No somos cómplices de la mentira
Cynthia Pok, defensora de las estadísticas públicas
Martes 12 de abril de 2016, por Prensa ATE *
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La responsable de la Dirección de Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Censos y Estadísticas (INDEC) y secretaria nacional de Formación de la CTA Autónoma es una histórica militante de ATE que, como tantos, se bancó todas para defender la veracidad de las estadísticas públicas. Otra historia de estatales que merece conocerse (Entrevista publicada en la edición impresa de El Trabajador del Estado).

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Parafraseando a Carlos Gardel, a Cynthia le gusta decir que nació en Buenos Aires a los dos años de edad. En el Hotel de los Inmigrantes frente al Río de la Plata, precisamente. El lugar a donde llegó con su familia en calidad de refugiados húngaros y de la mano de Naciones Unidas en los años de posguerra.

Cuenta el relato familiar que la ONU les ofreció dos destinos posibles: Sumatra o Argentina. “Sumatra debe estar lleno de víboras, mejor vamos a Argentina” dijo mamá Berta y hacía allí partieron don Zoltan, Cynthia bebe y sus tres hermanos mayores.

El padre aparentemente hizo lobby para escapar de la sordidez de la bodega del barco pero cuando estaban por ligar un camarote apareció el maratonista Delfor Cabrera, campeón olímpico en 1948, y el capitán no dudó en dejar a los Pok sin esa comodidad. Luego se instalaron en Munro, en el conurbano bonaerense, donde reinaban las calles de tierra, el barro y las casitas bajas.

El jefe de familia, médico dentista sin habilitación local, se hizo electricista y se las ingenió para bancar a la familia. De la primaria, la licenciada Pok, tiene un recuerdo político: Tras la caída de Perón una compañerita de bucles rubios se tomó el trabajo de arrancar la hoja con la foto de Evita de los cuadernos de todas sus compañeras mientras otra, morochita ella, lloraba en un rincón diciendo que cuando se le rompan las zapatillas ya no tendría otras para ir a la escuela. Una manifestación a escala escolar del cimbronazo de la Revolución Libertadora.

Sea como fuera, en segundo grado fue elegida presidenta del Club de Alumnos y unos grados más tarde apoyó las tomas de colegios en el marco de la discusión sobre educación laica o libre. Estaba decidida a estudiar veterinaria por amor a los animales cuando un profesor le dijo que nadie se preocupaba en estudiar a los hombres y la hizo pensar. Finalmente se anotó en la carrera de sociología de la UBA, a mediados de los sesenta, cuando era toda una rareza.

Salía a la noche de estudiar del centro porteño y se movilizaba hasta el conurbano profundo para trabajar toda la noche en una fabrica operando, e incluso haciendo el mantenimiento, de una gran máquina textil. En la efervescencia de los setenta se metió en la política y fue parte de la “juventud maravillosa” en la filas de la JP.

Paralelamente comenzó su derrotero en el mundo de las estadísticas públicas ingresando en el INDEC cuando ni siquiera se llamaba así. Entró y salió miles de veces pero nunca dejó de “pertenecer” al organismo ni a la Junta interna de ATE en la que ocupó todos los roles posibles.

Durante la dictadura, tomó la decisión de contribuir en la revolución que los sandinistas hacían en Nicaragua, donde llegó justo el día de su primer aniversario en 1980. Allí trabajó en el Estado, en la elaboración del Plan Nacional de Empleo y Salarios del Frente Sandinista, donde cada conclusión se debatía con los trabajadores y entendió que la variedad de oficios es interminable.

Dejó la Nicaragua de los hijos de Sandino para volver al país en 1983 antes que regrese la democracia. Obviamente su destino laboral volvió a ser el INDEC en general y en la Dirección de Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en particular, un área clave a la hora de cuantificar la pobreza y de la que nuestra compañera formó parte desde su propio origen.

De ese lugar fue desplazada en el 2007 por “un pelotudo que solo quería encubrir su incapacidad para controlar el aumento de precios aunque después se hizo política de gobierno”. La política, en ese caso, significó intervención, desplazamientos, patotas, agresiones psicológicas, verbales y físicas “que llevaron a muchos compañeros a enfermarse por la depresión y la angustia. Hasta la muerte en más de un caso”.

Un día fueron con un grupo de compañeros a dejar una nota de protesta en el Ministerio de Economía. A diferencia de otras oportunidades, el personal de seguridad los dejó pasar sin controles y, una vez adentro, se cerraron las puertas, se apagaron las luces y una patota agredió por igual a hombres y mujeres. Cynthia fue pateada en el suelo y golpeada salvajemente. Después la corrieron del organismo pero nunca dejó de pelear, junto con sus compañeros, por la recuperación de las estadísticas públicas y la reincorporación de todos los despedidos y desplazados.

Fue por esos años cuando un edificio cercano al que vivía Cynthia se derrumbó y toda la manzana fue desalojada por precaución. Solo dejaban entrar 15 minutos a cada vecino de las viviendas linderas para que retiren las cosas más necesarias o de mayor valor. Cynthia, dicen los testigos, agarró algo de dinero, unos documentos, dos o tres fotos y todos los papeles del conflicto del INDEC.

El cambio de gobierno la reinstaló en su lugar, a contramano de los despidos que se vienen sucediendo en el Estado y como resultado de los nueve años de lucha a través de ATE y CTA. Se puso a trabajar contra reloj para rearmar el equipo, recuperar la documentación arrumbada en un depósito y reconstruir la dirección.

En unos meses saldrá a la luz la verdadera situación de la pobreza en la Argentina y ella, como siempre, solo garantizará que los números sean fehacientes.

Mientras tanto, en las paredes del edificio del INDEC, los mismos que fueron cómplices de la mentira, ahora pegan notas acusando a Cynthia de revanchismo y represalias contra ellos.

“La idea es que aquellos que ayer nos patotearon, hoy no trabajen en mi equipo. No es mucho pedir, ¿no?”, dice la socióloga que le puso, junto a muchos, literalmente el cuerpo a la batalla por defender la veracidad de las estadísticas públicas y a su querido ATE.

Fuente: www.eltrabajadordelestado.org

* Equipo de Comunicación de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA)

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