Las mujeres y el trabajo en el mundo
Desigualdades laborales en plena crisis de valores
Viernes 9 de diciembre de 2016, por Inés Hayes *
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Las movilizaciones y organizaciones de mujeres crecen en muchos países. Luchan contra la violencia de género, por la igualdad de derechos y enfrentan todas las manifestaciones de machismo.

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Octubre de 2016 pasará a la historia como el mes en que las mujeres del mundo se unieron para decir basta a la explotación laboral en todas sus formas. Pasados 38 minutos de las 14 horas, el miércoles 26 las trabajadoras de Islandia se concentraron en Raykjavik, la ciudad capital, abandonando sus puestos de trabajo para reclamar que sus salarios fueran iguales a los de los hombres. Ese día, las mujeres trabajaron hasta las 14.38, porque ese horario marcaba el momento exacto hasta el cual su remuneración igualaba por hora al salario recibido por los varones en una jornada laboral de ocho horas. Aun en Islandia, uno de los países más igualitarios del mundo, los ingresos de los hombres son en promedio 14% superiores que los de las mujeres.

Este paro tiene su antecedente en dos huelgas anteriores, una en 2005 y otra en 2008. En la primera, las mujeres dejaron sus lugares de trabajo a las 14.08 y en la segunda, a las 14.25. El horario de esta tercera huelga demuestra que en los últimos años las trabajadoras consiguieron leves mejoras salariales producto de sus luchas.

También en octubre las mujeres de Polonia derrotaron el intento del gobierno de limitar aún más el derecho al aborto y las mujeres de Argentina pararon y se movilizaron en todo el país contra los femicidios y la violencia de género. Aquel día fue conocido como el miércoles negro (denominado así por los medios de comunicación porque de ese color se vistieron todas las mujeres en la marcha) y a la jornada se sumaron trabajadoras de los países de todo el continente americano y también algunos de Europa, como España.

En cifras

En 2016, según un informe del Foro Económico Mundial, la diferencia salarial entre hombres y mujeres alcanzó el 59%. Mientras que Islandia se encuentra entre los países más igualitarios, en la Argentina la diferencia salarial alcanza entre el 27 y el 30%.

Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a lo largo de su vida laboral las mujeres siguen experimentando grandes dificultades para acceder a empleos decentes. En muchas regiones del mundo, en comparación con los hombres, las mujeres tienen más probabilidades de encontrarse y permanecer en situación de desempleo, tienen menos oportunidades de participar en la fuerza de trabajo y –cuando lo hacen– suelen verse obligadas a aceptar empleos de peor calidad. El reparto desigual de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas entre las mujeres y los hombres, y entre las familias y la sociedad, es un determinante importante de las desigualdades de género en el mundo del trabajo.

Entre 1995 y 2015, la tasa mundial de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo cayó del 52,4 al 49,6%. Las cifras correspondientes a los hombres fueron del 79,9 y del 76,1% respectivamente. A escala mundial, la probabilidad de que las mujeres participen en el mercado laboral sigue siendo casi 27 puntos porcentuales menor que la de los hombres.

Inequidad

En Asia Meridional y Asia Oriental, las disparidades han aumentado aún más. Las tasas más bajas de participación de las mujeres se traducen en menos oportunidades de empleo, con escasa variación a lo largo del tiempo, lo que socava su capacidad para obtener ingresos y su seguridad económica. En 2015, la diferencia entre hombres y mujeres en cuanto a la tasa de empleo fue de 25,5 puntos porcentuales, apenas 0,6 puntos porcentuales por debajo de la cifra registrada en 1995.

En casi todas las regiones del mundo, el desempleo está afectando en mayor medida a las mujeres jóvenes que a los hombres jóvenes. En América del Norte y los Estados árabes, la tasa de desempleo entre las mujeres jóvenes duplica prácticamente la registrada entre los hombres de la misma edad, y alcanza el 44,3 y el 44,1% respectivamente.

En los países de ingresos medios altos, más de una tercera parte de las mujeres están empleadas en los servicios de comercio mayorista y minorista (33,9%) y en el sector manufacturero (12,4%). En los países de altos ingresos, la principal fuente de empleo para las mujeres es el sector de la salud y la educación, que emplea a casi una tercera parte de todas las mujeres en el mercado laboral (30,6%).

La agricultura sigue siendo la fuente más importante de empleo para las mujeres en los países de bajos ingresos y de ingresos medios bajos. En Asia Meridional y África Subsahariana, más del 60% de todas las mujeres que trabajan permanecen en el sector agrícola y suelen centrarse en actividades laboriosas con alto coeficiente de mano de obra, que son mal remuneradas o directamente no pagadas. En cambio, en los países desarrollados las mujeres están relativamente más representadas en el grupo profesional mejor remunerado.

Trabajos de cuidado

Según los informes, en los países tanto de altos ingresos como de bajos ingresos, las mujeres siguen trabajando menos horas en un empleo remunerado porque asumen la gran mayoría de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas. En promedio, en los países en los que existen datos pertinentes disponibles, las mujeres se encargan al menos dos veces y media más de estas labores que los hombres.

De acuerdo a documentos de la ONU, las mujeres empleadas (ya sea como trabajadoras autónomas o como trabajadoras asalariadas o a sueldo) tienen jornadas de trabajo más largas en promedio que los hombres empleados. Concretamente la brecha de género es de 73 minutos por día en los llamados países en desarrollo y de 33 minutos por día en los países desarrollados. Aun cuando las mujeres están empleadas siguen asumiendo la mayor parte de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas, lo cual limita su capacidad para aumentar sus horas en un empleo remunerado, formal y asalariado. A escala mundial, las mujeres representan menos del 40% del empleo total, pero constituyen el 57% de quienes trabajan a tiempo parcial.

En muchos países, el acceso inadecuado al agua potable, a servicios de saneamiento, a la electricidad, a las carreteras y a servicios de transporte y de atención de salud seguros es un factor primordial que explica que las mujeres permanezcan largo tiempo en empleos no remunerados, así como su posición de desventaja en la fuerza de trabajo. Como consecuencia, las mujeres asumen la responsabilidad de ocupar la brecha de la prestación de cuidados a lo largo de su vida en forma de labores y tareas domésticas no remuneradas.

En palabras de la OIT: “La infravaloración de las labores de cuidado, tanto remuneradas como no remuneradas, perpetúa las precarias condiciones de trabajo de las mujeres, que constituyen el grueso de la fuerza de trabajo empleada encargada de las labores de cuidado, en particular las trabajadoras y trabajadores domésticos, el personal dedicado a la prestación de cuidados y a la educación en la primera infancia, y las trabajadoras del sector de los cuidados de larga duración y las enfermeras, un número creciente de las cuales son migrantes”.

Género y subempleo

La brecha de género es más marcada en la mayoría de los países de Europa, Asia Central y Occidental, Asia Meridional y América Latina y el Caribe. Además, el subempleo es considerablemente mayor entre las mujeres que entre los hombres. En algunos países de África y Asia, la prevalencia del subempleo tanto para las mujeres como para los hombres es elevada, y la desigualdad de género es de 7,5 y de 6,4 puntos porcentuales, respectivamente, en estas dos regiones. En algunos países del África subsahariana, el subempleo por insuficiencia de horas entre las mujeres puede ascender al 40% o incluso al 50% del empleo total.

Fuente: www.americaxxi.com.ve

* Periodista de la Secretaría de Comunicación de la CTA Autónoma

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