Informe del ODS
El Salario Mínimo, Vital y Móvil como herramienta para contener la negociación salarial
Jueves 15 de octubre de 2020, por Redacción *
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¿A quién le interesa el Salario Mínimo, Vital y Móvil? Responder este interrogante es central para entender la paupérrima suba del 28% en tres cuotas acordada ayer en el Consejo del Salario. A continuación, ACTA comparte un informe del Observatorio del Derecho Social que reflexiona en torno a estos interrogantes.

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Primero los datos duros: El SMVyM llegaría a $ 21.600 recién en marzo. En términos reales se convalida una caída del 9% en el año y vuelve a los niveles de 2004. En este punto el primer año de gobierno de AF no se diferencia mucho de los últimos dos de MM.

¿A quiénes alcanza este incremento? De manera directa su impacto sobre los asalariados registrados es marginal, casi nulo. Los básicos iniciales de convenio en casi todos los casos están bien por encima de ese monto.

Algunos asalariados registrados poseen remuneraciones inferiores (casas particulares, algunos provinciales y municipales). Sin embargo, en todos estos casos no se aplica la garantía del SMVyM, por lo que la suba acordada hoy no tendrá efectos inmediatos. Por el contrario, el aumento del SMVyM sí tiene un impacto directo en cuestiones que comprometen fondos públicos: salario social complementario, jubilación mínima, salario mínimo docente, programa ATP.

En otras palabras, en el corto plazo la variación del SMVyM no afecta a los empleadores (podrían firmar bastante más que el 28% y todavía tendrían margen) pero sí podría tener algún impacto en las cuentas públicas. Sin embargo, ello tampoco alcanza para explicar que el Gobierno Nacional promueva un porcentaje de aumento tan bajo. Guzmán no se va a quedar sin caja por ello.

El eje parece volver a estar puesto en la utilización del SMVyM como ancla salarial, como una señal que limite la puja distributiva en aquellos sectores que todavía tienen margen para pelear por mayores salarios. En los años ’90 el SMVyM se fijó en la suma de $ 200, lo que equivalía aproximadamente al 25% del promedio salarial. El gobierno de NK rompió con esta lógica y lo utilizó para impulsar al alza la negociación salarial.

Luego de diversos aumentos acordados a partir de 2004 el SMVyM pasó a representar entre el 40% y el 45% del promedio salarial. En otras palabras, las actividades de menores ingresos tenían el piso muy cerca, lo cual servía como garantía a la hora de negociar. A partir de 2012 esta lógica empezó a resquebrajarse y el SMVyM comenzó a perder posiciones lentamente. De impulsar la negociación salarial pasó a ser el cierre de la ronda, alejándose cada vez más de los básicos de convenio.

Lo que venía siendo un lento deterioro se transformó en una caída brutal a partir de 2018 y este año volvimos a valores “noventistas”: en el tercer trimestre el SMVyM representó apenas el 27% del salario promedio.

El incremento acordado ayer convalida este proceso. El SMVyM vuelve a cumplir una función de ancla y sigue sin servir como mecanismo de garantía para los trabajadores de aquellas actividades que tienen los ingresos más bajos.

El aumento de ayer también le pone un límite a reclamos que podrían formularse en sectores que suelen tomar al SMVyM como referencia (casas particulares, sector público provincial y municipal, economía popular). Todo muy lejos de la función que la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo le asignan al SMVyM: asegurar alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión.

En conclusión, la suba acordada ayer implica perder una oportunidad para impulsar una política salarial que fortalezca los ingresos de los sectores de menores recursos y tiene mucho más de continuidad que de ruptura.

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