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La verdadera historia
Sábado 27 de junio de 2015, por Juan Carlos Giuliani *
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A la historia la escriben los que ganan. No es casual que el general Roca, impune exterminador de indios en la Conquista del Desierto, sea el "prócer" de la historia oficial que mayor cantidad de calles, plazas y monumentos tenga en su honor.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

Tampoco que los billetes de $ 100 lleven su esfinge, mientras que la de Belgrano engalane los de $10 y la del general San Martín ilustre los modestos $ 5. Ni que el general Mitre, uno de los responsables de la "Guerra de la Triple Infamia" y fundador del diario que se autoproclama Tribuna de doctrina de la oligarquía, sea venerado por la inteligentzia nativa.

No es obra de un imponderable que la avenida más larga de la ciudad de Buenos Aires lleve el nombre de Rivadavia, mandamás unitario que saboteó la gesta emancipadora del general San Martín, contrató el empréstito con la firma inglesa Baring Brothers iniciando el fenomenal proceso de endeudamiento y dependencia externa de la Nación y que, Ley de Enfiteusis mediante, adjudicó 8.600.000 hectáreas a 538 propietarios pertenecientes a la flor y nata del patriciado autóctono.

La figura de Miguel Cané está rodeada de un áurea inocente producto de las lecturas infantiles de Juvenilia. Sin embargo, este buen señor de angelical tenía poco y nada. Promiscuo representante de la Generación del ´80, como Roca, Mitre y Sarmiento, fue el autor de la Ley de Residencia, sancionada en 1902 a pedido de la Unión Industrial Argentina, que permitió expulsar de la Argentina a militantes obreros extranjeros, principalmente anarquistas y socialistas para sofocar el conflicto social en los albores del siglo XX.

La criminalización de la protesta estaba vinculada con el ansia liberadora de la clase trabajadora, sujeta a un régimen de superexplotación, miseria y marginalidad que se traducía en deplorables condiciones de vida.

La jornada laboral se extendía hasta 14 horas por día, incluido el domingo, sin feriados, licencias ni vacaciones; el trabajo de niños y mujeres, en iguales condiciones que los varones adultos, pero con menor salario era moneda corriente. Recién en 1905 la legislación argentina reconoció el derecho del obrero al descanso dominical. Mientras tanto, para la infancia y las mujeres la situación seguiría siendo agraviante por mucho tiempo más. Barbarie capitalista en estado puro.

La Rebelión de las Escobas, en 1907, refleja cabalmente esa realidad de sojuzgamiento, exclusión y pobreza extrema. La Huelga de los Inquilinos –un levantamiento de los pobladores de los conventillos en protesta por la suba de los alquileres– tendrá como protagonistas principales a mujeres, niños y jóvenes. La Ley de Residencia se puso en marcha para deportar a sus países de origen a decenas de trabajadoras y trabajadores que apoyaron activamente ese movimiento de rebeldía proletaria.

La Ley Cané también fue una de las principales armas utilizada por las clases dominantes para ahogar a sangre y fuego luchas obreras ejemplares, como la huelga de 1919 por condiciones dignas de trabajo en los Talleres Vasena del barrio porteño de Parque Patricios que desembocó en la Semana Trágica, o la represión de los trabajadores rurales liderados por “Facón Grande” en Santa Cruz durante los sucesos conocidos como “La Patagonia Rebelde”.

Fue derogada en 1958, bajo el mandato presidencial de Arturo Frondizi quien, a su turno, reprimió al movimiento obrero a través del tristemente célebre Plan CONINTES.

Cuando se escriba la verdadera historia caerán de los pedestales los profetas del odio. Entonces, recobrarán valor las palabras, las personas y los hechos. Volverá a nombrarse a las cosas por su nombre y cada cual ocupará el lugar que le corresponde en el imaginario colectivo.

El río caudaloso de mujeres y hombres anónimos que diariamente aporta a la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados, sabe muy bien quien es quien en la Argentina.

Cuando se escriba la otra historia, la verdadera historia, los trabajadores abandonaremos el lugar de víctimas que nos destinan en las crónicas desangeladas de los manuales de texto, para recuperar la identidad de lo que realmente somos: Creadores de la riqueza de la Patria, portadores de la justicia social y protagonistas inclaudicables de la causa por la liberación nacional y latinoamericana.

Quien quiera oír, que oiga.

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