La violencia intra o intersindical
Lunes 31 de marzo de 2014, por Horacio Meguira *
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A raíz de múltiples noticias sobre la violencia que se ejerce sobre algunas organizaciones y las que se provocan entre fracciones de un mismo sindicato nos pareció oportuno alguna reflexión sobre el tema.

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* Director del Departamento Jurídico de la CTA

Desde el nacimiento del proletariado como clase han existido contradicciones en su ceno: obreros y empleados, mamelucos y “cuellos blancos”,formales o informales, permanentes y temporales, etc.

Históricamente estas contradicciones han sido aprovechadas por los empresarios y por los estados. Los primeros estableciendo un sistema de mando y obediencia en el interior de las empresas para provocar competencia entre los trabajadores e impedir su unidad; el Estado, limitando los derechos de libertad sindical y reprimiendo cuando la gravedad del conflicto trasciende “la puerta de fabrica”.

Pero ¿qué pasa cuando es el propio sindicato el que divide y disciplina a los trabajadores?

El denominado “modelo sindical argentino” fue diseñado para un sistema de producción de pos-guerra, que tuvo como eje el mercado interno y la sustitución de importaciones. Se necesitó la promoción del sindicato de actividad sobre otras formas de organización, ya que éste era un vector de distribución. Este “modelo” que otrora tenía causa y sentido, hoy se ha convertido en un impedimento de la organización de los trabajadores.

Su permanencia genera luchas internas por poseer la condición de interlocutor ante el Estado y los empleadores. Pero además, las grandes estructuras cuentan con importantes “cajas”. Es así que en tales objetivos, se termina secundarizando o prescindiendo de la voluntad de los trabajadores. La relación y los “favores” brindados al “poder” se constituyen en un valor para imponer una falsa hegemonía del sector supuestamente “más fuerte”, sobre el más débil.

En este contexto, todo aquello que amenace este mecanismo es visto por algunas estructuras sindicales como peligroso. Por dentro las oposiciones sindicales y por fuera de ellas los tercerizados, o los sindicatos sin personería. Incluso un hecho que se ha profundizado en la última década es la lucha intersindical por el encuadramiento de trabajadores.

Muchos de esos “aparatos” recurren a “barras bravas” propias o contratadas, que actúan como “grupos de choque” en los conflictos. El supuesto “liderazgo” termina imponiendo determinadas conductas a los trabajadores, convirtiéndose en ejecutor de su disciplinamiento.

Este proceso no puede llevarse adelante sin la connivencia del Estado y de empresarios que actúan presionando a los trabajadores o posibilitando la existencia de “zonas liberadas”. Así, los trabajadores son sometidos a constantes presiones extorsivas.

Sin embargo, la violencia así entendida, no es mayoritaria. Aún cuando no se relevan los casos específicos de violencia intra o inter sindical, el Observatorio del Derecho Social de la CTA presenta que sólo el 9% de las violaciones a la libertad sindical se realizan entre sindicatos, el represor por antonomasia sigue siendo el Estado y su brazo ejecutor los gobiernos.

La Ley Anti-terrorista y la condena a cadena perpetua de los petroleros de Las Heras es testimonio claro. Hechos recientes como los de Misiones también lo corroboran.

En síntesis, la represión de los trabajadores en los conflictos capital-trabajo es el principal objetivo de la violencia.

Su ejecución se expresa por intermedio de fuerzas regulares o por grupos tutelados por los poderes públicos que impiden su organización libre, voluntaria y democrática.

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