Otra querida presencia
Viernes 8 de marzo de 2013, por Alfredo Grande *
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Por razones familiares, en el Cementerio Británico de la ciudad de Buenos Aires parte de mi familia me espera cuando decida seguir escribiendo en otras vidas. Recorriendo ese lugar, siempre me quedo detenido en un monumento que recuerda a Guillermo Hudson.

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* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

Se puede leer : “fue una de esas existencias que obliga, dulcemente obliga, a creer en Dios”. Chávez fue un hombre religioso. Cristiano. Creyente. Además, militar. Y orgulloso de serlo. Pero pienso, sin siquiera haber estado cerca suyo, en qué formas de la religión, y pienso en la teología de la liberación, en un cristianismo que disputa con la cristiandad, en una creencia en una Iglesia que era el pueblo de Dios. Y de un militar para el cual, como se lo escuché a Fidel Castro en 1986, la causa del militar y la del pueblo es la misma causa.

Hay una génesis social, cultural y política del chavismo. Un fundante que le da origen como multicausalidad. Una singularidad, que no es otra cosa que aquello que nunca más podrá repetirse. Dicen que una singularidad originó la vida. Y como hay muchas vidas en la vida, otra singularidad originó la vida de lo que hoy mundialmente se conoce como “chavismo” o “chavización”.

La singularidad que originó el chavismo fue el “caracazo”. Que tuvo diferencias pero muchas analogías con el “bogotazo” en Colombia décadas anteriores. Pero el caracazo no fue causa del chavismo. Después de la insurrección popular por el ajustazo, Carlos Andrés Perez, un social demócrata asustado, que puede incluso ser peor que un fascista, siguió dando más de lo mismo. Y el Golpe de Estado a un Estado que golpeaba, fue derrotado. Pero no fracasó. Aunque Chávez en prisión se sintió muerto, había vida, mucha vida para entregar. La vida del chavismo es eterna, además por los merecidos laureles conseguidos, porque "sepan que sólo muero, si ustedes se van quedando porque el que muere luchando, vive en cada compañero”, en los versos del periodista uruguayo Carlos M Gutierrez.

Chávez murió luchando, y no solamente contra el cáncer. La denuncia de Maduro sobre el asesinato de Chávez es consistente. No desde el punto de vista jurídico, ni siquiera político. Fue un asesinato cultural. La revolución bolivariana fue condenada a muerte por el Imperio que siempre ataca. Cuba hiere el orgullo de los Estados Unidos Asesinos.

Venezuela además hería el bolsillo. La denominada renta petrolera, dejó de engordar los bolsillos de payaso de la casta gobernante. Vendido a precio vil, mantenía a los dueños de la tierra hundidos en profundidades fósiles. Con Chávez los barriles de crudo tuvieron cada vez más un precio cercano a su valor. Pero este impacto económico, no fue solamente la bonanza consumista de nuevos ricos y viejos pobres. La marca eterna que el chavismo deja es haber mostrado que algunas formas de unión hacen la fuerza. Fue mas allá del relato para entrar de lleno en subvertir el orden feudal heredado.

La profecía del socialismo del siglo XXI deja eterna huella porque desmiente las macabras seriedades del capitalismo. Y no es solamente la elegancia discursiva de un orador antológico. No eran gestos, guiños, muecas, codazos cómplices para hacer más digestiva la “revolución bonita”. Fue recuperar PDVSA no para el pueblo, aunque también, sino desde el pueblo, que es mejor.Faltaba mucho, pero con lo que hizo y permitió hacer, sobró. Estuve acompañando a Omar López y los compañeros del Programa Radial Mate Amargo en la anti cumbre en Mar del Plata (2005). No parecía posible torcerle el brazo al Califa Capitalista. Pero se le torcieron los brazos, las piernas, la espalda. El genocida Bush vino por todo y se fue sin nada. Por supuesto: no fue sólo Chávez, pero hubiera sido imposible sin Chávez. Además, puso el cuerpo, lo dejó, lo mostró y su cuerpo (físico, político, ideológico, espiritual) fue ariete y fue mortero.

Su invocación a Bolívar era tan convincente como la invocación de Martí que hace Fidel. No es una retórica historicista y acomodaticia. No es invocar a San Martín para terminar actuando como Videla. Es ese fundante que sigue latiendo, que sigue buscando todas las independencias necesarias. Para lo cual no se puede servir a dos amos. Que además siempre termina siendo el peor de todos.

Chávez prueba que es necesario para cambiar el mundo, tomar el Poder. Que no es lo mismo que la embriaguez de que el Poder lo tome a uno. O a una. Lo que en una charla denominé el “Poder Placer”. Tener el Poder para sentir el placer de cambiar el mundo. Una parte de ese mundo fue cambiada por Chávez. Una parte no pequeña ¡Qué envidia el placer que debe haber sentido! ¡Qué envidia por el placer que hizo sentir a cientos de miles, a millones. El único antídoto contra la envidia es la gratitud.

Chávez no necesitará volver para ser millones. Se fue y ya lo era, y lo seguirá siendo. La gratitud de millones, aunque ahora tenga la ropa gris del dolor, pronto volverá a ser la ropa colorida de la alegría. Hay muchas formas de estar alegre. Algunas pueden ser acompañadas de tristeza. ¿Acaso no lloramos de alegría? Aunque nadie ríe de tristeza. Estoy seguro que muchas y muchos en su llanto tendrán gratitud, alegría y tristeza.

Chávez no merece un llanto sencillo. No lo conocí, pero me imagino que el tampoco lo era. Seguramente no era, como decimos en estas tierras, un rebuscado, un retorcido. Pero sin dudar debió atravesar profundas contradicciones.Por ejemplo: entre lo jerárquico que atraviesa a todo militar, y lo asimétrico que le permitió ser pueblo y parte de su pueblo.

Las asimetrías construyen. Las jerarquías matan. Las asimetrías en su pluralidad y diversidad, construyen desniveles por donde la vida circula. La Jerarquía detiene todo tránsito, es un stop. Un semáforo rojo que no cambia. Así le fue a Carlos Andrés Pérez. Que se llenó la boca de socialismo para después escupir capitalismo.

Chávez se iba de boca, mal que le pese al Rey de nuestra Madrastra Patria. Pero su actos concretos pronto la alcanzaban y entonces el discurso era además praxis. Yo creo que Chávez obliga, dulcemente obliga, a creer en Dios. En el Dios que cada uno elija. Hay una trascendencia que el pueblo venezolano no necesita que se la expliquen, porque la está viviendo en cada paso de esa marcha silenciosa para despedir al que, de todos modos, siempre estará con ellos. Y para los que estamos lejos, un poco de amargura por eso. Por estar lejos. Pero compartiendo algo que nos acerca para toda la eternidad: otra querida presencia.

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