Chile inicia un proceso para reescribir su propia historia
Miércoles 28 de octubre de 2020, por Nicolas Honigesz *
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Este domingo se llevo a cabo el plebiscito para aprobar una nueva Constitución en Chile con una participación de 7.562.173 electores. El mayor número de votantes en los 30 años de democracia en Chile que se constituyó en un triunfo inapelable y contundente del pueblo Chileno.

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* Equipo de Comunicación de la CTA Autónoma

El 78,3% sobre el 21,73% dijo sí a la reforma constitucional impuesta por la dictadura de Pinochet, responsable del golpe de Estado al socialista Salvador Allende en 1989, convirtiéndose en una de las dictaduras más largas y violentas de la historia de Latinoamérica. La constitución impuesta por el dictador blindo a los sectores del poder económico y al ejercito sellando así, los cimientos para la instalación y avance de un modelo neoliberal. También en el plebiscito, el 79% aprobó que el órgano que debe redactar la nueva Constitución sea la “Convención Constitucional” , donde todos los miembros deben ser elegidos en elecciones.

Los comicios de los convencionales constituyentes se realizarán el 11 de abril de 2021 junto con las elecciones municipales y de gobernadores regionales.

La vanguardia feminista, en marzo de este año, conquistó de forma histórica la aprobación de la reforma constitucional para establecer la paridad de género en la Convención Constituyente, es decir, que Chile será el primer país del mundo en tener una Nueva Constitución bajo esa paridad.

Karina Nohales, vocera de la Coordinadora 8M, explicó que: "Ahora uno de los mayores retos es escoger a mujeres dispuestas a defender lo que han sido las demandas históricas del movimiento”. Más de 20 organizaciones feministas emplazaron a los partidos políticos a través de una misiva en la que se exige incluir candidatas feministas independientes en sus listas junto con la demanda de qué en la discusión constituyente se defiendan cinco ejes: enfoque de género en todos los debates; que la paridad se plasme en todos los órganos del Estado; garantía a los derechos humanos de las mujeres; generación de mecanismos democráticos para una real participación de la ciudadanía, y el reconocimiento de los trabajos de cuidados.

"No es por 30 pesos es por años"

La protesta de un grupo de estudiantes por la suba del transporte saltando los molinetes y la represión de los carabineros fue lo que encendió la mecha como un emergente y punta del iceberg donde nacen, anidan y viven las desigualdades cotidianas que se sustentan en sectores históricamente movilizados sobre causas que se han impregnado en las mayorías como la demanda por la educación y la salud pública, la modificación del sistema privado de pensiones, (“No + AFP”) el aborto seguro, legal, y gratuito, la movilización mapuche e indígena y otras.

La Asamblea Constituyente resultó ser una demanda con la suficiente profundidad como para disputar las entrañas del modelo neoliberal chileno. El carácter masivo y sostenido de las manifestaciones, con los cientos de cabildos y asambleas en todo el país, dan cuenta del desarrollo y del poder popular.

El aparato represivo de las fuerzas de seguridad, intacto desde la dictadura, fueron responsable, de más de 4000 violaciones de Derechos Humanos, más de 163 manifestantes fueron víctimas de lesiones y mutilaciones oculares por parte de los carabineros en las manifestaciones. Las organizaciones sociales denuncian que se cometieron, al menos, 40 asesinatos y que los comicios del domingo se realizaron con mas de 300 presos políticos.

La Asamblea Constituyente puso en relieve, también, la falta de la legitimidad y representación en las estructuras tradicionales. El presidente Sebastián Piñera había declarado, hace un años, con la primera manifestaciones: “Chile esta en guerra”; el pueblo y las nuevas generaciones con los jóvenes a la cabeza y en la primera línea, en una lucha histórica pusieron de rodillas no solo a un gobierno sino al modelo económico y todo su andamiaje. Hoy la estrategia de las estructuras tradicionales de los partidos políticos, caducas y rancias, intentan negociar su rendición como lo hizo Pinochet para una salida decorosa y con el menor costo posible para ese pequeño sector y esa casta que vive en detrimento de las grandes mayorías.

La nueva Constitución no es solo la plataforma que permite aglutinar esas luchas diversas, es también una metáfora del momento político chileno, con una presión social que obliga a iniciar un proceso constituyente: el desafío es instalarse y dar disputa, sacudir y perforar las estructuras tradicionales institucionales del sistema social y económico de la Dictadura.

El pueblo chileno ha escrito una nueva página para recuperar y validar derechos democráticos y esenciales del pueblo, que deberán plasmarse en la construcción de la nueva Constitución que deseche la constitución de 1980 y sus posteriores modificaciones que desconocen los pueblos originarios, los derechos de los y las niñas, del agua, la tierra etc. Se ha dado un gran paso avanzando en la lucha por el reconocimiento plurinacional del Estado, con devolución de las tierras ancestrales y el cese de persecución a las comunidades Mapuches, donde se pretende que la perspectiva de género sea realidad y trasversal en todos los ámbitos, donde la salud y la educación sean gratuitos en todos sus niveles, donde la jubilación sea un derecho garantizado por el Estado de manera gratuita; donde los derechos laborales sean una realidad sin precarización ni flexibilidad. La canción “El Pueblo Unido Jamás será Vencido” himno de la resistencia chilena fue un grito unísono y un aprendizaje hecho práctica y se manifestó en las oleadas callejeras y las gargantas del pueblo dieron vuelta el viento.

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