético histórica, y otros extravíos.

Jorge Lanata es uno de los gorilas actuales. Su destino extravió su origen. Pero no lo anula. No lo extermina. Celebrar el aniversario de un diario que él inventó, sin mencionarlo, es otro extravío. La Librería que fundaron las Madres la bautizaron Osvaldo Bayer. Por algo fue. En el Primer Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos que organizó la Universidad Madres de Plaza de Mayo, fui miembro del Comité Organizador. Presenté un libro y participé de cuatro paneles. En el informe que se entregó en el Segundo Congreso, no figuro. Vicente Zito Lema tampoco. Podemos ignorar la historia, pero nunca reconstruirla como si fuera un “mecano” o un “rasti”.

Por eso creo que es mejor discutir con categorías actuales, que discriminar con cadáveres conceptuales. O mantenemos cierta coherencia con su origen, o abandonamos la tentación de golpear con palos que tienen diferentes astillas.

A menos que la decisión política sea construir un masacote de críticos, opositores, enemigos, adversarios, de izquierda, progresistas, derechistas de centro, fascistas de extremos.

A ese masacote donde quedan unidos biblia y calefón, masacote cambalache, donde todos somos manoseados, absolutamente discriminador y anti democrático, lo bautizo como Gorilopolio. Intuyo que la tarea de estos tiempos es desarmarlo.

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