Deuda eterna, deuda odiosa
Lunes 3 de enero de 2011, por Juan Carlos Giuliani *
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Alejandro Olmos –ese patriota olvidado- inició la causa sobre la Deuda Externa en 1982. El trámite judicial demoró 18 años. Recién en el 2000 el juez Jorge Ballesteros emitió un fallo donde plantea la ilicitud de la deuda y habla de la responsabilidad del Fondo Monetario Internacional (FMI) en ese ilícito. No obstante, esa deuda se siguió pagando y refinanciando.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

Desde que el ex presidente Néstor Kirchner anunció el 15 de diciembre de 2005 la cancelación anticipada de toda la deuda con el FMI en un solo pago de 9.810 millones de dólares, el tema desapareció como por arte de magia de la agenda de la prensa hegemónica. Sólo reapareció hace unos meses de la mano de la decisión de la presidenta Cristina Fernández de cancelar la deuda con el Club de París que asciende a más de 6 mil millones de dólares.

Para buena parte de la militancia se trató de un acto de soberanía destinado al desendeudamiento del país y a librarse de las presiones ejercidas sobre la economía doméstica por los representantes de la usura internacional.

Sin embargo, la única verdad es la realidad. Los últimos datos oficiales indican que a pesar de que se cancelaron vencimientos de capital, en especial con los organismos internacionales, la deuda externa bruta de la Argentina aumentó 3.668 millones de dólares en el tercer trimestre de 2010 y alcanzó así los 127.369 millones de esa moneda.La deuda del sector público no financiero y Banco Central de la República Argentina (BCRA) creció en 2.210 millones de dólares. La deuda del sector privado no financiero, en tanto, aumentó en 1.382 millones de dólares. ¿Y el desendeudamiento?

En los cajones del Congreso de la Nación duerme desde hace siete años el instrumento jurídico que permite determinar la responsabilidad política de cada uno de los actores en los sucesos que provocaron el fenomenal endeudamiento externo argentino.

El juez Ballesteros declaró el archivo de la causa por la Deuda Externa y remitió copia al Congreso para que adopte las medidas que estime conducentes para la mejor solución en la negociación de la deuda externa de la Nación que “ha resultado groseramente incrementada a partir del año 1976 mediante la instrumentación de una política económica vulgar y agraviante que puso de rodillas el país a través de los diversos métodos utilizados y que tendían, entre otras cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados -nacionales y extranjeros- en desmedro de sociedades y empresas del Estado que, a través de una política dirigida, se fueron empobreciendo día a día, todo lo cual, inclusive, se vio reflejado en los valores obtenidos al momento de iniciarse las privatizaciones de las mismas".

La doctrina de la Deuda Odiosa fue inventada por los Estados Unidos en 1898, al finalizar la guerra con España por la isla de Cuba. Consiste en la inexigibilidad de las obligaciones que se contraen y pesan sobre el pueblo sin que las mismas hayan significado algún beneficio para éste. En Irak, Estados Unidos reflotó la teoría, tratando de que ese país ocupado se alivie de la deuda contraída con los europeos.

Invocar la doctrina de la Deuda Odiosa es un arma jurídica y política de vital importancia para el pueblo argentino. La Deuda Externa fue una alquimia financiera que permitió que nada entrara realmente al país y que, a través del universo virtual de la cibernética, se pudieran transferir dólares a casas matrices o cuentas en el exterior.

La Deuda Externa contraída al margen del Congreso, la estatización de la deuda privada realizada por Cavallo durante la última dictadura militar y el persistente y puntual pago a los acreedores externos a costa del sacrificio del pueblo, ameritan separar la paja del trigo.

La Nación debería actuar en defensa propia: pagar lo que debe en buena ley, y desconocer el endeudamiento ilegítimo e ilegal contraído a favor de los grupos económicos dominantes.

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