En este 8M reivindicamos nuestro derecho a ser escuchadas
Martes 10 de marzo de 2020, por Eugenia Aravena *
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Los últimos días hemos asistido a un renovado debate mediático y en redes sociales en relación al trabajo sexual, debate que siempre se presenta como “un tema controversial”.

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* Miembra Fundadora de Ammar Córdoba, representante de Argentina ante la plataforma latinoamericana de personas que ejercen el trabajo sexual –PLAPERTS – REGIONAL MIEMBRAS DE LA NSWP -MUNDIAL

Sin embargo, nosotras que visibilizamos nuestra identidad como trabajadoras, seguimos viendo que hay mucha ignorancia sobre este tema probablemente por haber estado el trabajo sexual en la clandestinidad absoluta a lo largo de la historia. Hoy resistimos a los ataques de un sector del feminismo -porque existen muchos feminismos- llamado abolicionista, que junto a sectores conservadores busca instalar la confusión equiparando las distintas modalidades del trabajo sexual con la explotación sexual y con la trata de personas. Esta confusión no podría lograrse sin intentar invisibilizar una vez más nuestras voces, escudadas desde la hipocresía social y política que se niega a hacerse cargo de nuestra existencia queriendo meter siempre este tema bajo la alfombra.

Esto genera en nosotras una mezcla de bronca y tristeza. Después de tantos años de lucha por nuestros derechos como personas, trabajadoras, madres, nos seguimos encontrando con posturas que se presentan tan reduccionistas, pacatas, enceguecidas. Una postura dura que es sostenida con vehemencia, sin embargo sólo genera pánico moral y violencia sobre nosotras, quienes decidimos dejar de pensarnos víctimas para pensarnos sujetas de transformación capaces de luchar por nuestros propios derechos.

¿Quién dijo que nosotras somos reglamentaristas? Un poco de historia:

En Argentina la prostitución estuvo reglamentada, somos decimos que era el proxenetismo en realidad lo que regularon en aquella época. Estaba regulado entre fines de 1800 a principios del 1900, a través de las llamadas Casas de Tolerancia. Estos lugares debían contar obligatoriamente con una habilitación municipal y el ejercicio de la actividad se permitía a costa de controles médicos, registros administrativos y policiales; con la consecuente disputa de estos tres fueros sobre el control del cuerpo de las llamadas mujeres públicas o las prostitutas toleradas. Las mujeres tenían que cumplir muchas obligaciones y las que no estaban registradas eran llamadas las prostitutas clandestinas, las callejeras que eran perseguidas por la policía para empujarlas a trabajar dentro de los lugares habilitados por la municipalidad. Está más que claro que el negocio era para les dueñes de dichas casas, quienes no brindaron ningún tipo de derecho a las mujeres nunca.

Es decir, que ya en esa época ofrecer servicios sexuales autónomamente era considerado “clandestino”. Podemos ver como siempre existieron los que buscan beneficiarse con nuestro trabajo, se decía que las trabajadoras sexuales y los lugares de sexo comercial éramos “un mal necesario tolerado por la sociedad”; permitido sólo bajo estricto control de la sanidad y la persecución policial, siempre excluidas de cualquier derecho.

Recién con la Ley 12.331 llamada de Profilaxis de enfermedades venéreas en el año 1936, se establece que ese marco de control y de explotación no podía continuar y esas medidas llevaron a que todo esto pasará a la total clandestinidad. El proxenetismo y los prostíbulos fueron prohibidos, pero el ejercicio individual de la prostitución era y es una actividad lícita siempre y cuando no se realizará en forma escandalosa y no afectará el pudor público en el que sería calificado como contravención ¿Quién controlaría esta actividad? Nuevamente, la policía.

Sin embargo, los prostíbulos continuaron creciendo en la clandestinidad, trayendo esta ley un fortalecimiento aún mayor de la explotación y mayor persecución de las personas autónomas en la profesión, las históricas callejeras.

Con los años se crearon los Códigos de Faltas aún vigentes en más de 20 provincias. Con estos instrumentos cuestionados por su arbitrariedad, las trabajadoras sexuales autónomas fuimos perseguidas y criminalizadas cada vez peor, con mayor ensañamiento.

Ahora bien, durante años no existió ninguna política pública para el sector que no sea el control de la sanidad y el calabozo como parte de nuestra vida. Aparece recién el año 2011 el decreto 936, que fundamentado desde “la lucha contra la trata de personas” y la protección de las mujeres y sus derechos prohíben de lleno los anuncios de oferta sexual de los medios de comunicación, mutando nuevamente a mayor clandestinidad la oferta de trabajo sexual autónomo, otra vez mezclando y confundiendo todo un mundo diverso como igual.

Durante muchos años soportamos asesinatos, muertes evitables, calabozos inhumanos, miles de situaciones de violencia a partir de la criminalización por los Códigos de Faltas y la complicidad del poder judicial y político, obviamente. Muchos relatos de nuestras vivencias, pueden encontrarlas en el texto Las trabajadoras sexuales también somos mujeres trabajadoras de nuestro libro Párate en mi esquina publicado junto a la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual y la editorial de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.

Somos mujeres junto a disidencias sexuales organizadxs en busca de nuestra libertad.

La violación absoluta de nuestros derechos humanos fue moneda corriente en la Argentina, hasta fines de los 90´ a nadie le importaba nuestras vidas, hasta que comienzan a nacer nuestras organizaciones políticas por primera vez con voz propia. Irrumpimos en el espacio público para exigir: “¡Basta de que nos metan en cana a nosotras!; ¡Basta de asesinatos impunes!; ¡Basta de amamantar en los calabozo!; ¡Basta de que nos quiten nuestres hijes!; ¡Basta de violarnos para no meternos presas!; ¡Basta de perseguirnos y no dejarnos trabajar en libertad!”. Y persecusión ensañamiento hacia las trabajadoras sexuales autónomas ¿Será que nosotras a sus cajas recaudadoras no las engordamos en las calles, pero sí en los lugares clandestinos? ¿Quien los ampara? ¿Por qué sigue siendo tan difícil para el Estado separar a la prostituta -como les gusta estigmatizarnos- de las mujeres víctimas de la trata de personas? ¿Por que nuestro consentimiento sigue sin tener valor? ¿Es que los derechos de la Constitución Nacional argentina no rigen para nosotras?

Nosotras muy desde abajo y apoyadas por la CTA, la Central de Trabajadores de la Argentina, nos comenzamos a sentir parte de la clase trabajadora que sufre la precariedad y la explotación para los grandes negocios del capitalismo, comenzamos a organizarnos de apoco pero con todas nuestras fuerzas para transformar nuestra realidad, fue así que logramos en Córdoba, después de mucha lucha la derogación del art. 45 del Código de falta provincial por el cual hemos llegado a estar presas hasta 180 días, la máxima pena.

Sin embargo, esto no es suficiente; en la actualidad termina sucediendo que ni siquiera nos escuchan ¿No les importa lo que estamos diciendo? Nosotras no somos regulacionista/reglamentarista, pero como no nos escuchan, nos acusan sin razón de querer promover el proxenetismo. ¡Tremenda falta de respeto a nuestros derechos como personas!

Nuestra compañera Sandra Cabrera denunció y luchó contra la explotación de niñas denunciando su existencia en prostíbulos, denunció la trata de personas, su complicidad con el narcotráfico y el poder político y judicial de la ciudad de Rosario, fue asesinada de un tiro en la nuca con una pistola 9 milímetros. Su crimen sigue impune desde hace 16 años ¿Ninguna de las organizaciones que dicen luchar contra la trata se meten con su caso? ¿Ni para apoyar el pedido justicia? ¿Ni para investigar sus denuncias? Como lo dice el periodista Carlos del Frade en una investigación de la causa judicial de Sandra, “no se profundizaron los caminos que vinculan a dueños de boliches, policías federales y provinciales”. Existe una naturalización de parte de la justicia provincial de los delitos denunciados en la causa y que tienen como protagonistas a integrantes de ambas fuerzas: Desde hostigamiento a trabajadoras sexuales hasta compartir droga remanente de procedimientos para la venta en la calle. El 7 de noviembre de 2004 la Cámara de Apelaciones consideró que “los testimonios no son válidos porque provienen de personas con actividades callejeras que transcurren las madrugadas con un itinerario errante”. Los testimonios tomados a personal policial, uno calcado del otro, sí fueron aceptados.

Su nombre sigue faltando en el pedido de justicia de muchas de las movidas feministas y esta altura diría que la discriminación se siente y se sufre, incluso dentro del feminismo sindicalista ya que nos niegan como referentes, quisiéramos entender, cuál es el miedo que tienen a darnos la palabra. Sigue existiendo una discriminación absoluta, nos vuelven a invisibilizar. El feminismo abolicionista se arroga el derecho de hablar por nosotras. Exigimos que se nos respete como mujeres capaces de decidir cómo organizarnos y cómo construir las herramientas que necesitamos para mejorar nuestra calidad de vidad.

Por último, me da rabia que especulan con sus ideas utilizando la figura de compañeras hermosas como la Lohana Berkins para justificar sus posturas, desde una total ignorancia. En el año 2006 tuve la oportunidad de participar en una mesa debate con la compañera éramos varias, debate que se convirtió en un libro Diálogo: prostitución / trabajo sexual: las protagonistas hablan en donde pude experimentar la hermosa sensación de que también nosotras estábamos construyendo espacios para la formación, la capacitación y la educación; ya teníamos en ese momento nuestra escuela primaria y cursos de capacion en otros oficios, me sentí cerca, estando en la otra mesa, Lohana decía, en esa oportunidad, “En primer lugar, me parece oportuno hacer algunas aclaraciones. El hecho de que nosotras asumamos la postura de personas en situación de prostitución, para nada significa que no convalidamos las posturas de quienes se llamen trabajadoras sexuales. Si bien acá en este salón estamos en espacios separados, sabemos que en las esquinas estamos bien juntas la una y la otra. Esto lo quiero aclarar, porque sería desconocer el mundo de lo que es la prostitución” sigue en otro apartado de su exposición, “ Las diferencias son ideológicas, pero sí un sector asume una estrategia, un modo de lucha, de visibilización y de conquista, y nosotras usamos otro, esto no quiere decir que son posiciones antagónicas. Son puntos de vista distintos sobre una misma realidad. El hecho de que nosotras desde ALITT asumamos la definición de personas en situación de prostitución, no quiere decir que condenemos a la prostitución en sí misma”. “No queremos ninguna injerencia de ningún Estado, ninguna libretita sanitaria, ni quedar anotaditas en ningún lugar. No queremos ninguna regulación de Estados corruptos, como los que hay en Argentina y en Latinoamérica” claro, está que no somos el enemigo, no deberia ser asi.

Lo que no vamos aceptar son los discursos rescatistas sin siquiera habernos escuchado. Queremos que sepan que esas épocas opresivas de la historia ya pasaron, así que por más que nos nieguen y nos sigan queriendo callar, más nos vamos a organizar porque esa es nuestra forma de luchar contra el patriarcado y las opresiones, todas.

AMMAR Córdoba es una organización autónoma con más de mil afiliadas y 20 años de trayectoria, con articulaciones con otros sectores del trabajo sexual y otras asociaciones de trabajadorxs sexuales de distintas provincias de Argentina, siempre con políticas propias, con identidad de clase, reclamamos derechos laborales para las trabajadoras y trabajadores sexuales. Necesitamos un Estado que nos reconozca como tales, pero esta vez desde la protección de derechos, negada durante la historia. Nadie decide más sobre nuestras cuerpas, ¡¡Basta ya!! Por eso luchamos por el reconocimiento de nuestra actividad como trabajo ya que es totalmente lícita pero a partir de la obtención de derechos laborales y sociales básicos.

Desde siempre, AMMAR Córdoba ha denunciado la trata personas, somos organizadoras de redes para aportar en la búsqueda de compañeras desaparecidas. Hay quienes todavía no reconocen nuestro esfuerzo y muy por el contrario nos responsabilizan de promover la trata. Aberrante. Nuestros procesos son otros, tenemos claro que no queremos una reglamentación para que el estado nos encasille, ¿Qué pasará con quienes se queden fuera? ¿Otra vez la clandestinidad? Hace falta un debate serio sobre políticas públicas inclusivas para que dejen de seguir persiguiéndonos siempre a nosotras.

El proxenetismo y la trata personas ya son un delito tipificado en el código penal, y esto va a seguir más allá de cualquier reglamentación o no reglamentación tiene que ver con la corrupción que existe como base. Es ahí donde sentimos que la lucha es entre todas las compañeras para enfrentar semejantes mafias enquistadas en la sociedad. Estamos convencidas que el enemigo no está entre nosotras. El punto de partida es la escucha y el debate sincero desde nuestra identidad feminista de clase popular, a pesar de la diferencia; el compromiso, la lucha, la organización y el respeto a que nadie más decida por otras, esa es nuestra base.

Fuente: Prensa Red / Fotos: Bárbara Arias para Prensared.

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