Entrevista a Ana Montero, educadora y escritora
"Simón Rodriguez vio en Bolivar su destino revolucionario"
Sábado 8 de septiembre de 2012, por Marcelo Paredes *
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Simón Rodríguez fue el primer educador popular de América Latina, maestro del libertador Simón Bolívar, referente obligado de Hugo Chávez y tema del libro “Inventamos o erramos” publicado por CTA Ediciones y escrito por Ana Montero, educadora, alfabetizadora y congresal de la CTA Rosario. Una oportunidad para asomarse a la vida y el pensamiento emancipador de un maestro del pueblo.

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¿Cómo nació el interés por Simón Rodríguez?

Viajando en colectivo por un pueblito de Santa Fe, vi una pintada en una pared que decía "Inventamos o erramos" y empecé a averiguar de quién era y no paré hasta descubrirlo. Me llamó la atención sobre todo el “inventamos”, no por miedo a errar, sino sobre todo porque se podía inventar, se podía crear, porque se podían hacer cosas para ayudar al otro. Descubrí que don Simón Rodriguez fue un educador popular. Me impactó mucho que murió a los 83 años y hasta el último momento estuvo educando. Me llevó tres años conocer a Don Simón, aunque todavía hoy sigo descubriendo cosas nuevas sobre él.

Don Simón fue un chico expósito, primero le pusieron el apellido del padre, un cura llamado Carreño. Pero él quiso cambiárselo por el de su madre, Rodríguez, una india guaraní que lo había abandonado porque no podía cuidarlo. Eso también me impactó, conociendo su vida yo digo que nunca fue chico don Simón.

¿Qué es lo que más destacarías sobre su figura?

Destaco que fue un hombre que siempre se las arregló solo, vivió mucho tiempo solo. Vivió mucho tiempo en Caracas, trabajó en la escuela a la que fue Simón Bolívar y redactó un escrito con una propuesta para reformar esa escuela. Proponía sacar a los alumnos de allí y llevarlos a los parques, a la tierra, aprender de sobre la naturaleza, los animales, las plantas, los bichitos… Y preguntaba por qué no venían los pardos, los negros, los indios. Y por qué no venían las mujeres! Decía que si la Iglesia aceptaba a las mujeres también tenían que recibirlas ellos. De esa forma las mujeres iban a poder elegir el hombre que quisieran y no el que les impongan como ocurría en aquel tiempo. Cuando las autoridades vieron eso le dijeron que no rotundamente y comenzaron a tratarlo de loco. Entonces don Simón contestó que si no aceptaban lo que proponía renunciaba a enseñar en esa escuela, en Caracas y en Venezuela para toda la vida. Y renunció.

Fue entonces que participó del levantamiento encabezado por Manuel Gual y José María España, que tuvo el apoyo de varios revolucionarios españoles presos en La Guaira, que les acercaban documentos e información sobre la Revolución Francesa. Fue un intento de imponer esas ideas en Venezuela, pero Don Simón cayó preso, a España al poco fue ahorcado, Gual también fue asesinado… A Don simón primero lo liberan porque pensaron que no estaba involucrado y al poco deciden apresarlo otra vez porque entendieron que sí había participado, pero para entonces él ya se había escapado a Jamaica sin despedirse de nadie.

Ese concepto de inclusión de Don simón, ¿era común en su época?

¡No! He leído muchos libros antiguos, el propio Emilio de Rousseau era Emilio porque fue hijo de un terrateniente. Pestalozzi, otro educador, educaba nada más que a los pudientes. Piaget, la estrella de los educadores, era muy rico y si bien logró muchas cosas importantes fue con sus hijos que vivían en un lugar hermoso, comían bien, jamás aplicó sus innovaciones con otros chicos de otra calidad social. En cambio don Simón les decía a los gobernantes: denme los pobres, denme los menores que están en la cárcel, denme los de la inclusa (orfanato) que a esos yo voy a educar para transformar en hombres distintos. Mucho tiempo después Paulo Freire comienza a educar a los obreros, a las mujeres, a los campesinos. Fue quien siguió su camino y es a quién yo llamo mi maestro.

¿Qué pensás que Don Simón le dejó a Bolívar, qué hay del él en el gran Libertador?

Cuando lo encuentra a Bolívar en Europa, flaco y abandonado por la muerte de su esposa un año después de casarse, le dice que tiene que cambiar esa vida y a partir de entonces se dedicó solamente a él, lo tomó como un hijo a pesar de que se llevaban poco más de veinte años, se alejó de sus amigos para dedicarse a sus caminatas, a proponerle otras lecturas, a transmitirles sus propias experiencias y su propia filosofía. Lo lleva a caminar, sin trasladarse en lujosas diligencias, a andar a caballo, dormir en un pajar…, prácticamente caminaron de París a Roma. En el camino le iba haciendo leer diferentes cosas que discutían al día siguiente. Así fue completando su formación y al llegar a Roma tuvo lugar el Juramento del Monte Sacro.

¿Qué vio Simón Rodríguez en Bolívar?

Él veía en Bolívar ese destino revolucionario, sentía que no había otro en Venezuela que pudiera llevar adelante el proyecto. Bolívar tenía sus cosas, pero cuando él decía “Esto se hace”, se hacía; como dice Chávez, “pa´ lante”, él iba adelante fuera lo que fuera, en todas las batallas que llevó adelante en Bolivia, en Perú, en Venezuela. A diferencia de San Martín que planificaba mucho, que era un estratega, él no, se mandaba con todo yendo adelante con su sable en mano. No murió en batalla, murió de tuberculosis muy joven. Don Simón lo había visto, sabía que Bolívar iba a ayudar a sacarse a los españoles de encima a quienes les tenía muchísima bronca.

Un día Bolívar le dice tienen que volver a América porque él tiene que cumplir su juramento. Don Simón le dice que él se queda en Europa porque tiene miedo de que lo apresen y Bolívar regresa solo. Se despiden con un abrazo con la idea de encontrarse en América, cosa que mucho después sucedió. Don Simón quedó solo, recorriendo Europa, trabajando siempre sin pedir nunca. Fue cajista, trabajó en una imprenta, en una cristalería, en una carpintería, en una sastrería y con eso vivía.

Un buen día decidió volver, pero no a Venezuela, entró por un puerto de Colombia. Se encuentra con Sucre y con el proyecto de la Gran Colombia. Sucre se demoró en avisarle a Bolívar que había vuelto su maestro y cuando lo hace, Bolívar le envía una carta hermosa (que está en el libro) que muestra por qué Simón Rodríguez lo eligió a él. Lo llama “mi maestro", “mi don Simón", era de él. Un día Don Simón le dice a Bolívar que ellos son iguales, sólo que con distintas realidades: “Vos sos militar y luchás y yo soy educador y educo”.

¿Escuchaste referencias de Chávez sobre Simón Rodríguez?

Chávez se llena la boca hablando de él, se están aplicando muchas de sus ideas en Venezuela. Mi libro lo terminé en el 2007, y desde entonces a partir de la reforma de la Constitución se han hecho muchas cosas en el país. Sé que hoy hay un instituto para docentes, porque Don Simón les aconsejaba llamar la atención del alumno, enseñarles a amar a la naturaleza y hacerlo por vocación, que la docencia no puede ejercerse por un salario.

Leyendo el libro de Carlos Aznares Los sueños de Bolívar en la Venezuela de hoy, me entero que Chávez también juró bajo un árbol por aquellas aspiraciones del "El árbol de las tres raíces" (Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora). Y verdaderamente desde entonces Chávez ha tratado de cumplir con su juramento.

¿Qué otras particularidades nos podés contar sobre Simón Rodríguez?

Él recibió en Venezuela los peores epítetos, las peores ofensas, le decían caza monjas, loco, mitómano, de todo… Le tenían bronca por su defensa de los indios que eran esclavos, propiedad del dueño, cuentan que Bolívar jugaba a pellizcar a los indiecitos y que ellos se divertían pero su maestro se enojaba, le decía que no debía hacerlo.

Tuvo mujeres. Se casa con su primer mujer a la que nunca le escribió desde Europa y con la que no volvió jamás. En Jamaica vivió mucho tiempo con una india gorda que le valió muchas cargadas. Se casó con su tercera mujer, una peruana con la que tuvo hijos de los que no habla, no estuvo cerca de ellos porque él vivía caminando de un lado para otro, conociendo siempre por la curiosidad que tenía en la sangre.

Decía lo que pensaba delante de autoridades, de curas y de quien fuera. Un día ve pasar un campesino con una reja y una campanita. Pregunta por qué hacen eso que llama tanto la atención y le responden que para que se sepa que van a la plaza a azotarlo porque había robado un pan. Entonces les pregunta si creen que azotarlo por haber robado un pan porque tenía hambre era una forma de enseñar. Deberían enseñarle que el trabajo le permitirá ganar el pan para comer, que con latigazos en vez de enseñarle lo van a llenar de más vergüenza y más odio. Todo eso despertaba la rabia de esa sociedad tan tradicional a la que él no respetaba.

Contanos sobre sus obras

Escribió alrededor de 16 libros pero nadie se las quiso imprimir. Él guardaba sus escritos en un cajón de madera, ese era su equipaje que arrastraba por todos lados. Recién le publican una primera obra en el norte de Chile donde lo sorprendió un sismo que derrumbó su casa y perdió una gran cantidad de papeles. Pero ese cajón lo acompañó hasta su muerte, tal es así que estando en un pueblito del Perú cuando ya agonizaba él preguntaba por su cajón. A nadie le importaba su obra y lo enterraron con esta caja. Pero muchas se salvaron.

¿En algún momento tuviste miedo de que a vos te pasara lo mismo con tu libro?

Sí! Le decía a Juan, mi marido, que me iba a pasar lo mismo que a don Simón, yo tengo 81 años y él murió a los 83, voy a ver si antes de esa edad logro publicarlo y me puse en campaña para hacerlo.

¿Qué te gustaría que pasara con este libro?

Me gustaría que este se difunda mucho, que llegue a muchas maestras para que incorporen estas ideas sobre la naturaleza, el trabajo y el estudio. Que sientan la docencia, es muy lindo lo que me pasa cuando todavía hoy encuentro gente que me dice “yo fui alumno tuyo”. No hay en el castellano una palabra que pueda expresar lo que uno siente cuando un adulto te dice “yo aprendí a leer con vos”. Y ojalá esta edición quede corta y tengamos que hacer otra.

* Equipo de Comunicación y Difusión de la CTA

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