Bienes naturales y modelo productivo
“No fumigar es la solución”
Miércoles 4 de julio de 2012, por Katy García *
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Raúl Eduardo Martín, médico rural de San Marcos Sud, provincia de Córdoba, afirmó que “las fumigaciones con agrotóxicos incrementaron las muertes por causa del cáncer. Actualmente, de cada tres enfermos uno fallece por algún tipo de cáncer”, precisó.

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Durante el Juicio por las Fumigaciones el ingeniero agrónomo Javier Souza declaró que en la Argentina se pasó de usar 30 millones de litros de agrotóxicos a 350 millones y alertó sobre los cambios producidos en el medio ambiente y la salud de los pueblos. No son todas las necesarias pero poco a poco se oyen voces que muestran la otra cara del modelo agropecuario basado en el monocultivo de la soja.

Es el caso de este médico que con más de 35 años de ejercicio profesional en San Marcos Sud, departamento Unión, no duda en afirmar que la introducción y continuidad del modelo agrícola de Monsanto al país afecta la salud de la población.

Desde que comenzó la siembra de soja transgénica y la aplicación del paquete tecnológico, en su pueblo y en otros como Justiniano Pose y Morrison, observó que varias enfermedades y muertes por cáncer se incrementaron de manera alarmante. “No sólo que hay cáncer, también se verifican trastornos respiratorios, alergias, malformaciones, abortos espontáneos, esterilidad, entre otras enfermedades”, manifestó.

“Somos tres mil habitantes, los aviones fumigan y los agrotóxicos llegan hasta el río Las Mochitas y contaminan el agua. Tenemos dos plantas potabilizadoras pero usan un protocolo anterior a 1996”, explica.

Epidemiología fatal

En 2003, junto a su esposa Susana Drincovich armaron un rompecabezas que completa los datos que el certificado de defunción informa como causa final y que en todos los casos es paro cardio- respiratorio. Así, recogieron información sobre las muertes ocurridas desde 1986 hasta ahora, según nombre y apellido, edad y causa real.

Obtenidos los datos del Registro Civil el médico recurrió a la memoria de muchos y a su propia base de datos. Se contactó con enfermeros y familiares y pudo reconstruir cuál fue la enfermedad que padeció cada uno de los enfermos y por la que murió.

En ese sentido explica que antes del boom sojero, una de cada 20 muertes se producía por causa de cáncer. De 2000 en adelante, pasa a ser una de cada diez, luego una de cinco, y en 2011 la relación pasó a ser de una cada tres. Esto significa que de tres muertes, una es por causa del cáncer y significa también que algo cambió en el medio”, precisó. Entre los más frecuentes sobresalen los que afectan colon, mama, hígado, pulmón, hueso, tiroides y cerebro.

El médico rural interpreta que “esta situación sanitaria se produce desde que se incorporan los transgénicos y comienza con las fumigaciones con endosulfán, glifosato, 2-4D, agente naranja y todo lo que venga. Total, no hay control de nada”, cuestionó.

Sobre este punto agregó que “la geografía cambió totalmente porque lo poco que quedaba de monte se taló, se corren los alambrados y se siembra en las banquinas incluso en los terrenos cercanos a las casas de la gente en los campos. No hay pájaros, mariposas, abejas”, afirmó.

La soja de la muerte

“Acá el cambio lo produjo la incorporación masiva de agrotóxicos. Y la aparición del cáncer en forma de epidemia se produjo antes y en forma espantosa en Justiniano Posse a fines de los noventa. Llamó la atención pero nadie hizo nada. Y hace poco en Morrison hubo 8 casos de cáncer de testículos en adolescentes y adultos jóvenes y nadie dijo nada. Lo mismo pasa en Leones. Y a esto hay que sumar los abortos espontáneos que se dan especialmente de octubre a diciembre cuando se fumiga con mayor intensidad”, relató.

Negar la problemática es una actitud que se manifiesta en gran parte de los pueblos afectados. “La explicación es muy simple: unos no pueden hablar porque dependen económicamente de la industria agroindustrial. Un montón de colegas que podrían hacerlo, no lo hacen. Entonces, no tenemos estadísticas reales confiables, son todas ficticias y dibujadas. Y al Ministerio de Salud de Córdoba no le conviene hacerlo”, advirtió.

Las observaciones realizadas fueron volcadas en un informe que fue presentado ante una funcionaria nacional de toxicología y en 2007 ante el fiscal general Darío Vezzaro, pero nunca fue contactado. Y desde la cartografía diseñaron el mapa de los pueblos fumigados en la provincia.

“Convivimos con una amenaza real y lo más inquietante es que todos lo saben. El tema es hablar o no hablar”, sostuvo.

Además agrega que las multinacionales en los pueblos colaboran para que nadie reaccione. Organizan charlas obligatorias en colegios secundarios y bajan un discurso favorable a la siembra directa.

El silencio no es salud

El trabajo del médico rural pone en juego elementos científicos y también antropológicos. Está claro que es diferente al de un académico en laboratorio.

Sobre este punto Martín explica que “el médico rural conoce a las personas, sus nombres, preferencias, problemas. Los científicos hablan otro idioma. Yo hablo desde la medicina humanista y empírica. Sé que mi amigo se esta muriendo de cáncer, observo que el promedio de vida está bajando, que llama la atención que mueran adultos de entre 40 a 60 años, y también jóvenes y que haya niños con trastornos de aprendizaje”, detalla.

Desde esta perspectiva el médico alerta sobre la cuestión justamente cuando el tema se debate en tribunales.

Como ocurre en la mayoría de los casos el miedo paraliza a los vecinos. “No hay organización porque todos dependen directa o indirectamente de la industria agroalimentaria, metalmecánica o cerealera. Entonces es imposible que vayan a pelear”, señala.

Y subraya: “mucho menos ahora, cuando el mayor fumigador es el secretario actual de la municipalidad, Sergio Roggero”.

¿Qué hacer?

Para el profesional existe una solución y trae a colación un hecho ocurrido en la India cuando un grupo de dueños quemaron sus campos y se negaron a utilizar herbicidas. No obstante aclara que “no se va a dar ahora, tal vez pasen décadas, si es que alguien queda vivo. Para mí, no fumigar es la solución”, asegura, pero descree que eso se produzca en el corto plazo.

En esta línea opina ante el anticipo de la localización de una empresa de Monsanto en Malvinas Argentinas que alli también se afectará a barrios colindantes. “No es solo Malvinas, es Yofre, Patricios, San Vicente, Alto General Paz, Juniors. Esto no tiene límites. Y la exclusión de los 500 metros es un engañapichanga. Creo que habrá una industria del juicio porque la salud de la población no es lo que interesa”, advirte.

El médico que se define como un “anarco peronista”, criticó el proyecto agroalimentario del gobierno. “Apoyo la mayoría de las medidas pero en política agropecuaria estoy ciento por ciento en contra”, aclara.

“Esta fue una decisión política y se resuelve de la misma manera. Pero si la Agencia Córdoba Ambiente esta manejada por gente de la zona sudoeste y sur de Córdoba ¿alguien cree que mandará inspectores?”, ironizó.

Es el modelo

Susana Drincovich, es docente y esposa de Martín. Ambos partieron al exilio interior cuando comenzó la última dictadura.

Participa del grupo Paren de Fumigar. Fue en un encuentro realizado en Colonia Caroya al que asistieron médicos de Santa Fe y del interior cordobés los que motivaron en ella un mayor interés y compromiso.

“Fue un trabajo doloroso porque son personas conocidas con las que mantenemos una relación intensa por la actividad de mi marido que los atiende a todos. Y ser la mujer del médico de pueblo te permite participar porque hacés de secretaria o de enfermera”, comenta.

“En una comunidad donde la gente se moría de vieja, por problemas cardiovasculares, no se conocía la muerte de niños y en 30 años hubo un solo caso de malformación, es preocupante. San Marcos es una muestra de lo que es el país. No es solo la soja, es el arroz, el maíz, el modelo”, considera.

Y describe un circuito tan real como triste. “El enfermo primero pasa por el médico rural que lo atiende y luego deriva a centros más complejos. Parte a otras ciudades a buscar soluciones. Se hizo quimioterapia, fue a curanderos: intentó todo. Hasta que vuelve a su lugar de origen y ahí es nuevamente recibido por el médico que lo vio partir y acompaña el desenlace”, relata.

Ambos apoyan el juicio que se lleva adelante en Tribunales pero creen que la lucha va más allá de los metros de exclusión. “Es un antecedente histórico”, señala y agrega que “el veneno no respeta metros. Mientras estamos acá, siguen fumigando. La lucha tiene que ser por el cambio de modelo y por una política de Estado que privilegie la prevención de la salud y una educación conciente incluso de médicos y agrónomos”, opina.

Para ambos lo que se viene es una industria de juicios a las multinacionales y en relación al papel del gobierno cree que aún no hay una conciencia masiva del problema que reclame y acompañe una pelea de este tipo. “Se que las Madres de Ituzaingó van por más, pero deberíamos ser miles”, concluye la docente.

Fuente: www.prensared.com.ar

* Equipo de Comunicación del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA)

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