Democracia enrejada
Martes 12 de febrero de 2013, por Alfredo Grande *
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La cultura represora no funciona sin rejas. Lo único que cambia es el material con que están hechas. Paco Urondo, poeta, escribió que lo único irreal eran las rejas. Tenía razón, pero es una razón poética. Hay otras razones que el corazón no entiende. Enrejar no es solamente separar. Es dividir, es aislar, es exilar.

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* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

Las rejas construyen guettos reales y simbólicos, donde el “atrás, atrás” se hace contundente. La democracia, el poder popular, la soberanía de las clases trabajadoras, no pueden tolerar las rejas. Pero las toleran. El hombre y la mujeres son animales de costumbre, dijo alguien que al menos sabía percibir el nivel convencional de la realidad. De todos modos, hay costumbres y costumbres. Toleran las rejas es el paso anterior a propiciarlas, a pedirlas, a verlas como la solución sin entender que el problema lo inventaron los que colocan rejas. Es la paradoja de la cultura represora: la inseguridad es necesaria para las empresas de seguridad. Cuando la seguridad es negocio, la inseguridad llegó para quedarse. Por eso todas las “soluciones” son para agravar los problemas.

La paradoja mata, o al menos, paraliza, o al menos debilita, o al menos, logra que todos los tiros salgan por la culata. La cárcel es el paradigma de las rejas. Mas o menos tecnificadas, pero estar entre rejas siempre implica aislamiento, soledad, una forma del destierro, desamparo. Pero en la actualidad de nuestra cultura sigue siendo cierto que todos estamos en libertad condicional. Pero empezó a ser cierto que todos estamos, además, detrás de diferentes rejas. El Congreso Nacional, sin ir mas cerca, está enrejado.

Las Jornadas del 2001, con los atronadores gritos del “que se vayan todos”, no impidieron que llegaran todas las rejas. Primero eran precarias, daban un poco de pena y asquito. Eran vallados, algo así como las primas pobres de las rejas. Ahora en cambio, son rejas enrejadísimas. Incluso bellas, en la belleza siniestra de la muerte. Muerte de cualquier ilusión de tener representantes. Las rejas del Congreso dejan claro para aquellos que insisten en percibir y pensar, que lo democrático en términos de igualdad, libertad, fraternidad, es en la actualidad un “alucinatorio social”. Dentro de esas rejas hay un Palacio, pero no solo en términos de la arquitectura, sino en términos de la política. Algo similar se reproduce en la Casa Rosada. Creo que nuevamente es una fortaleza.

Hasta hace poco, se podía circunvalar el perímetro de la Plaza de Mayo, lo que no dejaba de tener un aroma a paseo republicano. El Banco Nación, La Catedral, el Cabildo, algún Ministerio, la Casa Rosada…Ahora no. Solo peatones y mientras insistan en caminar. Las manifestaciones terminan una parada antes, delante de la Pirámide. Una Plaza de Mayo enrejada que cuida cual guardabosques a la hermana, a una Casa Rosada también enrejada. Re elección mas o menos, nadie sacará tanta reja.

También hay rejas simbólicas. Construcciones semánticas que nos impiden atravesar el corralito y corralón de los mandatos represores. Las que tienen apariencia mas inocente son las siglas. Por ejemplo. NBI. Uno puede pronunciarlas, adjetivarlas como porcentajes, ponderarlas como tendencia a la baja o a la alta. NBI: necesidades básicas insatisfechas. O sea: la reja del hambre, del frío, de la vivienda indigna, de la enfermedad. Son básicas y por lo tanto solo pueden estar satisfechas. Y son necesidades: si están insatisfechas la vida degrada hasta el extremo límite de desaparecer toda vida posible. Pero las Estadísticas no creen en lágrimas, ni en gritos, ni es aullidos, ni en gemidos, ni en temblores de frio, de fiebre, de dolor, de hambre.

Por eso decir NBI también deja enrejada la racionalidad sentida de la sabida. Condición necesaria para que el futuro burócrata de sus primeros pasos como funcionario. Hay también rejas informáticas que algunos llaman contraseñas. Y patentes registradas. Y copyright. Y derechos de autor, que en realidad son derechos de propiedad empresarial sobre diferentes ideas, inventos y descubrimientos. El genoma humano, la clave genética de la especie, está patentada por un grupo trasnacional. Una reja de sofisticada legislación que expropia a la humanidad entera de uno de sus tesoros. Una versión campera de la reja es el alambrado. No el alumbrado, que ese todavía está en falta. Alambrar fue el mecanismo para que la barbarie fuera civilización.

El alambre de púa fue el invento represor más perfecto. El robo que es toda propiedad privada, queda material y legalmente consolidado. Viglietti se quedó afónico cantando “A Desalambrar”. Lo escuchamos y no pudimos sostener esa utopía. Ahora las rejas tienen electricidad, control satelital, cámaras ocultas hasta en los retretes mas miserables…Creo que ya es tarde…Las rejas ya viven dentro nuestro. Algunos, como los compañeros de la Cooperativa 1 de Mayo, además la tienen por fuera. Nosotros, lo sepamos o no, las tenemos adentro. Por eso esta democracia está enrejada.

Dedicado a Liliana Lopez Foresi y Herman Schiller. Periodistas.

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