La CTA: Una construcción más democrática, más justa, más participativa, más solidaria
Miércoles 20 de abril de 2011, por José Rigane *
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En el análisis parcial y limitado que recientemente publicara “Le Monde Diplomatique”, bajo el titulo “MOTIVOS DE UN FRACASO” deja claro la intencionalidad del autor en la realización de un análisis, donde deja afuera causas objetivas de una realidad inocultable.

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* Secretario Adjunto de la CTA; Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA-CTA)

Una realidad que limita cualquier experiencia que pretenda romper el unicato sindical de nuestro país, defendido con dientes y uñas por los gobiernos “democráticos”, la propia CGT y fundamentalmente por las corporaciones empresarias, en particular las multinacionales.

No comparto las razones de lo escrito por el politólogo Andrés R. Schipani, y aunque con las limitaciones del espacio y sin manejar ninguna verdad absoluta, sí quiero intentar dejar claro que no se puede hablar del sindicalismo argentino y menos de ”las limitaciones del gremialismo alternativo” sin decir que en Argentina, por empezar, es legal el despido sin causa de cualquier trabajador, no hay libertad ni democracia sindical, reconocido y reclamado por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), sin dejar de señalar que la sola mención en algunos casos -y el intento en otros-, de elegir delegados o intentar organizarse en el lugar de trabajo, por no sentirse ni estar representado, significa el despido liso y llano, del que tanto el Gobierno, la CGT y los empresarios ejecutantes son actores solidarios.

Nuestra construcción de la representación y recuperación de la identidad de clase no es un acto, es un proceso no terminado, que nos gustaría que estuviese (no por voluntarismo) en otro nivel de desarrollo, pero de lo que estamos seguros es que no depende de “la evaluación inexacta de la legitimidad de los sindicatos enrolados en la CGT”, sobre todo cuando hay 10 millones de trabajadores que no están sindicalizados, que son los precarizados, contratados, subcontratados, informales, en “negro” como vulgarmente se dice; a lo que hay que agregar la diferencia de fondo, que nuestra construcción es contracultura, inédita, dado que nos proponemos la organización y afiliación de todos los trabajadores, sean jubilados, desocupados, sub-ocupados, jóvenes trabajadores, estudiantes, y no como la CGT que solo afilia a los trabajadores en relación de dependencia.

Además de incorporar un principio inédito, en el desarrollo organizativo del movimiento obrero argentino, que es la afiliación directa de los trabajadores/as, además de hacerlo a través de sus instituciones si así lo deciden.

Conscientes de que enfrentamos un enemigo poderoso, que tiene el control de los medios y es además el que impone las condiciones y reglas de “juego” en esta democracia formal que vivimos, que pretendemos cambiar por una democracia participativa, también es cierto que nuestra construcción CTA, la hacemos desde la compresión que es un instrumento para la transformación de la realidad, que necesita estar integrado por sujetos, trabajadores conscientes, no queremos ser un mero “factor de poder”, como la CGT, que además es socia del gobierno de turno y sus políticas.

Lo que pretendemos es ser poder. Así que no pensamos en “adquirir”, “hacernos del control de los gremios” por desmoronamiento de la CGT. Nuestra construcción es nueva, tiene principios rectores diferentes, no sólo de autonomía de los partidos políticos, los gobiernos y los patrones, también la representación es por elección directa y secreta de todos los afiliados en todos los niveles, y no por el método indirecto, parcial y limitado de congresos donde unos pocos eligen por millones.

Nuestra propuesta es la de construir nuevas organizaciones sindicales, no la de incorporarnos como corrientes internas dentro de las organizaciones sindicales de la CGT, por eso es natural nuestras diferencias con las organizaciones políticas de izquierda, que dicho con mucho respeto y consideración, sucede lo mismo con las fuerzas políticas denominadas progresistas, muchas de ellas, no creen en la libertad y democracia sindical y en la posibilidad de que los trabajadores se den su propia organización, y como siguen creyendo en el modelo CGT (organización sólo para algunos trabajadores, no para todos) entonces ven como algo natural armar corrientes internas en las organizaciones sindicales donde pueden, también lo hacen en la CTA.

Lo dicho deja claro que no se trata, como afirma el politólogo Andrés R. Schipani que “Las dificultades de la CTA para penetrar el sector industrial obedecen en parte a su incapacidad de percibir estos grises presentes en el universo sindical peronista”.

Nuestra propuesta de construcción está basada en la unidad de clase, que la entendemos como un escalón superior a la unidad de los aparatos sindicales, por eso recientemente la CTA en el proceso electoral fue atacada, disputada, por quienes no quieren una Central de transformación y avanzan por el sendero de las iniciativas políticas posibilistas, por eso interviene el Gobierno con absoluta claridad en la interna a favor de Hugo Yasky, quien hoy postula a Cristina Fernández por un nuevo período de gobierno, arrogándose una representatividad que los votos de los compañeros de la central le negó a nivel nacional.

Creer que la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) no es “una alternativa al sindicalismo tradicional…”, por “su incapacidad para penetrar el bastión tradicional de la CGT: el sector privado“, es una mirada no sólo parcial, sino de no saber cuál es la propuesta de nuestra construcción en el movimiento obrero, y esto no pretende ocultar ninguna debilidad, de las que seguramente tendremos que hacernos cargo.

Nuestro trabajo apunta a la construcción de poder propio entre los trabajadores para contribuir a construir alternativa política. El problema en la Argentina es la ausencia de una alternativa política popular. La primera tarea es recuperar el papel de los trabajadores, afectado desde el terrorismo de Estado con el objeto de hacer desaparecer el poder de los de abajo. La CTA es parte de esa recomposición y por eso hemos definido el 24 de marzo pasado, en nuestro Congreso Federal, en transformarnos en una Central de millones.

Pero no alcanza con una propuesta de organización de los trabajadores, y por eso estamos abocados a la construcción de un movimiento por una Constituyente Social, para que el pueblo se constituya en poder y discuta el país que tenemos y el que necesitamos. Ése es el camino que estamos transitando, y construido con mayoría de trabajadores que no podrían estar en sindicatos por estar “irregulares” o desempleados por la forma de funcionamiento del capitalismo local.

Ese es nuestro camino para construir un Movimiento Político, Social y Cultural de Liberación, una propuesta que impulsamos contra todo posibilismo de hacer “lo que se puede”. La dirigencia de la CGT abandonó desde hace años el objetivo de ser instrumento de transformación de los trabajadores. Hace falta una nueva organicidad de los trabajadores.

Pese a los agoreros, con esa pasión construimos nuestro sueño de liberación.

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