No hay nada que festejar
Domingo 5 de agosto de 2012, por Claudio Lozano *
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El Gobierno incurre en por lo menos tres mentiras graves a la hora de explicar la cancelación de deuda pública. Ni se termina con el corralito, ni los Boden son sólo resultado de la herencia, ni cumplimos con los ahorristas, ni avanzamos en desendeudamiento alguno.

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* Director del Instituto de Estudios y Formaciòn (IEF-CTA). Diputado Nacional

El Gobierno pretende que festejemos y vivamos con alegría el pago de 2.300 millones de dólares que en concepto de Boden 2012 efectuará el próximo 3 de agosto.

Cristina Fernández busca repetir el momento en el que se le cancelaran cerca de 10.000 millones de dólares al FMI y que Néstor Kirchner exhibiera como un avance soberano cuando en la práctica era un paso más en la gestión de un Gobierno que en este tema ha decidido ser ‘el mejor pagador de la historia argentina.

Dice que se terminará de pagar el corralito. Obviamente al decir esto coloca a los Boden 2012 en el lugar de la herencia recibida, y por último celebra diciendo que con esto se da un paso más en el camino del desendeudamiento que, a no dudarlo, es el de la liberación.

No es cierto que terminemos con el corralito ya que son varios los ahorristas que en su momento recibieron 1.962 millones de dólares en Boden 2013 cuya última cuota será en abril del año próximo.

En segundo lugar, no es cierto que la totalidad de los Boden sean heredados: Las referencias a la crisis 2001-2002 como único origen de los Boden 2012 propias del discurso oficial omiten que en el bienio 2005-2006 se emitieron 5.200 millones de dólares que fueron a financiar al Tesoro y que de manera dominante fueron entregados a Venezuela por el Gobierno de Néstor Kirchner.

En tercer término, hay que señalar que no se está cumpliendo con los pobres ahorristas que fueran estafados. Tanto al momento de emitirlos donde solo el 33 por ciento de los bonos fueron a los ahorristas en tanto del 67 por ciento fue a parar a los bancos en concepto de compensación (subsidio) frente a la pesificación asimétrica, como por las reventas posteriores hechas tanto por Venezuela como por los propios ahorristas, se estima que más del 85 por ciento de los Boden que pagaremos están en manos de bancos privados y de fondos tales como Franklin Resources, Capital International Fund, Fidelity, Black Rock y otros.

El paso que se está dando tampoco avanza en el desendeudamiento. Cabe decir que luego de la reestructuración del 2005 la deuda pública creció en 53.000 millones de dólares llegando al final de 2011 a 178,9 mil millones. Cifra esta que no incluyen lo intereses adeudados al Club de París, ni la deuda asumida en función de los Bonos Cupón PBI (que este año superan incluso a los Boden 2012), ni la deuda neta de reservas del Banco Central. Si los incluyéramos el endeudamiento superaría los 230.000 millones de dólares.

Debiera consignarse que dado el nuevo contexto de déficit fiscal que exhibe la política oficial, esta deuda crece a razón de 10.000 millones de dólares por año.

Lo que sí es cierto es que hay un cambio en la composición de los acreedores y que el Gobierno tiende a presentar como desendeudamiento el hecho de que parte significativa de la deuda (53,8 por ciento) está en manos de organismos públicos como el BCRA o la ANSES. Asume en este sentido el criterio de que a estos organismos no habría que pagarles, como sí esa decisión no produjera efectos en las jubilaciones actuales y futuras o en la evolución de los precios.

Ni se termina con el corralito, ni los Boden son solo resultado de la herencia, ni cumplimos con los ahorristas, ni avanzamos en desendeudamiento alguno.

No hay nada que festejar y hay que acabar con esta farsa que es el resultado de un Gobierno que en ningún momento avanzó en la revisión e investigación del endeudamiento y que al mantenerse preso de la lógica financiera de la deuda terminó siendo el mejor y mayor pagador de nuestra historia.

Habría que preguntarse porqué razón es lógico que hoy le paguemos a bancos que en lo más álgido de la crisis fueron subsidiados, que esquilmaron a los ahorristas, que acumularon pingues beneficios, y que hoy vuelven a cobrar.

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