Río+20 y Cumbre de los Pueblos
Construyendo resistencia y alternativas para un nuevo ciclo de luchas
Jueves 5 de julio de 2012, por Maite Llanos *
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La cumbre de los pueblos fue la culminación de un proceso de articulación de más de un año, en el que movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y sindicatos, construimos un momento para resistir el proceso de mercantilización y financiarización que se negociaba en la cumbre oficial de Rio+20 y para construir alternativas desde nuestros conocimientos, nuestra cultura, nuestra diversidad.

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Pero esta culminación es sólo un inicio auspicioso de un nuevo ciclo de resistencias, necesario para enfrentar la nueva fase del capitalismo de avance sobre la naturaleza.

El documento de la cumbre oficial fue un documento lavado, de reconocimiento de la dramática situación socioambiental global, pero sin compromisos para asumir realmente un cambio radical de paradigma de sustentabilidad.

La cumbre de los pueblos fue un espacio plural y diverso, que dio un paso más allá de los foros sociales. Se organizó en actividades auto-gestionadas, acciones, una gran marcha, pero su eje fueron las plenarias de convergencia y las asambleas que culminaron en un documento final, que buscó incorporar los debates desarrollados esos días, identificar causas estructurales, alternativas y posibles agendas comunes.

En 1992 frente a la Cumbre de la Tierra Eco92, las organizaciones reunidas en el mismo lugar donde se desarrolló hace pocas semanas la cumbre de los pueblos, establecían algunas incipientes propuestas de resistencia a lo que luego conocimos como la agenda neoliberal, basada en el consenso de Washington. 20 años más tarde, y habiendo ganado algunas batallas, como la del Área de Libre Comercio de las Amércias (ALCA), habiendo frenado el acuerdo global en la Organización Mundial del Comercio (OMC), los movimientos y organizaciones sociales volvimos a encontrarnos en el mismo lugar, pero con un capitalismo en crisis que busca recomponerse, avanzando sobre la naturaleza y sobre los derechos adquiridos.

En la cumbre, algunos ejes aparecieron fuertemente como aquellos que podrían orientar un nuevo ciclo de luchas. La defensa de los bienes comunes, la necesidad de enfrentar el poder corporativo de las transnacionales, la denuncia de las instituciones de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) y de los mercados financieros que marcan el ritmo de la política, la defensa de los derechos básicos y de nuevos derechos, como los de la naturaleza y sobre todo, que a la vez que se diseña la resistencia, se ponen en práctica alternativas. Estas alternativas son resultado de ese acumulado de 20 años de resistencia, desde la teoría, por ejemplo, con la economía feminista, y la práctica con la soberanía alimentaria.

La participación del movimiento sindical en la cumbre fue significativa. La base de la intervención sindical fue la asamblea realizada pocos días antes de la cumbre, donde participaron más de 500 dirigentes de todo el mundo, que concluyó con una declaración final que traspasó la frontera del lobby, para abrir espacio a la construcción de otras estrategias y posicionamientos, centrándose en la necesidad de superar el actual modelo de producción, reproducción y consumo. El slogan que los sindicatos llevamos a la marcha de los pueblos expresó los debates de esos días: “No hay empleos en un planeta muerto”.

La inacción de las negociaciones oficiales no puede traducirse en inacción para nosotros. Las consecuencias socioambientales de la falta de respuesta de una institucionalidad global capturada por las corporaciones y de los gobiernos atrapados en la lógica de las instituciones financieras, las sentimos hoy, no en 50 años, para cuando se están presuponiendo las respuestas.

¿Podemos pensar en otro tipo de intervención? Cómo podemos coordinar acciones con los actores involucrados en el proceso “de la mina al puerto”, de la globalización de la cadena alimentaria? Es tiempo de ser creativos, de incorporar demandas de otros, de dialogar y fortalecernos para recomponer un movimiento global que dé sustento a las luchas locales, porque como hemos visto, los principales desafíos hoy se dan en los territorios.

El reto que nos queda es mantener el espíritu de la cumbre, pero transformándolo en acción. Crear estrategias de unidad , que apunten a desmantelar el poder de las transnacionales, defender los bienes comunes, y generar desde nosotros mismos ese otro paradigma de sustentabilidad basado en la armonía entre humanidad y naturaleza y entre humanos y humanas.

* Asesora de la Secretaría de Relaciones Internacionales

Lima 609 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina

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