Memorial del pueblo
A 38 años del 11 de marzo del 73
Viernes 11 de marzo de 2011, por Redacción *
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Fue un hito, el momento de la transición de dos etapas de un mismo drama histórico. Más allá del final de ese proceso, cuando el 24 de marzo de 1976 el drama se confirmó en tragedia anunciada, el triunfo electoral peronista del 11 de marzo de 1973 marcó posiblemente el pico más alto de participación popular en la dinámica política e institucional del país.

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Representaba la consumación del Luche y vuelve, la consigna con la que el peronismo, a partir del Cordobazo de 1969, había decidido enfrentar la pelea para poner fin a los largos años de proscripción y exilio de Perón. Se asumía, además, como la confirmación de aquella otra consigna, específicamente de campaña, que decretaba la elevación del candidato Héctor Cámpora al gobierno, para que Perón retornara al poder. Como ninguna otra, la consigna Cámpora al gobierno, Perón al poder resumía el carácter épico que adquirió la campaña.

Para los peronistas de siempre, para la inmensa masa de recién llegados, los protagonistas especialmente jóvenes del fenómeno de la peronización de las capas medias, se trataba de romper la trampa impuesta por el régimen militar.Como parte de un proyecto continuista del régimen militar, conocido como el Gran Acuerdo Nacional, el general presidente Alejandro Agustín Lanusse; el ministro del Interior, el radical Arturo Mor Roig; el secretario de Información Pública Edgardo Sajón y algunos otros operadores de la época habían imaginado una jugada con dos caras: La creación de una candidatura oficialista, encarnada por el brigadier Ezequiel Martínez, el mismo que el 17 de noviembre de 1972 había mantenido virtualmente preso a Perón durante algunas horas, en Ezeiza.

Se determinó una cláusula que exigía a los candidatos a presidente un tiempo largo de residencia continua en el país en el período anterior a las elecciones, que hacía imposible la candidatura de Perón.La movilización del peronismo, sobre todo de sus sectores más combativos, galvanizó la opinión mayoritaria a favor de la candidatura de un leal de toda la vida, Héctor Cámpora, acompañado por el dirigente conservador Vicente Solano Lima.

Enfrente, la candidatura del viejo caudillo radical Ricardo Balbín parecía diluida entre el abrazo con Perón del 72, por un lado, y la participación de Mor Roig en el armado oficialista por el otro.Oscar Alende y su Alianza Popular Revolucionaria expresaban una variante de la izquierda sin la épica de la izquierda peronista, y la Alianza Popular Federalista de Francisco Manrique, ex ministro de Bienestar Social de Lanusse, parecía otra cara de la estrategia continuista del Ejército.Mientras duró la campaña, el tono del proselitismo peronista lo marcaron los contingentes militantes de la JP, y la flamante imagen de combativo del propio Cámpora.

El triunfo en las urnas con casi el 50 por ciento de los votos hizo inútil otra cláusula incorporada por los militares, la de la segunda vuelta electoral. Después del 25 de mayo, el día de la asunción de Cámpora, vendría la gran contraofensiva de los otros sectores del peronismo. Después vendría el 20 de junio, los tiros en Ezeiza en el segundo regreso de Perón y la renuncia de Cámpora.

Fuente: Carlos Carlos Eichelbaum

Las Pautas Programáticas del FREJULI

El 19 de enero se cumplieron 38 años de la enunciación de las Pautas Programáticas del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), que postulaba la fórmula Héctor Cámpora - Vicente Solano Lima para las elecciones del 11 de marzo de 1973.

El acto se realizó en el Hotel Crillón de Buenos Aires, en la ceremonia el candidato presidencial expresó que "el disenso fundamental que divide a la sociedad argentina no reside en la antinomia peronismo - antiperonismo, que ya ha sido superada, sino en revolución y contrarrevolución, cambio social y statu quo, liberación o dependencia".

Entre otros puntos, las pautas del Frente Justicialista de Liberación establecían la nacionalización del comercio exterior, la reforma agraria, la cogestión de los trabajadores en la dirección y explotación de las empresas, propiciando un régimen cooperativo en el campo y de autogestión en la industria, la reforma del sistema financiero para revertir con energía la desnacionalización de las entidades crediticias privadas operada en los años anteriores, el reestablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, la amnistía para todos los presos políticos, la eliminación de la legislación represiva y la condena oficial a la tortura.

Poco después, el 11 de marzo, esta plataforma programática sería votada por más de seis millones de ciudadanos.

Los puntos esenciales de las Pautas Programáticas del Frejuli

• Impulsar un acelerado desarrollo económico, armónico y sostenido, como base para elevar el nivel de vida de la población;

• Utilizar el sistema financiero como instrumento de control y orientación destinado a promover un vasto plan de justicia social;

• Proceder a una revisión total de todo el sistema impositivo y de recaudación para evitar que sea utilizado como medio de distribución del ingreso a favor de los monopolios y los sectores exportadores y en detrimento de los asalariados, del empresariado nacional y de los auténticos productores agrarios;

• Orientar el gasto público, prestando especial atención a la inversión de carácter social;

• Nacionalizar el comercio exterior para sustraerlo del control de los grandes monopolios transnacionales que son quienes manejan en realidad las supuestas leyes de la oferta y la demanda del mercado internacional;

• Controlar la deuda externa tanto pública como privada, no admitiendo ataduras ni presiones contrarias al interés nacional por los créditos exteriores que reciba;

• Plantear una Reforma Agraria Integral mediante la transformación del sistema de tenencia de la tierra, la reorientación de la política de colonización en tierras fiscales, la difusión del cooperativismo en todas sus formas, y el fomento de unidades comunitarias de trabajo rural;

• Llevar a cabo una cooperativización integral de la comercialización, eliminando los monopolios intermediarios, mediante la acción mancomunada de los productores y el Estado;

• Promover una política industrial que revierta la extranjerización de las empresas, llevando al Estado a hacerse cargo de aquellas actividades cuyo manejo implica un poder monopólico o decisiones de carácter estratégico;

• Poner en vigencia el artículo 40 de la Constitución de 1949 por el cual todas las fuentes naturales de energía son propiedades imprescriptibles e inalienables de la Nación;

• Aplicar desde el Gobierno todas la experiencias de socialización de la economía que sirvan para elevar la condición humana -en la medida que respeten las aspiraciones del hombre argentino- eliminando la alienación del trabajador mediante su efectiva participación en el poder que se deriva de la propiedad de los medios de producción.

Y alguna premisa que incluso llega a cumplirse, como la que propicia “el inmediato restablecimiento de relaciones diplomáticas con la hermana República de Cuba”. O la amnistía para todos los presos políticos sin excepción, la eliminación de la legislación represiva y la condena oficial a la tortura. Que serán las medallas más preciadas de la primavera camporista.

* Equipo de Comunicación de la CTA Nacional

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