Gorilopolio (última parte)
Martes 10 de julio de 2012, por Alfredo Grande *
Enviar la referencia de este documento por email Versión para imprimir de este documento

A veces, el tiro del final puede salir. Para la cultura represora siempre es fácil matar dos pájaros de un tiro, artesanía del gatillo fácil. Intento en mis trabajos construir lo que denomino cultura no represora, en la cual el fundante es el deseo y no el mandato.

Compartir este articulo:

* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

Hoy dos pájaros estuvieron en la plaza: los que fueron por deseo, especialmente los camioneros y los que fueron por mandato, especialmente organizaciones de izquierda. Fieles al legado de Borges, los unió el espanto al kirchnerismo absoluto, porque sabemos, que en el remoto caso que hubiera amor entre ellos, es de los amores que matan. Esta fue una marcha reactiva que se pareció más un desfile.

Todas las conductas reactivas son intensas y efímeras. Algo así como los amores a primera vista ante los cuales siempre sugiero cambiar los lentes. En este caso, de primera vista no hay nada, pero en el país de las sensaciones, hubo en los momentos previos a la marcha, la sensación de verse por primera vez. El tema del impuesto a las ganancias para los salarios es de un monetarismo liberal cuasi brutal.

Podrá discutirse un impuesto al ingreso. Por supuesto, en valores no confiscatorios. Pero el salario no es ganancia, porque si alguien paga un salario es porque lucra con ello. Me siento algo idiota, pero supongo que el que paga gana más, o al menos esa es la expectativa, que el salario que paga. Lo contrario es creer la moralina de “dar trabajo”, más como dádiva que como la única forma de apropiar plusvalía. O sea: no es ganancia, es el pago a un trabajo efectivamente realizado, al mes de realizado, y con valores que casi siempre tienen como techo la canasta familiar. Y muchas veces, ni siquiera eso. Me temo que este río revuelto de las ganancias, es la verdadera ganancia de los pescadores de impuestos. Incluyendo al IVA, que es confiscatorio y grava gravemente a productos básicos. Una paciente tiene la certeza que soy un pequeño burgués porque compro fideos Don Vicente. Los caminos de la transferencia son inescrutables. Pero que los fideos paguen (en realidad lo pago yo, no los fideos) el 21% de impuesto, es tan brutal como el impuesto a los salarios. Todo esto es tan evidente, que pienso que discutir esto es una tapadera para no discutir otras cosas.

Lo digo en mi estilo de metáfora berreta: el enfrentamiento de Cristina y Hugo (adopto el estilo del familiarismo mediático) es una hermosa pelea, pero de catch, no de box. Como admirador incondicional de Rocky Balboa, el semental italiano y de la Momia, la que amaba a los niños muy tiernamente, puedo asegurar que la sangre no llegará al río, y además no habrá sangre. Ni sudor. Quizá alguna lágrima. Porque muchos que no fueron piensan como Hugo y muchos que si fueron no piensan como Hugo. Mas allá de la ventanita florida de esta coyuntura impositiva, el Modelo y la Modelo no se tocan.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires ignora a la fecha si es oficialista, opositor o no es nada más que una alucinación de los 90. Algunos y algunas que me repudiaron ante mis críticas al kirchnerismo, volvieron a vitorearme cuando escribí, pensando en Guillén: “no se porque piensas tú, Moyano que voy con vos; no somos la misma cosa, tú y yo; de derechas eres tú, socialista lo soy yo; no se porque piensas tú, Moyano que voy con vos” Pero la paradoja insalvable, es que al atacar a Hugo saco patente de gorila, porque nadie más peronista que el líder del movimiento obrero organizado. (Para qué está organizado, es tema de otra discusión. En apariencia, está organizado para pagar el impuesto al salario).

Pero si no lo ataco, saco patente de gorila porque estoy en contra del modelo que el Poder Ejecutivo impone, toda vez que pasó Reposo y vuelven los guerreros. Es decir: “gorila por qué atacas, y si no atacas, gorila”. La profecía del primer artículo se ha cumplido. El Gorilopolio es una matrix nacional y popular, desde la cual todo acto, de norte a sur, y de este a oeste, se puede gorilizar.

El Gorilopolio es la matrix que incluye opositores acérrimos, estancieros depredadores, clasistas combativos de la izquierda siniestra. Pero también desde hoy incluye a miles de camioneros, y grupos de orientación parecida o distinta, pero unidos en el gorilaje de oponerse al legado kirchnerista. Paraíso e infierno.

El Gorilopolio está pronto a implotar porque alberga demasiadas contradicciones. Lo que no tengo claro es que es mejor: si meterse adentro de una vez por todas y asi nos dejamos todos de joder, o sostener la profecía erótica de que “un mundo sin Gorilopolio es posible”.

sitio desarrollado en SPIP