La odisea de entregar un pedido de audiencia en la Casa Rosada
Sábado 1ro de septiembre de 2012, por Paula Pimentel *
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El jueves 30 de agosto convocamos a que nos acompañen en la presentación de un pedido de audiencia con Cristina Fernández para tratar dos temas: la causa Qom de La Primavera y la reforma del Código Civil.

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* Integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) La Matanza

Estuvimos allí, junto a las Madres dando la vuelta eterna a la pirámide, testigo de la historia de nuestro país, en la Plaza de Mayo. Esa Plaza que las refugió en los años más oscuros, en la que tuvieron que comenzar a moverse y girar constantemente, porque la Junta Militar no permitía reuniones en la vía pública. Una Plaza que es de todo el pueblo argentino que lucha por justicia, memoria, verdad y el cumplimiento de los Derechos Humanos.

Esa Plaza aún hoy cobija los reclamos de aquellos que padecen la vulneración de sus derechos. Y frente a la Plaza, está la Casa Rosada. Pero antes de la Casa Rosada, ubicada en Barlcarce 50, hay una valla. Y llegamos a lo que hoy queremos denunciar, con bronca y tristeza.

Luego de la ronda de las Madres, nos acercamos como habíamos anunciado públicamente a entregar la nota a la Casa Rosada, esperando ser recibidos en mesa de entrada sin ningún problema, como cualquier ciudadano que quiere dejar un mensaje a la Presidenta, para irnos con una copia sellada y esperar una respuesta.

Mientras nos acercamos, las vallas se cerraron aún más, el cordón policial creció repentinamente. Tres pañuelos blancos encabezaban el grupo de personas que entregarían la nota. Pero en la valla los policías, y la negativa a dejarnos pasar. Las vallas están cada vez más lejos de la Casa Rosada, los actos cada vez más retirados, el lugar, cada vez más inaccesible. Los pañuelos blancos comunicaron nuestra intención, entregar una nota e irnos. Pero no. Media hora estuvimos para que finalmente nos abran la valla, “que pasen las Madres y 20 personas, no más”. Pasamos; militantes y prensa. Lo asombroso es que fuimos custodiados por la infantería. De pronto, escudos y bastones acompañaban nuestro paso por la vereda de la Plaza, hasta que llegamos a la reja de entrada. Y ahí de nuevo. Pretendían recibir la nota desde las rejas, y que nos vayamos. La indignación, la historia de los militantes, de las Madres que tuvieron que ir a ese mismo lugar a preguntar dónde estaban sus hijos durante la dictadura, la indignación, decíamos, de ser tratados con temor, como desconocidos, o como simples terroristas.

Finalmente entraron al hall de Casa Rosada las tres Madres, una representante de los Pueblos Originarios, y el presidente de APDH Nacional. Incluso gente que firmaba el pedido de audiencia no pudo entrar a entregarlo como corresponde.

Suplicar a las personas de seguridad para entregar una nota destinada a la Presidenta es triste y vergonzoso. Vergüenza por quienes están del otro lado de las vallas, impidiendo el paso a Organismos de Derechos Humanos, Madres de Plaza de Mayo, a los Pueblos Originarios, o a cualquier ciudadano argentino.

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