La Organización Mundial del Comercio, la expectativa y los retos para la región
Jueves 30 de mayo de 2013, por Bruno Dobrusin *
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La semana pasada finalmente se terminó la disputa y eligieron al nuevo director general de la Organización Mundial del Comercio. El elegido es el brasileño Roberto Azevedo, un diplomático de carrera del servicio exterior, con amplia trayectoria en las negociaciones comerciales que protagonizó Brasil dentro de la OMC desde hace más de una década.

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* Colaborador de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA

Azevedo tenía como principal competidor al mexicano Herminio Blanco, quien fuera negociador en jefe del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA por sus siglás en inglés). El hecho que los dos candidatos sean de América Latina no tienen que distraer de la cuestión de intereses detrás de ellos. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos estuvieron firmes detrás de la candidatura del mexicano, mientras que los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y aquellos del mundo en desarrollo fueron el principal apoyo de Azevedo.

La elección de Azevedo significa el segundo triunfo en la estrategia trazada por Itamaraty (la cancillería brasileña) de copar los organismos internacionales con funcionarios de su propio semillero. Azevedo se suma a José Graziano, actual director general de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de Naciones Unidas. Esto no significa que Brasil pasa a tener necesariamente mayor poder dentro de la OMC, pero sí representa un cambio en las relaciones internacionales. Brasil fue el cuarto (4to) país que más uso el sistema de quejas de la OMC, sólo detrás de Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá. Esta elección es un reconocimiento a la trayectoria brasileña de utilizar los mecanismos disponibles para confrontar con las estrategias de los países dominantes en materia comercial.

El cambio de la OMC es parte del cambio de matriz de relaciones internacionales, con los poderes emergentes teniendo cada vez mayor participación y voz en los organismos multilaterales. Caben dos preguntas relevantes para hacer: ¿qué intereses representan los países emergentes? ¿cuál es el rol de la OMC en la actualidad?

La primer pregunta es pertinente ya que van varios años de ascenso de los grandes países del Sur global, y sin embargo los comportamientos no parecen haber cambiado mucho de los anteriores. En el caso de Brasil, la crítica interna es que los casos que lleva a la OMC son en defensa de los grandes intereses del agronegocio, que sólo ha aumentado la desigualdad interna en el campo. Es decir, defiende los ’intereses nacionales’, pero estos están dominados por algunos grupos concentrados que se dedican principalmente a correr la frontera agrícola a costa de los campesinos y grupos indígenas. De manera similar, hace ya cuatro años que los países del BRIC, en especial Brasil, India y China obtuvieron mayores votos dentro organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, pero las políticas de estos no han cambiado, como vemos en los planes de ajuste que promueven en los países del sur de Europa.

La segunda pregunta se puede abordar con las novedades. Estados Unidos y la Unión Europea están negociando un tratado de libre comercio, principalmente para competir con China y su estrategia comercial, que incluye mayores lugares en los organismos multilaterales. Estados Unidos negoció con diferentes países de nuestra región (Chile, Costa Rica, Colombia, Perú, México, Centroamérica) tratados de libre comercio, superando así el escollo que resultaron las negociaciones por el ALCA. La Unión Europea está transitando caminos similares. Claramente los ámbitos multilaterales como la OMC perdieron relevancia para estas potencias en vistas de la fuerza lograda por los países más débiles unificando posturas. El hecho que la Unión Europea no tuviera un candidato propio en esta elección (el anterior director era francés, Pascal Lamy) es un símbolo de cambio de prioridades.

La posibilidad de que el mundo emergente esté encabezando una organización multilateral ’vaciada’ por los grandes países, es grande en vistas de las actitudes recientes. Es por esta razón que nuestros países tienen que reforzar la integración regional, para a partir de esa plataforma poder encarar negociaciones y disputar poder hacia afuera. La estrategia brasileña tiene que ser complementada por el resto de los países de la región, en especial por Argentina y Venezuela. A su vez, si no planteamos una agenda propia verdaderamente alternativa, que incorpore a los pueblos (con eje en el trabajo y el desarrollo sustentable), estaremos corriendo siempre detrás de las prioridades ajenas, y ya sabemos los resultados de esas estrategias.

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