Conferencia de prensa en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo
Adriana, la nieta 126: “Se armó otro rompecabezas, se me completó la vida”
Martes 5 de diciembre de 2017, por Inés Hayes *
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Esta mañana en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo (Virrey Cevallos 592 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) se llevó adelante la conferencia de prensa en donde se conoció a Adriana (Vanesa, querían llamarla sus padres), la nieta recuperada número 126. “Ayer esta joven supo que es la hija de Violeta y Edgardo”, dijo Estela de Carlotto, ante las lágrimas de emoción y alegría de todos y todas las presentes.

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El primer piso de la sede de Abuelas se fue llenando de cámaras de foto y de filmadoras que se acomodaban al final de la sala tratando de no hacer crujir el piso. Por las ventanas de madera entraba el aire de la mañana, mientras que familiares y Abuelas se iban sentando en las sillas de adelante. Para cuando entró Adriana, su familia recuperada y Estela de Carlotto, la habitación estaba colmada hasta con gente sentada en el piso. Las recibieron con aplausos y de pie. “Muchas gracias por estar acá a todos, tenemos la suerte, la bendición de haber encontrado a la nieta 126. Como en muchos de los últimos casos, una joven se acercó a nuestra sede luego de que alguien de su entorno le dijera que ella no era hija de quienes la habían criado. Ayer esta joven supo que es la hija de Violeta y Edgardo”, dijo Estela de Carlotto con la emoción en la voz.

Antes de darle la palabra a Adriana, Estela contó la historia de los padres de la joven. Adriana nació en enero de 1977 durante el cautiverio de su madre, Violeta Graciela Ortolani. Violeta, nació en Buenos Aires el 11 de octubre de 1953, a los 3 años su mamá murió y la crió una tía en Bolívar. Era muy buena compañera, sensible, alegre, le gustaba mucho la matemática y la apasionaba la investigación espacial. También le gustaba el fútbol, era charlatana y vivaz, se fue a estudiar a La Plata Ingeniería Química mientras trabajaba como mucama en el Hospital de Niños de la Plata. Comenzó su militancia política en la Facultad en donde conoció a Edgardo.

Edgardo nació el 7 de agosto de 1955 en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, ya de niño era muy ingenioso: desarmó y volvió a armar su primera bicicleta. Era hincha de Independiente. Era curioso y callado. Se mudó a la Ciudad de La Plata para estudiar Ingeniería electromecánica. La pareja formó parte de Montoneros. Sus compañeros los llamaban La Viole y a él la vieja Bordolino. Vivieron en una casa de Ensenada, que compartían con otros militantes y estudiantes. La pareja pensaba llamar a la beba Vanesa si era una nena.

“Vamos quedando pocas abuelas, hace pocos días tuvimos que despedir a Raquel y a Marta. Llamamos a que nos sigan ayudando en esta búsqueda que ya lleva 40 años. Acá solo les espera el abrazo y la verdad, bienvenida nieta 126”, concluyó Estela ante aplausos y sollozos.

Sentada entre su tía Silvia (hermana de su papá) y Estela de Carlotto, Adriana dijo: “Me enteré que no era hija biológica de mis padres un sábado y el lunes siguiente ya estaba acá. Me dieron turno para los análisis, me los hice y a los 4 meses me dijeron que no había compatibilidad. A partir de eso se me vinieron miles de historias a la cabeza, pensé que me habían abandonado y tenía que aprender a vivir sin ese pedacito del rompecabezas que faltaba que era tan importante”.

Pero la historia no terminó ahí: “Cuando ayer a la mañana me llamaron y me dijeron que era de la Conadi, me tuve que sentar y me dijeron que me tenían que dar información importante y me puse muy ansiosa, una de mis compañeras de trabajo, que también es amiga, me dijo no podés ir sola y nos tomamos el subte y fuimos a la Conadi, y ahí me enteré de la feliz noticia que ya todos saben: estoy feliz, plena es la palabra”.

Los y las presentes escuchaban atentamente y en la sala no volaba una mosca. Adriana continuó: “Se armó otro rompecabezas, se me completó la vida con una familia hermosa y grandísima. De haber sido abandonada, regalada, de haber sido un error, pasé a sentir que fui una persona muy deseada, muy buscada, y que tengo una abuela, ¡con 40 años tengo una abuela!, no lo puedo creer. Estoy en shock. Si mi testimonio puede dar un empujoncito a alguien que tiene una duda sobre su identidad, bienvenido sea”. Luego fue el turno para Silvia Garnier, hermana del papá: “Ante cada cosa nueva que me pasaba en la vida yo me preguntaba qué hubiera hecho él, mi hermano, el Chueco, que fue elegido mejor compañero. Qué puedo decir de la Violeta, tan sufrida, desde chiquita sin su madre, tratando de tapar esos agujeros. A través de Adriana vencieron la muerte y no es poca cosa”.

Agarrada de la mano de su sobrina y mirándola a los ojos, le dijo: “Estos 40 años que tenés hoy, es como si tuvieras días de vida porque naciste para nosotros. Sos ese bebé que nunca tuve en mis brazos, pero que desde hoy voy a volver a tener. Muchísimas gracias a los compañeros de él que siempre nos acercaron a todas estas cuestiones. Ellos lo vieron luchando por ese destino, tratando de ayudar a la gente, tratando de arreglarles cosas a la gente, desde la radio hasta el secador de pelo. Jugando al futbol y queriendo muchísimo a su club de toda la vida, Independiente, porque era rojo hasta en eso. Queriendo recoger de la calle hasta el último perro. Y nosotros le decíamos qué vamos a hacer con ellos y él decía, quererlos”.

La última en hablar fue la sobrina de Violeta, la mamá de Adriana: “Estoy en nombre de tu familia de Bolívar, te están esperando en Bolívar. Fuiste muy deseada, fuiste muy querida, tenías tu moisés en Bolívar. 40 años estuvimos esperando, pero acá está, acá la tenemos con nosotros. Yo siempre supe que íbamos a estar con Adriana, con la hija de Violeta y Edgardo y acá las tenemos. En vos están vivos Violeta y Edgardo. Te queremos Adriana!”.

En Concepción del Uruguay la espera su abuela Blanca, que nunca dejó de buscarla.

Edgardo y Violeta se conocieron en La Plata, adonde ambos estudiaban, formaban parte del Fondo de Apoyo a la Educación Pública (FAEP), colaboraban en el comedor de una villa y militaban en la organización Montoneros.

"Ellos tenían ideales de un mundo mejor, como tantos jóvenes de aquella época y fue así que tuvieron una participación activa y comenzaron a militar en Montoneros", cuenta la abuela Blanca Díaz, mamá de Edgardo, que a los 86 años podrá abrazar a su nieta.

Edgardo permanece desaparecido desde el 8 de febrero de 1977. Violeta fue secuestrada el 14 de diciembre de 1976, en La Plata, cuando estaba haciendo compras para el comedor en el que colaboraba. Tenía 23 años. "Cuando desapareció, Violeta estaba embarazada de ocho meses", recordó Silvia, hermana de Edgardo.

Cuenta su madre que después del secuestro de Violeta, "Edgardo hizo muchas averiguaciones, buscó por cielo y tierra a su mujer y luego regresó a Concepción del Uruguay". Retomó la búsqueda cerca de la fecha probable de parto. "Se despidió diciendo que iba a buscar a su hijo; y no se supo más nada de él".

A la familia se le vino el mundo abajo, pero recorrió ministerios, iglesias, hospitales, destacamentos militares y cuanta oficina pública donde pudieran darle datos de Edgardo, Violeta y la hija de ambos. La única respuesta que recibieron fue el silencio. "Siempre estamos con el deseo, la necesidad y la esperanza de encontrarla", decía Blanca en 2009 en una entrevista para el mensuario de Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes, agradeció estar sentada cuando le dieron la noticia. Podrá cumplir el sueño de abrazar bien fuerte a su nieta, Vanesa, la hija de Edgardo y Violeta.

* Periodista de la Secretaría de Comunicación de la CTA Autónoma

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