Con la muerte de Videla y hace muy poco de Martínez de Hoz, se van los dos principales organizadores del orden neoliberal en Argentina, que completó el ensayo iniciado en Chile en 1973 y que pronto cumplirá cuatro décadas de ofensiva del capital contra el trabajo.
La muerte del mayor genocida de la historia argentina no podía estar ausente de este espacio personal. Al cabo, gran parte de mi existencia estuvo destinada a combatirlo, denunciarlo y exigir justicia para sus víctimas. Desde la clandestinidad y desde la legalidad democrática. Juré como diputado nacional por “la memoria de los treinta mil desaparecidos”.
Este viernes 17 de mayo por la mañana, mientras los compañeros estatales nos movilizábamos exigiendo nuestros derechos, comenzó a llegar la noticia “Murió Videla”. Los sentimientos fueron disímiles, algunos decían hay que festejar, otros que merecía vivir mucho más encerrado en la cárcel y así se sumaban.
Se murió como se muere casi todo el mundo. De viejo, del corazón, internado y cuidado a pesar de estar preso. Se murió como se muere casi todo el mundo. Salvo aquellos a los que se persigue, se tortura, se mata, se desaparece.
El 7 de mayo se cumplieron doscientos años de la primera ley de fomento minero, hija directa del proyecto político redactado por Manuel Belgrano y Mariano Moreno, el plan de operaciones de la revolución de 1810.
Secretario Adjunto de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA)
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