Resignación universal por hijo
Viernes 12 de octubre de 2012, por Alfredo Grande *
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Cuando Enrique Santos Discépolo inventa la metáfora de la biblia que llora junto al calefón, nunca pensó en una homilía de Bergoglio. La cuestión es más directa. El papel higiénico era carísimo y el papel biblia suave.

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* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

Además, en esos tiempos, los calefones podían estar en los baños, lo cual fue prohibido, y luego fue prohibido fumar hasta en los baños. Por eso usar el papel de la biblia para limpiarse es la mayor degradación que al libro sagrado puede hacerse. Hasta ahí el genio de Discépolo. Pero todo cambalache, más o menos problemático, más o menos febril, degrada la suavidad que termina siendo apta para que los trapos sucios (podría agregar los culos, pero no voy a hacerlo) se limpien en casa.

Por supuesto, la casa es otra metáfora. La casa donde se lavan los cu.., digo los trapos sucios es la misma donde nadie saca los pies del plato. Pies sucios, naturalmente, para no hablar del plato. Los cambalaches se han multiplicado, aunque ahora se llamen colectoras, o listas testimoniales, o incluso frentes electorales. Nos manoseamos en el lodo, y como nos gusta ver la mugre en el cuerpo ajeno, nos pensamos limpios e inmaculados. El pensamiento de derecha es proyectivo. Jesús advirtió sobre la necesidad de ver la viga en el propio. Anticipo del análisis colectivo de la implicación. El pensamiento de izquierda es introyectivo, tanto que a veces exagera y se melancoliza. Siempre hace algo para merecer esto. Es necesario un debate sobre Izquierda, Culpa y Castigo para poder profundizar en uno de las causalidades que terminan en mesianismo y sectarismo. Pero no quiero melancolizarme. Quiero pensar en una variante de esa melancolización que es la resignación. A mi criterio, la marca de esa actitud que tiene un futuro político más cercano al contra frente y a la calle sin salida, es lo que llamaré el “teorema de las compensaciones”. El refrán que le puse letras de molde al imperio de las compensaciones es “roba, pero hace”.

Tomar nota del “pero”. No es “roba y hace”. Lo que de todos modos sería cambalachesco, porque es obvio que primero roba y con lo que sobra del banquete, hace. El “pero” es más absoluto. El “pero” es la impunidad. O sea: “como hace, no importa que robe”. A nadie le importa si robó, cuanto robó, mas allá de que no huyó y tampoco lo pescaron. Una cinta de Moebius permite recorren en un eterno devenir “robar-hacer-robar-hacer”, y así hasta uno de los tantos infinitos posibles. En un aforismo implicado, me permití invertir la fórmula: “hace para poder robar”. O sea: no hay pero que valga. El hacer, cuanto más, peor, es sólo una ingeniería del robo sin mano armada. Apenas es necesario sujetar lapicera o teclado, y estampar firma hológrafa o digital. Ejecútese. Archívese. Y que la gansa y los gansos sigan poniendo. En ese sentido, si toda propiedad es un robo, según enseñó el credo anarquista, toda asignación es una resignación.

Como el robo en su versión mas difundida, la corrupción, es, está, llegó para quedarse, y siempre irá por más, entonces de ese banquete fenomenal, que mi mente ni siquiera puede concebir, las sobras son suculentas. No pensemos en los magros banquetes de los flacos galgos. Hoy, superávits mediante, los banquetes son pantagruélicos, para usar un arcaísmo decadente. Por eso las sobras no son nada desdeñables. No se tira manteca al techo. Lamentablemente, si se tira leche a la tierra. Pero entre asignaciones, subsidios, prebendas, eximiciones varias, impuestos al salario, al consumo, etc, parecen los clásicos almuerzos domingueros donde se inventaba el hambre para poder seguir comiendo. Lo grave de todo esto, es confundir el alimento conseguido con el sudor de la frente (y de algunas otras zonas menos evidentes) que aquel que proviene de voluntades ajenas, y que de tan ajenas, enajenan.

Cuantas veces repetimos que es necesario enseñar a pescar, no repartir pescados. ¿Cómo nos sacamos ahora el anzuelo? El teorema de las compensaciones pondrá las cosas en su lugar. Sin subsidios, los pasajes se irían a las nubes, incluso con el cielo despejado. Sin asignaciones, el pobre sería indigente. Y al indigente, ni el indec le hace justicia. Pero nadie ama su pobreza. El pobre sólo desea dejar de serlo, y es bueno que así sea. Pero la clase alta está lejos y sólo se acerca a ella cuando mira televisión, esa caja nada boba pero muy perversa. En cambio, la clase media está medio cerca. Alguna vez hasta se codea con ella en la fila del super del barrio, o en algún subte cuando funciona.

Para llegar a la clase alta sabemos que sólo tenemos dos constantes de ajuste: el azar y el delito. Lo deportivo y lo artístico lo incluimos en el azar, porque si bien llegan los talentosos, no todos los talentosos llegan. Para llegar a la clase media, aunque sea por el momento media baja, no es tan difícil. Ni en la lógica del consumo, ni en la lógica de la producción.

El ascenso y movilidad social no fue otra cosa que clase media. Vituperarla es escupir para arriba y para abajo. Infiltrados, reaccionarios, fascistas, oligarcas, garcas de todo pelaje, también, insisto, también, están en las clases medias. Pero bastaría un paseíto por Puerto Madero, la Gran Manzana, los barrios cerrados, los countries todo servicio, hasta los cementerios totales, para darse cuenta que las infamias se incuban en clases nada medias, sino totalmente reaccionarias. Pero, teorema de las compensaciones, con discursos, bueno, historias, bueno, relatos nacionales y populares, de batallas que jamás dieron. No es lo mismo un kirchnerista que un menemista arrepentido. No es lo mismo un luchador por la unidad popular que un kirchnerista despechado. No es lo mismo, pero el teorema de las compensaciones explica porque parece como si fuera…más de lo mismo.

Resignarse a las sobras del banquete del Poder es el mejor camino para convertirse uno mismo en, apenas sobras. Incluso revolucionarias. Resignarse al capitalismo serio por no haber sabido construir un socialismo alegre. Me temo que esa resignación es, a esta altura de los acontecimientos, bastante universal. Y su nombre es re re elección. Y debo admitir que una de las tantas cosas que le pido y no le pido a Dios (teorema de las compensaciones) es que la resignación no me sea indiferente.

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