El mundo
Las elecciones en Estados Unidos
Viernes 26 de octubre de 2012, por Bruno Dobrusin *
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Como cada cuatro años, comenzó en Estados Unidos la temporada electoral en la que dos enormes maquinarias financieras con ideas fundamentales similares (los partidos republicano y demócrata) se ponen a prueba una a otra en la búsqueda desesperada por diferenciarse.

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* Colaborador de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA

Este año, la disputa entre el actual presidente Barack Obama y el candidato republicano Mitt Romney es una clara representación de la necesidad que tienen estos partidos de diferenciarse aunque tengan posturas muy similares. Romney no es un republicano del ala más dura del partido, y fue gobernador de un estado relativamente progresista como Massachusetts, uno de los pocos que legalizó el matrimonio gay, entre otras cuestiones.

La reforma de salud de Romney como gobernador fue la base de la reforma de salud que Obama promovió, con mucha dificultad, a nivel nacional, la cual fue constantemente boicoteada por el partido Republicano.

Pero la campaña comenzó y Romney parece no recordar sus políticas como gobernador (las buenas y las malas). Así como tampoco parece Obama recordar que muchas de sus grandes promesas de cambio realizadas durante la campaña 2008 quedaron en el recuerdo como eso, una fabulosa campaña electoral.

La presidencia de Obama ha tenido el aspecto positivo de buscar lanzar planes de corte keynesiano para la economía, evitando la caída en picada de la economía y lentamente mejorando los índices de desempleo (la última estadística lo marca en 7,8 por ciento). Sin embargo, se reiteraron políticas económicas y de política exterior similares a las de anteriores administraciones.

Durante Obama no se cerró Guantánamo, se reforzó la legislación antiterrorista dentro de Estados Unidos, se continuaron las guerras de Afganistán e Irak, se formularon nuevos frentes como el de Libia, y ocurrieron dos golpes de estado en América Latina (Honduras en 2009 y Paraguay este año).

En lo económico, un estudio reciente de la Universidad de Indiana remarcó una de las estadísticas más catastróficas de la actualidad: hay 46 millones de norteamericanos por debajo de la línea de la pobreza. Dentro de estos millones de pobres, la mayoría son negros y latinos.

El estudio indica que uno de cada diez blancos vive en una situación de pobreza, mientras que esa relación sube a uno de cada cuatro (25%) en el caso de los negros y de los latinos. Esta situación no es sólo responsabilidad de la administración de Obama, ya que viene desde la época de los gobiernos republicanos de George W. Bush. Sin embargo, durante los años de Obama tampoco se han realizado esfuerzos significativos para enfrentar esta crisis socioeconómica, como sí se hicieron esfuerzos para rescatar a los grandes bancos.

Tomando en cuenta esta situación, cabe decir que no habrá grandes diferencias entre los candidatos de esta elección. Hay una pequeña expectativa que Obama tenga la capacidad de llevar adelante alguna de las promesas que no pudo cumplir durante su primer período de gobierno. De Romney no se puede esperar nada, y menos en la posición en la que se encuentra donde tiene que convencer a los votantes indecisos (la clave de toda elección estadounidense), y también convencer a los sectores más intransigentes del partido Republicano que no terminan de aceptar su candidatura por su condición de moderado y por su pertenencia religiosa (Romney es Mormón, una minoría religiosa que nunca fue totalmente bienvenida por los republicanos).

Los debates hasta el momento demostraron el gran manejo oratorio de Obama contra un candidato demasiado estructurado para convencer al público, que no pudo más que retractarse, constantemente, de declaraciones controversiales realizadas anteriormente.

Para nuestra región, lo más interesante no ocurrió en el debate de política exterior, donde ambos candidatos se enfocaron en Medio Oriente y sólo mencionaron América Latina al pasar, sino en el debate de cuestiones sociales (el segundo) donde Obama estuvo claramente a favor de una reforma inmigratoria que legalice a millones de migrantes latinos en Estados Unidos, a la cual Romney se opone ferozmente. Esta reforma tiene el potencial de mejorar sustancialmente la vida de millones de trabajadores latinoamericanos que se encuentran en ese país y por lo tanto representa una de las diferencias que pueden inclinar la tendencia hacia Obama.

La poca mención hacia nuestra región debe ser celebrada por nuestros países, ya que la ausencia fuerte de Estados Unidos continuará acentuando nuestra autonomía y la profundización del proceso de integración regional que llevamos adelante.

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